Guía de alimentos

Arándano

Aparte de resultar deliciosos, las antocianinas que contienen los arándanos, unas bayas del bosque preciadas en los países anglosajones que cada vez se están popularizando más en nuestro país, les confieren virtudes antioxidantes, antiinfecciosas y antiinflamatorias. También son ricos en vitaminas del grupo B y resultan especialmente beneficiosos para el sistema circulatorio, para la vista y para prevenir las infecciones urinarias. La variedad de color oscuro es más sana, pues la roja es rica en oxalatos que pueden favorecer la formación de cálculos renales en personas con esa tendencia. Frescos, secos, en compota o infusión, son un remedio tradicional para tratar la diarrea. 

El arándano es una falsa baya con una corona en el extremo que tiene su fecha de recolección entre julio y septiembre. El europeo, conocido como mirtilo, es pequeño y oscuro, y su carne es azulada, mientras que el que viene de Estados Unidos tiene una pulpa verdosa y brillante. También existen variedades rojas que se suele comercializar secas o en extracto con fines medicinales procedentes de Estados Unidos, donde se conoce como cranberry. Estos arándanos, al ser muy ácidos, apenas se consumen frescos.

 

Remedio contra la cistitis
Una indicación tradicional del arándano que los estudios científicos han confirmado es la prevención y el tratamiento de infecciones urinarias. Los indígenas americanos ya los usaban con este fin. Al parecer actúan mediante un doble efecto. Por una parte, la abundancia de ácidos orgánicos aumenta la acidez de la orina e impide la proliferación de bacterias. Por otra, los flavonoides desinflaman las paredes venosas e impiden que los microorganismos se adhieran y se multipliquen. También actúan contra las infecciones digestivas.

 

Bueno para la circulación
Otros estudios señalan su eficacia para bajar la hipertensión, reducir los triglicéridos, aumentar el colesterol «bueno» y evitar la oxidación del «malo». Estos efectos ayudan a prevenir las enfermedades circulatorias (varices, trombos…) y del corazón. Investigaciones de laboratorio indican que los arándanos pueden prevenir y mejorar la degeneración macular y otros problemas de la vista.

En medicina popular se usan sus hojas en infusión para diversos trastornos digestivos, infecciones y afecciones de la piel. También se han empleado en la diabetes, la artritis y el ácido úrico. Sin embargo, la riqueza en taninos de las hojas puede dificultar la absorción de nutrientes, especialmente del hierro.

Si en lugar de recurrir a la fruta o las hojas se opta por extractos en forma de cápsula o pastilla, conviene que contengan un 25% de antocianinas como mínimo (en los tratamientos se toman unos 350 mg diarios, divididos en tres dosis). Las propiedades del arándano azul y del rojo son las mismas. En poder antioxidante gana el rojo, pero no tiene un componente específico, sino proporciones diferentes de antocianinas.

 

Exquisitez veraniega
Aunque siempre serán mejores los silvestres, que suelen ofrecer un peor aspecto, pero un sabor más puro, en el mercado es posible hallar arándanos azules frescos de junio a diciembre y suelen presentarse en bandejitas. Han de elegirse firmes y turgentes, sin partes húmedas ni dañadas. Cuanto más aromáticos, más sabrosos están. Se pueden conservar en la nevera durante unas tres semanas y no se deben lavar hasta que vayan a ser consumidos. Además de frescos, se encuentran congelados, desecados, prensados, en zumo o gelatina.


Los arándanos suelen tomarse de postre, ya sea como fruta de mesa o acompañados de yogur o queso fresco. Otro uso típico es como ingrediente de jaleas y mermeladas, por su gran capacidad gelificante. También se pueden incluir en ensaladas, cremas de zanahoria o calabaza o en platos de pasta.