Rábano

Esta hortaliza, que alegra los platos con su sabor picante y su textura crujiente, posee un valioso efecto diurético y depurativo. Esto se debe en parte a su riqueza en sustancias antioxidantes que, además, potencian el sistema inmunitario.

Quién no ha dicho alguna vez "me importa un rábano" para expresar indiferencia o desinterés. Sin embargo, después de conocer las propiedades de esta hortaliza, es posible que más de un lector deje de usar esta expresión.

Si bien es cierto que el rábano (Raphanus sativus) aporta menos nutrientes que otras raíces comestibles como la zanahoria o la remolacha, ocupa un lugar predominante entre los alimentos considerados terapéuticos.

Como ocurre con muchas hortalizas, no se sabe su origen exacto. Algunos historiadores aseguran que era conocido por los chinos en épocas remotas.

"Cuando los rábanos blancos están de temporada, los médicos pueden tomarse un descanso", decía un proverbio chino. Se empleaba asimismo en el antiguo Egipto, pues algunos jeroglíficos aluden a su uso terapéutico y cosmético.

Posteriormente, griegos y romanos lo extendieron por toda Europa. Una de las primeras alusiones escritas al empleo medicinal del rábano la hace el médico italiano Matthaeus Platearius en el siglo XII en su Libro de las Medicinas Simples, en el que se lee que el rábano negro cocido es eficaz contra la tos provocada por grandes humores.

Pío Font Quer, botánico y farmacéutico español de mediados del siglo pasado, también lo recogía en su famoso libro Plantas Medicinales. Posteriores estudios han confirmado su riqueza en principios activos con potencial curativo.

Propiedades del rábano

Es una de las hortalizas con más agua, casi un 95%. Apenas aporta proteínas (1,1%) ni grasas (0,1%), y su porcentaje de hidratos de carbono es también bajo (2%). Pero destaca en potasio (255 mg/100 g), en vitamina C (27 mg) y en folatos (27 mcg).

La vitamina C es antioxidante, por lo que previene numerosas dolencias, e interviene en la formación de glóbulos rojos y del colágeno que precisan huesos y tejidos.

Entre los minerales, además de potasio, necesario para la regeneración y transmisión del impulso nervioso y la actividad muscular, contiene también algo de calcio, fósforo, hierro, magnesio y azufre, que le otorga su característico sabor picante.

Beneficios para la salud del rábano

El rábano pertenece a la familia de las brasicáceas (o crucíferas, como las coles o berros), por lo que comparte con estos alimentos su acción antimicrobiana, antioxidante, expectorante, depurativa, inmunoestimulante y anticancerígena. Sus vitaminas, minerales y fitoquímicos lo convierten, sin duda, en un gran alimento para mantener la salud.

En medicina natural se recomienda especialmente para la artritis y para abrir el apetito.

Protector de las mucosas

 

Al ser rico en agua es un buen diurético que propicia la micción y con ello la eliminación de líquidos retenidos en el cuerpo. Favorece, además, la depuración de la sangre y la limpieza de las mucosas gástrica, urinaria e intestinal. Otros componentes son los ácidos cafeico y clorogénico, que aportan todas las verduras crucíferas. Estos ácidos inhiben la absorción del yodo y disminuyen la producción de tiroxina, la hormona tiroidea que controla el metabolismo e incide en algunos estados emocionales. Es un alimento muy recomendable en caso de hipertiroidismo; en cambio, si se sufre hipotiroidismo hay que controlar su consumo.

Mejores defensas

El sencillo rábano es un auténtico tesoro para la salud por sus propiedades depurativas, digestivas, antibióticas y anticancerígenas. Está especialmente indicado si se padecen enfermedades hepatobiliares, hipertensión, infecciones recidivantes, alergias, anemia, artritis, hipertiroidismo o procesos degenerativos (cáncer, esclerosis múltiple…), pero también es efectivo ante las digestiones pesadas y el estreñimiento, para facilitar el sueño o mejorar la piel.

El rábano en la cocina

Existen múltiples variedades de rábanos, y aunque las hojas pueden consumirse en ensalada o infusión, se suele comer la raíz. Desde el punto de vista botánico, pueden agruparse en tres grupos:

· Rabanitos (Raphanus sativus sativus). Son los más cultivados, pequeños, alargados o redondos, y de color blanco, rosa o rojo. Su sabor suavemente picante los hace aperitivos y digestivos.
· Rábanos negros (R. sativus niger). De forma cilíndrica y redondeada, con la piel negra, dura y difícil de digerir, pero una carne blanca de mejor digestión. Son los más usados medicinalmente. El rábano negro alivia el estreñimiento y el meteorismo; equilibra la flora intestinal y previene patologías infecciosas. Es también un potente antimicrobiano y sus principios activos neutralizan bacterias, virus y hongos que albergan las mucosas. Es además depurativo, antibiótico y expectorante.
· Rábanos blancos asiáticos (R. sativus longipinnatus). A este grupo pertenece el daikon, que se cultiva en el sudeste asiático y en Japón. De forma cilíndrica y alargada, pulpa blanca y un sabor suave, colabora en la depuración del cuerpo y en la eliminación de mucosidades y cálculos renales.

Una delicia en la cocina

El uso más común de los rábanos es en ensalada, más aun cuando están tiernos, pero también pueden cocinarse. Su sabor es vivaz, picante, más o menos suave según la variedad y el momento de la cosecha. Al pelarlos, tomarlos fríos directamente del frigorífico o someterlos a cocción se suavizan.
Su mejor época va de mayo a junio. Los rábanos de primavera y los de verano son ideales para consumir con piel. Los más grandes, de otoño, no suelen consumirse crudos y es mejor pelarlos.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Cuerpomente?