despertar espiritual

Superar las crisis

El despertar espiritual: qué hacer cuando nos ocurre

Si el emerger espiritual es repentino puede entrañar una serie de experiencias abrumadoras y difíciles de sobrellevar. Abordarlo y superarlo adecuadamente mejora la percepción de la propia existencia.

Sitara Blasco

Todos entendemos que crecemos a nivel físico y emocional desde el momento en que nacemos. También comprendemos y aceptamos que ese crecimiento viene a menudo acompañado de molestias físicas (la dentición en la infancia, el estirón de la adolescencia...) y suele incluir desafíos emocionales de diversa índole.

Pero ¿qué ocurre con nuestra evolución espiritual? ¿Crecemos también espiritualmente? Y si es así, ¿cuáles son los retos que puede entrañar?

Los retos de crecer espiritualmente

El desarrollo espiritual es una capacidad innata en todo ser humano. Se trata de un impulso hacia la totalidad, hacia descubrir el verdadero potencial de uno mismo. Crecer espiritualmente es tan natural como nacer, crecer y morir, es una parte integral de nuestra existencia.

Las enseñanzas místicas de todas las épocas contemplan la evolución espiritual. Coinciden en que la humanidad es parte de la conciencia cósmica creativa. El descubrimiento de nuestra naturaleza divina puede conducir, tanto a nivel individual como colectivo, a una vida más plena.

La evolución espiritual suele acontecer de manera progresiva. Nuestra naturaleza espiritual va emergiendo y aprendemos a vivir con más conciencia, adquirimos libertad de elección, conexión con otras personas y la naturaleza.

Cuanto más ahondamos en nosotros, más descubrimos nuestro potencial latente: las cualidades positivas, la creatividad, el agradecimiento, la pasión.

Toda evolución puede suponer una crisis

Sin embargo, a veces, este emerger del espíritu deja de ser progresivo y se puede manifestar de manera abrupta e intensa a raíz de una enfermedad, un accidente, dar a luz o abortar, una fuerte experiencia emocional, una pérdida significativa o la implicación profunda en una práctica meditativa o religiosa.

Las puertas del espíritu se abren entonces y este emerge, literalmente, inundando nuestro campo de conciencia, de maneras que pueden resultar gozosas, aunque también perturbadoras y difíciles de integrar. Eso da lugar a una emergencia espiritual, una crisis en el proceso de transformación.

Los términos emerger y emergencia espiritual fueron acuñados por el psiquiatra Stanislav Grof y su esposa Christina, pioneros en la investigación de estas experiencias. Crearon el término emergencia espiritual como un juego de palabras que incluye dos aspectos: por una parte emergencia es una crisis repentina; por otra, emerger alude a lo que surge, lo que se manifiesta, en este caso contenidos que emergen a la conciencia.

Oscilación entre lo inconsciente y lo consciente

Para Kabir Sahid(1440-1518), el espíritu oscila entre estos dos polos, el de lo consciente y el de lo inconsciente. En ese columpio están suspendidos todos los seres y todos los mundos, y su oscilación nunca cesa.

Una crisis espiritual suele conllevar un acceso fácil a estados de conciencia expandida o no ordinaria, en los que afloran contenidos reprimidos en el inconsciente.

Esa expansión interna puede involucrar pensamientos inusuales, intuiciones o la necesidad de cambiar de modo de vida y de valores. Movimientos y energías poco comunes pueden circular por el cuerpo.

Estos episodios suelen vincularse a temas espirituales, mitológicos y arquetípicos; también pueden incluir secuencias de renacimiento y muerte psicológicos, recuerdos kármicos, comunicación con espíritus guías, sensaciones de unidad con el universo y otros fenómenos.

En la vida de chamanes, místicos, poetas y sabios se describen episodios donde eventos de ese tipo son una parte relevante de su camino.

Grato o angustioso, dos caras de un mismo proceso

Quien atraviesa una emergencia espiritual puede verse inundado de sensaciones placenteras y visiones luminosas; se cruzan umbrales hacia dimensiones desconocidas. La vivencia puede ser dulce y surgir el deseo de permanecer en esa expansión sublime cargada de aprendizaje.

Asimismo, la experiencia puede resultar sobrecogedora y angustiante por momentos. Algunos cambios internos dificultan desenvolverse en la realidad cotidiana. Y se requiere tiempo para cuidar de uno mismo durante ese proceso.

Diferencias con la psicosis

Una duda frecuente es cómo se distingue una emergencia espiritual de una psicosis, puesto que en ambos casos pueden darse experiencias intensas, angustia y manifestaciones extrañas o fuera de lo común.

Para Stanislav Grof, psiquiatra experto en este tema, es imposible marcar psíquicos distintos y con abordaje diferente. En ambos casos, lo importante es encontrar la mejor manera de apoyar a quien atraviesa una crisis, tras descartar cualquier causa física subyacente.

En algunos casos, puede haber síntomas que no forman parte de un proceso evolutivo, sino patológico, especialmente si hay incapacidad de percibir las manifestaciones como algo interno, desconfianza extrema ante cualquier intento de ayuda y delirios persecutorios que impidan una relación de cooperación.

