Riqueza y abundancia

Cómo atraer abundancia, prosperidad y más oportunidades

Ciertas personas parecen tener una extraordinaria habilidad para atraer riqueza, en todos los sentidos. ¿Cuál es su secreto? Con estas claves podemos imitarlas.

¿Cuál es el significado del dinero?

El papel moneda que usamos para nuestras transacciones es meramente simbólico. Ni siquiera es necesario que el Estado lo respalde con lingotes de oro de su valor, como era norma antaño.

En ese sentido, el dinero es un acuerdo entre personas, y las tarjetas de crédito están haciendo aún más abstracto y etéreo este vehículo de constante intercambio.

A menudo hablamos incluso de algo que no existe: si todos los ciudadanos decidieran el mismo día y hora retirar sus ahorros de las cuentas corrientes, los bancos quebrarían en cadena, como ya ha sucedido en más de un país.

Sin embargo, en su origen el dinero era algo palpable y cuantificable.

Después de una economía basada en el intercambio de bienes, se pasó a acuñar monedas de metales preciosos, como el oro y la plata, que tenían el valor de su propio peso y simbolizaban el sol y la luna. Eran símbolos sagrados, hasta el punto de que las primeras biblias se embellecían con monedas en las cubiertas.

Esta relación saludable con el dinero terminó con la llegada del segundo milenio, cuando en Europa recae en los judíos la tarea impura de gestionar el "vil metal".

Todavía hoy mantenemos una relación conflictiva con la riqueza monetaria, que por un lado identificamos con lo bajo y corrupto, pero al mismo tiempo sigue manteniendo algo de sagrado.

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Hoy en día el dinero sigue siendo un símbolo sagrado con millones de adoradores. Tal vez el problema es que hemos olvidado cómo relacionarnos con él de manera positiva y natural.

Si tratamos el dinero como un vehículo para hacer realidad los proyectos, este fluirá hacia nosotros con naturalidad y, sobre todo, sin culpabilidad.

¿En qué gastas tu dinero? El reflejo de las prioridades personales

Álex Rovira, autor de La brújula interior y co-autor de La buena suerte, explica que el enriquecimiento no corrompe a una persona, sino que simplemente amplifica sus virtudes y defectos.

Así, por ejemplo, alguien con un fondo noble utilizará la prosperidad para beneficiar a los suyos y a su comunidad, mientras que una persona sin escrúpulos canalizará el dinero hacia actividades puramente especulativas, cuando no destructivas.

Puesto que disponer de más dinero aumenta nuestra capacidad de maniobra, al enriquecernos ponemos de manifiesto nuestros valores y prioridades.

Dicho de otro modo: el dinero no es bueno ni malo en sí mismo; es sólo un vehículo que puede utilizarse de diversas formas.

Imaginemos que alguien recibe una importante cantidad de forma inesperada, por ejemplo a través de un juego de azar o de una herencia.

Este dinero extra puede gastarse en:

  • mejoras para la casa para quien prioriza la vivienda
  • o bien destinarse a un viaje si lo que atrae es conocer el mundo;
  • o incluso para una operación de cirugía estética, si se considera que la imagen personal debe cumplir con ciertos cánones de belleza.
  • una persona de negocios invertirá el dinero a fin de multiplicarlo
  • alguien caritativo puede canalizarlo hacia una fundación que trabaja para los más desfavorecidos.

Al final estamos hablando de actitudes ante la vida, de proyectos que nos definen como seres humanos, y el dinero sólo es el combustible que los alimenta.

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¿Se puede vivir sin dinero? Dos historias inspiradoras

Como rebelión contra un mundo regido por el materialismo y la avaricia, en mayo de 1996 la alemana Heidemarie Schwermer se embarcó en una ambiciosa aventura: vivir sin dinero.

Regaló sus muebles, dejó su casa y la consulta de psicoterapeuta, y canceló su seguro médico. Desde entonces se alojó en pisos y casas que le cedían personas que estaban de viaje. Lo que necesitaba para vivir lo obtenía a través del trueque.

Un año después de haber empezado a subsistir sin dinero, constató que esta nueva forma de relacionarse con los demás la había enriquecido. Bajo el lema: no tener nada y ser mucho, para Heidemarie los conceptos como "trabajo" y "tiempo libre" cobraron un nuevo sentido, ya que logró transformar su existencia en un flujo ininterrumpido de cooperación con su entorno.

En sus propias palabras: "No necesito vacaciones. Ése es uno de los errores de nuestra sociedad, que separa ocio y trabajo, porque la mayoría hace algo que no le gusta sólo por ganar dinero y gastarlo en cosas que no necesita

Actualmente, a sus 60 años, lleva ya siete viviendo sin dinero, y asegura haber cumplido todos sus sueños sin él. Ha publicado un libro sobre esta experiencia insólita con el que ha ganado más de 10.000 euros que ha donado a instituciones de beneficencia.

El testimonio de Heidemarie demuestra que existen otras maneras de canalizar la abundancia, aunque a veces son los propios vaivenes de la fortuna los que generan el cambio de perspectiva.

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Un caso significativo es el de Jil van Eyle, creador del Teaming, un método para nutrir de fondos a las ONGs y fundaciones directamente desde las empresas.

Su biografía es propia de una novela de Dickens. Tras una infancia marcada por la pobreza en Holanda, decidió que antes de los 30 años debía ser rico y poseer un Porsche. Trabajó duramente repartiendo periódicos mientras estudiaba Económicas por la noche, y antes de la treintena creó una empresa de transporte de pasajeros, con tanto éxito que su foto apareció en la primera plana de finanzas del New York Times.

