Arándano rojo

Las bayas de arándano mejoran la circulación sanguínea, combaten la cistitis y ayudan a proteger la vista.

Las bayas del arándano rojo o mirtilo (Vaccinium myrtillus), de sabor ligeramente ácido, son ricas en antocianinas, unos pigmentos de la familia de los polifenoles que les otorgan un característico color rojizo y valiosas propiedades medicinales.

Se trata de una mata baja y reptante, de apenas 30 cm de alto, con las hojas oval lanceoladas, verdes y brillantes por el haz y blanquecinas por el dorso, flores de cuatro pétalos blancos doblados hacia atrás y largos estambres ocres que miran al suelo. Los frutos son esféricos, carnosos, rojos y ácidos.

Estos frutos contienen oligoelementos como el manganeso y el selenio –esenciales para la actividad de ciertas enzimas que protegen frente a los radicales libres–, ácidos orgánicos, taninos y vitaminas A y C. Todo esto las convierte en grandes aliadas frente al envejecimiento.

Propiedades del arándano rojo

La principal virtud de los arándanos es la de mejorar la circulación y proteger la pared de los vasos sanguíneos. Sus antocianinas ayudan a preservar una buena microirrigación cerebral al reducir la permeabilidad capilar, detener la filtración de sustancias nocivas a través de las paredes de los vasos sanguíneos y mejorar la redistribución del flujo microvascular.

Por otro lado, el cóctel de antioxidantes del arándano resulta útil para prevenir y tratar diversas afecciones:

  • Anticancerígeno. Según estudios recientes, el extracto de los frutos rojos bloquea la acción de enzimas que estimulan el desarrollo del cáncer.
  • Antiinflamatorio y antialérgico. El arándano rojo  inhibe la liberación de histamina y mejora la acción de la vitamina C.
  • Antiséptico urinario. Compuestos del arándano de propiedades antiadherentes impiden a las bacterias asentarse en las células epiteliares del tracto urinario, con lo que previenen la infección. También acidifican la orina y evitan la proliferación de patógenos y la formación de cálculos de fosfato cálcico.
    La Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria ha confirmado que el zumo de arándano rojo contribuye a disminuir la adherencia de los focos de infección por ciertos tipos de Escherichia colli a las paredes de las vías urinarias, siempre y cuando el zumo contenga dosis suficientes de proantocianidinas (unos 40 mg). Se considera, por tanto, un remedio óptimo para la cistitis, pero más a nivel preventivo que curativo. Esta dolencia, muy molesta, suele conllevar presión y dolor al orinar, necesidad de hacerlo a menudo y, en ocasiones, pequeños sangrados.
  • Antibiótico. Su acción antibacteriana puede ayudar asimismo a detener focos de infección de la bacteria Helicobacter pylori en el epitelio del estómago y la placa dental. Además equilibra la microbiota intestinal y alivia el estreñimiento.
  • Protector bucal. El jugo de arándanos revierte e inhibe la agrupación de ciertas bacterias responsables de la placa dental y la enfermedad periodontal.
  • Efecto hipoglucémico. La mirtilina aporta un ligero efecto hipoglucémico útil en dietas para diabéticos.
  • Preserva la vista. Al mejorar la microcirculación ocular y los niveles de oxígeno y energía en los tejidos del ojo, se retrasa o evita la degeneración macular, las cataratas y las retinopatías diabéticas.
  • Protección cardiovascular. Estabiliza el colágeno vascular, facilita la vasodilatación e impide la agregación plaquetaria, lo que reduce el riesgo cardiaco.
  • Mejora la circulación. Como el arándano negro, mejora la circulación y tonifica las venas. Se indica en casos de insuficiencia venosa, en varices y hemorroides.

Cómo tomar el arándano rojo

Los arándanos se pueden consumir frescos, en jugo o desecados. También se encuentran como complemento dietético en forma de extracto líquido o seco (cápsulas de 500-600 mg).

En caso de infección, se toman dos cápsulas o 10 ml tres veces al día antes de las comidas durante una semana. La dosis preventiva o de mantenimiento oscila entre 500 y 1.500 mg diarios de extracto seco.

Lo más eficaz es beber el zumo, que se elabora con los frutos. Se recomienda tomar un mínimo de dos o tres cucharadas diarias, sin mezclar con agua. Aunque tiene un sabor algo ácido, tampoco conviene añadirle azúcar, ya que éste le resta eficacia.

Los frutos secos se pueden mezclar con yogur natural; también los frescos, si bien pueden ser difíciles de encontrar. 

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