Estas y otras manifestaciones pueden requerir intervención médica y farmacológica que modere o incluso reprima el proceso, buscando la pronta estabilización psíquica o la remisión del episodio. Un profesional con experiencia debe colaborar en la tarea compleja de sugerir el acompañamiento adecuado.

Abordar el despertar con un enfoque transpersonal

Ante una emergencia espiritual clara, que es un proceso evolutivo, lo más adecuado es ofrecer apoyo desde un enfoque de psicología transpersonal, permitiendo que el proceso de emerger se despliegue como sea necesario.

El matrimonio Grof creó la formación Grof Transpersonal Training, impartida también en España, que aborda el aspecto terapéutico de los estados expandidos de conciencia mediante la técnica Respiración Holotrópica, y aborda las emergencias espirituales desde el enfoque transpersonal.

Es común que quien atraviesa una emergencia espiritual realice un periplo de visitas a médicos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas, etc., buscando algún tipo de solución. Esto da idea de la dificultad que conlleva el abordaje práctico.

Lamentablemente, apenas existen centros de asistencia con una visión transpersonal. Se requieren equipos de trabajo multidisciplinares para el cuidado físico, emocional y psíquico. Todavía tenemos mucho que aprender en la consideración no-patológica de estas experiencias.

Cómo ayudar y acompañar en la emergencia espiritual

Atravesar una emergencia espiritual suele requerir de una red de apoyo. Ante la posible confusión o vulnerabilidad, lo ideal es que terapeutas, familiares y amigos puedan ofrecer sostén y aliento con ecuanimidad.

Es importante que personas cercanas no pretendan dirigir o controlar el curso del proceso con sus intervenciones. Se trata más bien de aceptar el papel de testigo acompañante con una actitud receptiva y amorosa, permitiendo que el proceso de quien vive la emergencia se despliegue hasta que finalice.

Confianza, paciencia, flexibilidad y una actitud abierta con algo de humor y sin juicio suelen ser muy valiosos. Además, para quien acompaña puede constituir un episodio revelador y emocionante de autodescubrimiento.

Cuidarse durante la emergencia

La duración e intensidad de estos episodios es variable, requieren apoyo, la comprensión adecuada y realizar cambios en el estilo de vida para cuidarse.

El método transpersonal que crearon los Grof ofrece recomendaciones útiles:

  • Ser pacientes y recordar que es un proceso natural que toma algún tiempo pero no es permanente.
  • En lo posible, permitir que el proceso siga su curso hasta el final, pues resistirse o intentar interrumpirlo no ayuda.
  • Buscar formas de minimizar el miedo y el estrés.
  • Evitar aislarse, perderse en los pensamientos y las decisiones precipitadas.
  • Asumir tareas sencillas y ejercicio suave que ayuden a arraigarse en la realidad.
  • Buscar entornos seguros donde expresar los sentimientos reprimidos y los bloqueos físicos, por ejemplo con técnicas como la Respiración Holotrópica.
  • Favorecer el contacto con la naturaleza y la expresión creativa a través de música, arte o movimiento.
  • Elaborar rituales sencillos (tener un altar, usar un mantra...).
  • Reducir el uso de estimulantes y sustancias.
  • Recibir masajes.
  • Cuidar la alimentación y el descanso.
  • Trabajar con los sueños o escribir un diario.
  • Recurrir a familiares, amigos y profesionales de la salud con una perspectiva que incluya este tipo de experiencias. Asegurarse de que se busca apoyo en personas preparadas y éticas. Se precisará un terapeuta sensato si la preferencia por asuntos espirituales causa desatención del cuidado personal y material.

Detrás de una emergencia siempre hay un renacer

Para el escritor y psicoterapeuta Thomas Moore, formar el alma es un viaje que requiere tiempo, esfuerzo, habilidad, conocimiento, intuición y coraje. Es útil saber que todo trabajo con el alma es un proceso, es decir, combina alquimia (transformación), peregrinaje y aventura

En una emergencia espiritual bien resuelta, al remitir la intensidad de la experiencia, aparecen oleadas de alivio, humildad, gratitud y asombro. La integración es un proceso esencial y da como fruto estrategias de vida más gratificantes, una visión del mundo ampliada, cambios en la jerarquía de valores y un aumento de la compasión y la creatividad.

Roberto Assagioli, psiquiatra y pionero de la psicología humanista, consideraba que el despertar interior armonioso se caracteriza por un sentimiento de alegría y de iluminación mental que aclara el sentido y el propósito de la vida, despeja dudas, ofrece solución a problemas y proporciona una base interna de seguridad.

La persona puede poner lo aprendido al servicio de la transcendencia individual y colectiva. Como en un renacer de sanación física y emocional, se producen cambios positivos en la personalidad. Esta toma de conciencia ejerce de faro para el camino aún por transitar.

Bibliografía recomendada:

  • Ch. y S. Grof. La tormentosa búsqueda del ser (Ed. Liebre de Marzo)
  • S. Grof y otros. El poder curativo de las crisis (Ed. Kairós)

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