Sin embargo, poco después la compañía quebró. Un año más tarde volvía a salir en los diarios, esta vez por su bancarrota. El fisco se llevó incluso los trajes de sus armarios y, por supuesto, el Porsche.

Este batacazo y el nacimiento de una hija con hidrocefalia acabaron de convencer a Jil de que la riqueza no procura la felicidad, a menos que se utilice para mejorar el mundo.

Desde entonces vive humildemente (no tiene ninguna posesión), para su proyecto solidario y declara estar en el mejor momento de su vida.

Cómo generar y atraer riqueza

La anterior historia demuestra que el dinero es éticamente neutro; su sentido depende de la calidad de los proyectos que alimenta. Para relacionarse con él de manera saludable es esencial entender que debe ser un medio y no un fin.

Alguien que trabaja exclusivamente para engrosar su cuenta corriente difícilmente disfrutará de lo que hace. En cambio, realizar algo con pasión, sentido y humildad nos llevará a superamos y, por lo tanto, a generar más riqueza.

Lógicamente, los recursos no son ilimitados y debemos ajustar nuestras aspiraciones a un modelo sostenible de mundo. Acumular bienes sin ninguna finalidad equivale a empobrecerse espiritualmente.

Los que basan la prosperidad sólo en las finanzas olvidan otros tesoros más importantes: ser rico en amigos, en buenos actos, en experiencias, en ideas útiles para la sociedad. También todo esto es prosperidad.

La abundancia monetaria tiene una importancia relativa. Abre muchas puertas, pero también aumenta la sed de liquidez para mantener lo que se ha conseguido. Poseer muchas cosas sale caro.

Como nos recuerda un viejo aforismo, rico no es aquel que más tiene, sino quien menos necesita.

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Claves para que fluya el dinero

Sin embargo, ¿qué hacer cuando necesitamos ingresos y estos no llegan? ¿Por qué hay personas que parecen tener una facilidad asombrosa para generar riqueza? ¿Cuál es el secreto de la prosperidad?

En La buena suerte (Ed. Urano), Alex Rovira llega a la conclusión de que esta pertenece a aquellos que crean sus propias oportunidades.

Hay muchas formas de optimizar la relación con el dinero, pero todas requieren poner orden dentro de uno mismo.

  • Reconoce tus obstáculos. Hay hábitos negativos que nos impiden generar, mantener o aumentar nuestros ingresos. Lo primero es analizar por dónde se escapa el dinero innecesariamente.
  • Localiza el flujo. El dinero existe y está en constante movimiento. Para conseguirlo, hay que indagar por dónde fluye y prepararse para pescar en esta corriente de abundancia cuando surja la oportunidad.
  • Planifica pequeñas ganancias. Si nos proponemos amasar una gran fortuna de manera rápida es fácil bloquearse o incurrir en prácticas incorrectas. Es mucho más efectivo trazarse pequeños objetivos que seamos capaces de controlar.
  • Trabaja para buenas causas. Los propósitos nobles ayudan a que la energía del dinero fluya a favor nuestro. Si actuamos con ética, sumada al sentido práctico, las circunstancias se pondrán de nuestro lado para que log remos los objetivos.
  • Reparte la riqueza. La abundancia se refuerza cuando somos capaces de trabajar en equipo y hacer partícipes a otros de los beneficios obtenidos. Los mejores negocios son aquellos en los que todas las partes salen ganando y nadie siente que ha perdido nada.
  • Visualiza el éxito. Para que algo suceda, primero hay que imaginarlo. Si no confiamos en nuestra capacidad de generar riqueza, esta nos eludirá. La mente es el campo de pruebas de lo que luego sucederá.
  • Talleres de prosperidad. Se han popularizado en los últimos años, y técnicas como la PNL o el coaching también suelen abordar estas cuestiones. Los precios pueden ser elevados, en parte para cribar de entrada a los alumnos más escépticos.

El poder creativo de los pensamientos

A su vez, el actual libro número uno en ventas de Estados Unidos, El secreto, de la australiana Rhonda Byrne, parte de un supuesto mucho más esotérico: dado que según ella el Universo se rige por las leyes de la atracción, pensar en el dinero hará que la riqueza acabe viniendo a nosotros.

Según Rhonda Byrne el secreto de la prosperidad sigue estos principios:

  • Cada persona es una torre de transmisión humana y todo lo que emite regresa a ella. Por lo tanto, si se quiere cambiar de vida hay que cambiar antes la forma de pensar.
  • Los pensamientos actuales crean la vida futura y acaban materializándose, por ejemplo, a través del dinero.
  • Lo semejante atrae a lo semejante. Así, los pensamientos de riqueza favorecen circunstancias de riqueza, mientras que los derrotistas ayudan a cimentar el fracaso.
  • Para atraer la fortuna hay que seguir estos tres pasos:
    1. Pedir lo que uno necesita.
    2. Tener fe en ello, visualizándolo como si ya se hubiera conseguido.
    3. Recibir con gratitud lo que nos es entregado.

Libros para atraer la prosperidad

  • Mi vida sin dinero; H. Schwermer. Ed. Gedisa
  • El secreto; Rhonda Byrne. Ed. Urano
  • Teaming; Jil van Eyle. Ed. RBA

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