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10 claves para un ayuno saludable

El cuerpo no solo está preparado para sobrevivir unos días ingiriendo solo líquidos, sino que se beneficia de ello. El ayuno depura, mejora algunos trastornos y alarga la vida.

De nuestros antepasados hemos heredado la capacidad de realizar el ayuno, de sobrevivir sin comida gracias a las reservas corporales. Seguir este ciclo no solo ayuda a sobrevivir, sino también a sanear el cuerpo y poner en marcha mecanismos que potencian la salud, la fertilidad y la longevidad.

El ayuno tiene sentido también desde la solidaridad con quienes pasan hambre. Ayunar no consiste en no comer nada, sino en provocar en el organismo una serie de reacciones mediante la supresión del aporte de comida sólida. Esto hace que se viva a costa de las reservas corporales, lo que desencadena una revolución física y psíquica.

Ayunar no es, pues, morirse de hambre. En la inedia aguda no se vive de las reservas sino sin reservas, por eso se corre peligro de morir.

Tipos de ayunos

En el ayuno solo se beben líquidos, procurando que el aporte total de calorías no sobrepase las 300 diarias. Es importante suprimir lo innecesario –como el café, el tabaco o el alcohol– y comportarse con naturalidad, ya que ayunar es un acto natural y fisiológico.

Las formas de ayunar, en función de lo que se toma, son variadas:

  • Ayuno 0. Se toma solo agua. Es el más practicado entre los higienistas.
  • Toma de infusiones. El ayuno se realiza con infusiones que ayudan a tratar el problema concreto de cada persona.
  • Toma de mucílagos. Se indica en problemas intestinales y se toman sustancias mucilaginosas sin calorías –como el agar-agar o la zaragatona–, que ayudan al tracto intestinal y a eliminar toxinas.
  • Ayuno Büchinger. A base de caldos, infusiones o zumos. Es el más parecido al que se trata en este artículo y es, junto al de savia o sirope de arce, el más llevadero y asequible para la mayoría de personas.

Si tenemos en cuenta la duración, también podemos distinguir entre ayunos cortos, largos y el ayuno intermitente.

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Aclararemos algunos conceptos y veremos cuáles son las claves para realizarlo correctamente y de forma segura.

1. ¿Por qué es sano hacer un ayuno?

Cuando faltan recursos, el organismo pone en marcha todos los mecanismos de supervivencia: no solo el de buscar comida, sino otros que no se activarían de ninguna otra manera y que son necesarios para la vida. Se ha demostrado en animales e incluso en personas que esta práctica alarga la vida y ayuda a mantener la salud.

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2. ¿Cuántos días puede durar un ayuno?

​Depende de las reservas corporales: una persona de 1,70 m y 70 kilos puede tener reservas para unos 40 días. Pero a nivel preventivo y curativo, los ayunos más recomendables son los cortos: de 1 a 3 días, una vez por semana o al mes.

También se pueden hacer ayunos de 3 a 7 días una vez al mes.

3. ¿En qué casos se aconseja ayunar?

Como norma higiénica, un día a la semana puede beneficiar a todo el mundo. También se puede usar como recurso terapéutico en numerosas enfermedades, siempre que el enfermo tenga reservas y quiera hacerlo.

Puede ser útil, por ejemplo, en caso de obesidad, colesterol, infección, reúma o problemas de piel o digestivos.

4. ¿Qué líquidos se recomienda beber?

Por la mañana, puedes tomar una infusión; entre horas, agua mineral y chupar rodajas de limón; a mediodía, un jugo de hortalizas crudas o un caldo vegetal; por la tarde, de nuevo infusión; y por la noche, otro zumo de fruta u hortalizas o caldo vegetal, y una infusión.

Las sales básicas (como las que aporta el agua mineral bicarbonatada) evitan molestias de adaptación.

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5. ¿De dónde obtiene el cuerpo la energía?

​De las reservas de energía, el glucógeno acumulado en el hígado y en los músculos, de las proteínas y sobre todo de la grasa acumulada. Pero no lo hace durante todo el ayuno de la misma forma.

En una primera fase de un día, el organismo recurre al glucógeno. Luego, cuando agota las reservas de glucógeno, recurre a las grasas y a las proteínas. Al cabo de una semana, ya se usa solo grasa.

Cuando el cuerpo empieza a consumir proteínas de sus propios tejidos, debe abandonarse el ayuno.

6. ¿Se pasa hambre durante el ayuno?

​No. Los primeros días pueden darse molestias de estómago, ansiedad o ligeras hipoglucemias, pero se pasan en 24 o 72 horas.

La fase sin hambre dura hasta que comienzan a consumirse proteínas corporales. Entonces aparece el hambre, señal de que hay que volver a comer.

7. ¿Qué ventaja tiene tomar sirope de savia?

Al igual que algún zumo de fruta dulce, la savia del arce mejora la función desintoxicadora del hígado; la de palmera es rica en minerales. El paso de metabolizar grasas y proteínas en vez de glucógeno resulta más suave, lo que hace el ayuno más llevadero.

Pero pasarse en la cantidad impide que se active la quema de grasas.

8. ¿Qué se puede sentir durante el ayuno?

​Se puede sentir alguna molestia de adaptación los primeros días y veces que se ayuna, como dolor de cabeza o desarreglo estomacal. Luego uno se adapta y lo hace sin problemas. Lo más habitual es sentir ligereza, lucidez y bienestar general, con una mejora de memoria y el cuerpo más relajado. Es frecuente cierta euforia.

9. ¿Se puede beber cualquier agua?

Conviene cuidar la calidad del agua que se toma, pues el agua del grifo no está exenta de contaminantes aunque carezca de microorganismos.

Las aguas de mineralización débil o muy débil –las más pobres en sales– tienen un sabor más ligero –el paladar lo agradece en el ayuno– y suelen presentar mayor capacidad depurativa.

10. ¿Existe riesgo de efecto rebote?

Tras el ayuno se recupera la grasa y este efecto es natural. Si no se hace ejercicio, el organismo intenta incluso acumular más para prevenir que se le deje sin comer.

Pero si nos movemos durante el ayuno y después, el cuerpo entiende que la persona es capaz de buscar comida y que no le va a faltar, por lo que acumula menos.

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