Con plantas medicinales

Refrescos que te curan: naturales y con sustancia

Las infusiones frías calman la sed y nos rehidratan cuando más lo necesitamos. Con sabores muy variados, ofrecen además todas las propiedades de las plantas y son una gran alternativa a los refrescos azucarados.

Jordi Cebrián

Infusión de hibisco y jengibre. Infusión digestiva de hibisco y jengibre

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Infusión digestiva de hibisco y jengibre

Tanto el hibisco como el jengibre te ayudan a prevenir la pesadez estomacal, la inflamación gástrica y las náuseas. Además se combinan con otra gran planta digestiva, la manzanilla.

Se prepara directamente con agua fría y zumo de limón. Descubre cómo aquí.

Infusión depurativa de ortiga y manzana. Té depurativo de ortiga y manzana

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Té depurativo de ortiga y manzana

Esta infusión te ayuda a eliminar líquidos a la vez que te remineraliza gracias a los aportes minerales de la ortiga y del diente de león.

La manzana le da un toque dulce que se potencia con estevia. Puedes ver la receta completa aquí

Infusión relajante de tila, verbena y amapola

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Infusión relajante de tila, verbena y amapola

Esta infusión es ideal para disfrutar del día de forma más serena y llegar a la noche en un estado más relajado que te ayude a conciliar el sueño

La verbena y el zumo de limón de dan un toque cítrico que combina muy bien con la tila y la amapola.

Para saber cómo prepararla, consulta la receta aquí.

Té rooibos digestivo con Melisa y Citronela. Té rooibos con melisa y citronela contra los gases

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Té rooibos con melisa y citronela contra los gases

En este agradable té, el sabor amargo y amaderado del rooibos se combina con el alimonado de la melisa, la citronela y la hierbaluisa, que se suaviza con el contrapunto anisado del hinojo.

Te ayuda a eliminar gases, mejora el sabor de boca y facilita la digestión. 

Tienes la receta completa aquí.

Infusión estimulante de ginseng con canela

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Infusión estimulante de ginseng con canela

El sabor naturalmente dulce y exótico de esta tisana resulta verdaderamente estimulante. Pero también lo es la acción de sus plantas, que ejercen un efecto tónico sobre el organismo.

El tomillo le da el toque herbáceo. La receta completa la encontrarás aquí.

 

Cuando el cuerpo te pide un refresco

Cuando hace calor, nuestro organismo nos pide a gritos una reconfortante hidratación suplementaria. Nos envía entonces un aviso para predisponernos a beber: la sensación de sed.

Para colmarla, nada mejor que el agua fresca, nunca muy fría, o agua templada para los niños, mujeres embarazadas y personas con problemas digestivos o circulatorios.

Pero contamos con otras muchas opciones, y estas alternativas en momentos de relajación y compañía pueden apetecer mucho más, como zumos, refrescos, batidos e infusiones.

Las bebidas que más demanda tienen son, ciertamente, los refrescos comerciales, sobre todo entre los niños y los jóvenes, pero también entre cualquier persona que requiera mucha hidratación, como los deportistas, o que quiera mantenerse activa durante tiempos prolongados, como ejecutivos y estudiantes.

Las infusiones y los tés fríos, una gran alternativa

Una alternativa saludable a los refrescos comerciales son las infusiones frías. Aportan los beneficios terapéuticos de las plantas medicinales con que están elaboradas y que dependen de sus distintos principios activos.

Estas sustancias pueden ser muy diversas, como:

  • Flavonoides y antocianinas: presentes en los pigmentos de las plantas y con capacidad antioxidante y antiinflamatoria.
  • Cumarinas: con efectos venotónicos.
  • Saponinas: con virtudes expectorantes y diuréticas.
  • Taninos: con acción astringente y hemostática.
  • Vitaminas, minerales y ácidos grasos insaturados: estos saludables nutrientes pueden estar también presentes en muchas de las plantas que se utilizan en las infusiones.

