El valor de ser cortés

La cortesía te ayuda a vivir mejor

Lograr el equilibrio entre ser amable y asertivo no es tarea fácil, pero mantener una actitud cortés frente a los que te rodean refuerza el equilibrio emocional.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Hay acciones diarias –como respetar una cola para ser atendidos en una urgencia, ocupar un asiento o salir ordenados de un atasco– que generan intranquilidad, y más cuando la gente empuja o alguien amenaza con el "quítate tú para ponerme yo".

Estas situaciones de amenaza destapan la forma de ser de cada uno y su capacidad de respuesta ante situaciones complicadas.

Necesitamos la cortesía para mantener un equilibrio físico y psicológico, además de como norma esencial en nuestras relaciones con los demás, para encontrar nuestro sitio en la familia, en la sociedad y en el mundo.

La cortesía se adquiere antes de los veinte años; después queda guardada en el fondo de los conceptos y de las formas incuestionables. Pero se debe practicar cada día.

La falta de cortesía genera malos entendidos, rencores, desprecios, groserías, mala aceptación de la imagen personal y problemas de salud individual y social.

Se trata de saber estar cada uno en su lugar, dentro de sí mismo, en su familia y en su grupo, y a la vez reconocer y saber respetar la posición de los demás y las normas formales de cada sociedad.

Implica el respeto desde todos los ángulos: respeto del anciano al joven y del joven al anciano, del hombre a la mujer y de la mujer al hombre.

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Cortesía para derribar muros y marcar distancias

Las reglas básicas de cortesía son sencillas: dar importancia a los demás y prestarles atención. Otras veces requieren cortar, poner a uno en su sitio cuando está invadiendo el terreno ajeno.

Hay personas cuya presencia deseamos y a las que dejaremos acercarse, y otras de las que preferimos su ausencia o que guarden la distancia.

Solo se llega al corazón de los demás si se les convence, en la forma de tratarlos, de que se reconoce de algún modo su clase o categoría. Y todo el mundo la tiene...

La atención y la escucha marcan los límites que se ha de poner a las propias palabras. A veces no hay que perder la bella ocasión de callar que la vida nos regala a diario.

Cortesía es conducirse de modo que los demás queden satisfechos de nosotros y de sí mismos.

La cortesía no es privilegio de ricos o poderosos. Cuando los medios de comunicación aumentan su audiencia con descortesías y groserías, pasa a ser privilegio de unos pocos.

La cortesía es una disciplina física y psíquica, y corresponde a cada uno trabajarla a diario. Nace del respeto y la admiración por el otro, del saber estar cada uno en su sitio ocupando el propio espacio sin invadir el ajeno.

Recomendaciones para el ejercicio de la cortesía

  • Tratar bien a las personas es un problema diario que se ha de resolver bien todos los días.
  • La práctica de la cortesía fortalece física y psicológicamente.
  • Dice un refrán japonés que el objeto de toda etiqueta es el de cultivar la mente y el cuerpo de modo que, incluso cuando estemos sentados, ni el más grosero de los rufianes se atreva a atacarnos y, si lo hace, todas las fuerzas de la naturaleza se vuelvan contra él.

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