Plátano

Esta aromática fruta tropical procura energía para afrontar los retos del día a día y ayuda a regular la tensión arterial. En la mesa cautiva con su dulzor.

Su sabor dulce, su atractivo tono amarillo y su cremosa pulpa de aroma inconfundible son un reclamo para el paladar, pero hay quizá otra razón por la que el plátano ha conquistado la mesa de los cinco continentes: esta sabrosa fruta, protegida por un higiénico envoltorio natural que la preserva de la contaminación externa y facilita su transporte, resulta tan cómoda de pelar y de comer que se puede disfrutar en cualquier lugar, sin necesidad de servilleta ni de cuchillo.

No en vano se trata de una de las frutas predilectas de muchos niños y personas mayores, aunque también resulta ideal para excursionistas y estudiantes, pues a esa capacidad para seducir y a esa practicidad se suman su riqueza nutritiva y un gran poder energético.

La palabra "plátano" parece proceder del griego a través del latín platanus, que comparte raíz con platos o "plano", posiblemente en alusión a la forma de las hojas de la mata, enormes y muy anchas. Ha sido su nombre botánico, Musa paradisiaca, el que le ha rendido homenaje evocando su origen en vergeles tropicales.

El plátano, originario del Sudeste Asiático, arraigó muy pronto en la India, donde era objeto de ofrenda a las deidades y fue considerado un alimento idóneo para mantener sanos el cuerpo y la mente.

Se cree que fueron los ejércitos de Alejandro Magno quienes lo trajeron al Mediterráneo, donde se estableció su cultivo alrededor del siglo VII. A Canarias llegó en el siglo XV procedente de Guinea y, desde el archipiélago, los conquistadores españoles lo llevaron a Santo Domingo y Jamaica, para posteriormente extender las plantaciones por el resto del Caribe y Latinoamérica.

El plátano constituye el principal cultivo de las islas Canarias. Un 95% del consumo nacional procede del archipiélago. El suave clima subtropical permite que los cultivos tengan un desarrollo lento, con lo que la fruta alcanza un grado de madurez privilegiado con una concentración de nutrientes y sustancias aromáticas de gran calidad.

Propiedades del plátano

La pulpa del plátano maduro contiene azúcares simples –glucosa, dextrosa y  sacarosa– que se transforman en energía inmediata. Por eso es muy recomendable en todas las edades para recuperar energía entre comidas o mientras se está realizando un gran esfuerzo físico.

Su contenido proteico es discreto (1,1/100 g) y la presencia de grasas casi nula (0,2 g/100 g). Además, está exento de colesterol. Es una fruta muy rica en potasio (382 mg/100 g) y magnesio (36 mg/100 g).

También en vitaminas, especialmente en betacaroteno (38 mcg/100 g), vitamina C (11 mg/100 g) y ácido fólico (23 mcg/100 g). Su contenido en fibra supone el 3%. Consumido con moderación es apropiado incluso en dietas de adelgazamiento. 

Beneficios para la salud del plátano

Anemia o fatiga

El plátano resulta de mucha ayuda para recuperar fuerzas. Si se consume después de realizar ejercicio, aumenta la capacidad de resistencia ya que aporta una excelente combinación de hidratos de carbono y potasio, ambos necesarios para la actividad muscular. De hecho, muchos deportistas lo toman antes o durante la competición.

Además aporta vitaminas del grupo B, esenciales para la producción de energía en las células. Un plátano mediano procura el 20% de la vitamina B6 que se precisa al día y el 12% del ácido fólico. Además estas vitaminas protegen los sistemas inmunitario y nervioso. 

Reduce la tensión arterial

Gracias al potasio, se demuestra efectivo disminuyendo la hipertensión arterial. Un plátano proporciona alrededor del 15% de las necesidades diarias de potasio de un adulto.

Combate el estreñimiento

Los plátanos verdes mejoran el tránsito intestinal por su contenido en almidón e hidratos de carbono no asimilables, aunque son más indigestos y también pueden provocar flatulencias. Por el contrario, los maduros se aconsejan en caso de diarrea porque suavizan la mucosa digestiva inflamada.

Reduce la acidez

La notable alcalinidad del plátano permite combatir la acidosis (excesiva acidez de la sangre) y en general aumentar las reservas alcalinas del organismo.

Ardor de estómago

Bien maduro y tomado antes de las comidas, neutraliza el exceso de acidez gástrica y calma los ardores de estómago.

Artritis y gota

Su consumo es útil para hacer frente a procesos reumáticos, artritis y gota. Ayuda, junto con una dieta de orientación vegana, eliminando el exceso de ácidos retenidos en el organismo.

Nefritis

Su escaso contenido en sodio, combinado con la elevada presencia de potasio, evita la retención de líquidos y la formación de edemas. Es recomendable en casos de nefritis (inflamación de los riñones) y cálculos renales.

El plátano en la cocina

En las Islas Canarias se cultivan dos variedades, la pequeña y la gran enana, derivadas de la Musa cavendishii o sinensis, de origen chino, caracterizada por su color amarillo oro salpicado de motas oscuras, una pulpa blanda compacta y gran riqueza en potasio. Cuando se consume en su punto, es la variedad más sabrosa.

Los ejemplares deben estar intactos, sin golpes ni magulladuras, y no demasiado blandos. El color de la piel indica el grado de madurez. No hay que hacer caso de las manchas o puntos oscuros, que no afectan a la calidad de la pieza. El plátano de Canarias es más pequeño que la banana, pero más sabroso, cremoso y más rico en potasio.

Recetas dulces

Con plátano y leche vegetal o zumos de frutas se preparan excelentes batidos, más cremosos y nutritivos, y menos grasos, que los que se hacen con nata o helados. Es frecuente, asimismo, probar los plátanos en bollos, bizcochos, galletas, púdines, mousses y helados.

Plátano seco: un tentempié delicioso

Una forma deliciosa de comer plátano, muy popular en América, es como fruta desecada. Como el secado intensifica el dulzor, se suele emplear en repostería, como tentempié energético. También se puede usar en ensaladas y guisos, como los orejones o las pasas.

Con el plátano macho seco se elabora además una harina fina y nutritiva. Esta harina, muy aromática, se puede incluir en la elaboración de bizcochos, magdalenas o crepes. Algunas empresas ya enriquecen con ella pastas como los macarrones o los tallarines, pero el uso más común es el de espesante de salsas o sopas y para la preparación de toda clase de papillas.

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