Las infusiones frías se pueden tomar en cualquier momento del día, pero apetecen especialmente a media mañana o a media tarde, y en todo caso cuando percibamos el calor con mayor intensidad. Las infusiones con teína, sin embargo, son más recomendables para acompañar el desayuno o después de las comidas.

En las tardes calurosas del estío, para aplacar la sed en soledad o en compañía, pero también para combatir el sofoco, el agotamiento y la deshidratación después de la práctica deportiva o por algún otro esfuerzo físico extenuante, las infusiones frías pueden resultar muy apetecibles.

No necesariamente han de ofrecer un sabor insípido o amargo, por lo que no siempre tendremos que enmascarar o enriquecer la infusión con miel o estevia. Contamos con un buen elenco de plantas de sabor delicioso, como la melisa, el hibisco o la hierbaluisa, que constituye un placer degustar por sí solas, sin necesidad de endulzarlas.

Pero, sobre todo, las infusiones tienen a su favor, como alternativa a los refrescos azucarados y gaseosos, los efectos curativos que proporcionan.

Las propiedades medicinales de los refrescos hechos con plantas

Entre sus propiedades generales y ventajas sobre los refrescos cabe destacar que incorporan plantas medicinales, que son la base de la medicina tradicional. Las moléculas con las que cuentan son semejantes a las que posee el ser humano, así que actúan como agentes próximos y no extraños al organismo en el proceso curativo.

Estas plantas no suelen generar adicción, salvo en algunos casos excepcionales, y muchas actúan como bálsamos digestivos.

Además, los vivos colores de muchos frutos y flores se deben a pigmentos que actúan como eficaces antioxidantes y antiinflamatorios. Las infusiones que incorporan frutas nos aportan, aunque diluido, el beneficio nutricional de sus sales minerales y vitaminas.

Y, como en las infusiones herbales el contenido en azúcar es nulo o, si se endulzan, muy inferior al de los refrescos azucarados, pueden tomarse durante periodos relativamente largos, en dosis siempre ponderadas.

Finalmente, podemos complementar las acciones de unas plantas y otras para equilibrar sus propiedades y potenciar su efecto terapéutico y preventivo. Con la ventaja de que, a diferencia de los fármacos, no suelen tener efectos secundarios. Eso no quiere decir que las plantas sean inocuas: un mal uso o un sobreconsumo también puede generar problemas de salud.

Pero los beneficios de las infusiones frías no acaban aquí, sobre todo cuando hace calor. Al tiempo que hidratan, transfieren al organismo sediento los principios activos y los nutrientes de las plantas que integran.

La mayoría de infusiones ejercen, asimismo, una función diurética y depurativa, muy adecuada en los meses de calor, y ayudan a eliminar sustancias de desecho por la orina, lo que supone un apoyo excelente para perder algunos kilos. Pero hay que saber que no eliminan necesariamente los acúmulos de grasa. Conviene, además de tomar las infusiones adecuadas, una dieta ligera equilibrada y ejercicio físico sistemático.

Finalmente, pero no menos importante, las infusiones ofrecen todos esos beneficios sin dejar de constituir un excelente y apetecible refresco que colma la sed, y no la distrae o la engaña como hacen los refrescos azucarados comercializados.

Las plantas medicinales más utilizadas

Las plantas aromáticas como el hisopo, la lavanda, el tomillo, la menta o la salvia son ricas en esencia, y muestran una acción digestiva, antiséptica y expectorante de alto valor terapéutico.

Las umbelíferas, que incluyen el apio, el anís, el hinojo, la alcaravea o el comino, destacan por su poder carminativo y también digestivo, antiespasmódico y diurético, que les viene dado por el aceite esencial, los flavonoides y esteroles que figuran entre sus principios activos más valiosos.

Muchos frutos y bayas, entre ellos madroños, arándanos, endrinos, ciruelas, moras y frambuesas, contienen pigmentos rojos y azules en su piel que ejercen una acción antioxidante y antiinflamatoria, de la que podemos beneficiarnos.

Las flores de malvas, hibiscos o violas llevan mucílagos y antocianinas y se comportan como antiinflamatorias, mucolíticas y laxantes.

Y algunas especias como la canela, el jengibre o la cúrcuma, muy ricas también en aceites esenciales, aportan además sus efectos estimulantes, antisépticos y balsámicos a las infusiones que las incorporan.

Por otro lado, para eliminar la sensación de sed suelen ser más efectivas las infusiones con un toque amargo como el té o el rooibos que las dulces. Y las plantas de sabor intenso y a veces con un toque picante se muestran también bastante efectivas.

Muchas infusiones frías incluyen plantas con un cierto sabor cítrico o alimonado como la citronela, la melisa, la ajedrea o la hierbaluisa, y hay a quien le gusta agregar zumo de limón para realzar este aspecto.

De hecho, las hierbas medicinales se prestan en las infusiones frías a una gustosa combinación con frutas jugosas y tropicales. Una vez hechas, se conservan un par o tres de días en la nevera y se les puede agregar hielo y adornar con hojas de menta, salvia o estevia.

Cómo preparar tus infusiones frías sin perder propiedades

Para preservar los principios activos de las plantas medicinales hay que evitar someter la infusión a un hervor excesivo, que los degradaría.

También cabe la posibilidad de preparar infusiones o maceraciones directamente con agua fría.

1. La infusión paso a paso

La infusión es la forma más sencilla de crear un remedio con plantas. Sin embargo, no es lo mismo someter a decocción que escaldar estas plantas. Estos métodos pueden producir efectos diferentes según los principios activos que contenga cada planta.

Por regla general, la recomendación es hervir unos minutos las plantas o sus partes duras y fibrosas, como cortezas, tallos leñosos o raíces, o si se desea conseguir soluciones más concentradas, como las que se requieren en los remedios laxantes. Así obtendríamos una decocción.

En cambio, el escaldado se reserva plantas o partes de plantas más blandas, como hojas, algunos frutos y flores, a fin de evitar que las esencias u otros principios activos acaben por disiparse o evaporarse.

Las infusiones con flores y hojas tiernas –no coriáceas– no precisan tampoco más que un escaldado. Basta con depositar la hierba o mezcla de hierbas en una tetera y verter por encima el agua recién hervida. Se debe tapar, para evitar que los aceites esenciales se escapen o evaporen, y se mantiene la infusión en reposo unos 10 minutos.

Para tomarla fría, una vez haya perdido el calor, se guarda en la nevera unas horas, o mejor incluso durante toda la noche. Se le puede agregar un cubito de hielo justo cuando se vaya a consumir o bien se mantiene durante una hora, antes de consumirla, en el congelador.

A las hierbas o partes de las hierbas más recias se les puede también dar un breve hervor y seguir después la pauta anterior.

Los frutos del bosque se pueden someter a una breve decocción o bien macerar en agua muy fría.

Y en las infusiones que combinan hierbas y frutas frescas deben cortarse estas últimas a rodajas o cubos, depositarlas en una botella de vidrio, agregar luego el agua fría y las hierbas, y mantenerlas en la nevera 2 o 3 horas.

Las cantidades de plantas recomendadas son, en general:

  • 20 gramos de planta seca o 30 gramos de planta fresca por 500 ml de agua si se emplea una tetera
  • 5 gramos por taza de agua en las dosis individuales

Lo ideal es preparar la infusión por la tarde y guardarla en la nevera durante la noche, para tomarla al día siguiente. Las infusiones frías preparadas en casa pueden conservarse 48 horas en el refrigerador, pues pasado ese tiempo suelen perder parte de sus principios activos.

2. Maceraciones en agua fría

Las maceraciones en agua fría son especialmente aptas para incorporar plantas ricas en mucílagos, gomas, principios amargos y esencias. También plantas con elementos duros –leños, cortezas y raíces– como el hamamelis, la bardana, el hisopo o la zarzaparrilla.

Se dejan toda la noche o incluso un día o dos para que el agua se impregne bien del sabor de las plantas.

Hay que asegurarse, no obstante, de que las plantas que se van a preparar en agua fría estén libres de parásitos, impurezas o suciedad. Conviene por tanto lavarlas bien antes de depositarlas en la tetera para evitar que contengan focos de bacterias. En una infusión no habría problema, porque por el efecto del calor quedarían destruidas, pero hay que extremar las precauciones en las maceraciones.

En las maceraciones deben desecharse las plantas con un mínimo de toxicidad o potencial irritante, como las plantas ricas en alcaloides, histaminas y algunos glucósidos o taninos catéquicos, entre ellas la cola de caballo, la ortiga, el enebro o la pasiflora.

Prepara con ellas sorbetes, gelatinas y helados aromáticos

Con plantas medicinales se pueden elaborar refrescantes exquisiteces de verano como sorbetes, gelatinas o helados, saludables y muy apetecibles.

Las infusiones de plantas aromáticas como la ajedrea, el hinojo, el tomillo o el estragón pueden aderezar ensaladas y guisos de verduras, legumbres y pescados. Pero también se pueden incorporar a pasteles, helados, sorbetes y otras refrescantes opciones.

Ejemplos de esta práctica son los helados de té negro o té verde, de jengibre, canela, salvia o manzanilla, los sorbetes de menta, albahaca o sandía y té de jazmín, el sorbete de limón con infusión de rooibos o el flan con infusión de ratafía.

Helado de té matcha

Deliciosos antioxidantes

Helado de té matcha

Las plantas medicinales pueden usarse asimismo como base de gelatinas vegetales y naturales. Conviene cuajarlas con agar agar, una gelatina que se extrae de algas más saludable que la de origen animal. Entre otros beneficios, ayuda a regular el tránsito intestinal y limita la absorción de grasas.

Para hacer la gelatina, se vierten los polvos de agar agar en la infusión caliente y se remueve bien hasta conseguir la consistencia buscada. Luego se deja enfriar en el molde. Las infusiones de hibisco, canela y manzana se encuentran entre las más valoradas para realizar estas gelatinas.

Por qué evitar los refrescos comerciales

Según se desprende de un estudio realizado por el profesor Víctor J. Martín Cerdeño de la Universidad Complutense de Madrid, los hogares españoles consumen al año 2.120 millones de litros de gaseosas y otras bebidas refrescantes y se gastan por encima de los 1.600 millones de euros en este concepto.

Supone un consumo medio per cápita de casi 47 litros anuales, ¡una barbaridad! Y es la cola, con un 70%, la principal bebida consumida. La omnipresente publicidad de refrescos, agresiva y pegadiza en muchos casos, contribuye de forma sustancial a consolidar este consumo, al igual que el mimetismo social.

Las bebidas gaseosas contienen grandes cantidades de azúcar refinado, pero no solo eso.

También contienen conservantes, colorantes y otros aditivos, como la cafeína, el ácido fosfórico, o incluso trazas de glutamato monosódico, un potenciador del sabor.

De modo que, de mantenerse un consumo continuado y excesivo de este tipo de productos, estos pueden acabar generando diferentes problemas de salud ya desde edades muy tempranas, como sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, daños en el esmalte dental por la acción del ácido, debilitamiento óseo, alergias y trastornos renales, como la formación de cálculos.

El benzoato de sodio, presente en muchas de estas bebidas, incrementa la asimilación de este nutriente, el sodio, y reduce la capacidad de absorción del potasio, lo que supone un riesgo para las personas hipertensas.

El gas añadido a las bebidas refrescantes –el anhídrido carbónico, que es lo que les aporta el efervescente burbujeo– ayuda a hacerlas más apetecibles, pero también más adictivas, infla el abdomen y puede producir irritación gástrica y problemas de gases.

Por añadidura, ese gas estimula los jugos gástricos y engaña al organismo provocando una sensación de saciedad, por lo que dejamos de nutrirnos con los alimentos que realmente necesitamos, un aspecto que hay que tener muy en cuenta con los niños.

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