Pioneros

¿Por qué fue revolucionaria la hipótesis de Gaia del recientemente fallecido James Lovelock?

Lovelock fue de los primeros científicos en denunciar la contaminación, el cambio climático, el agujero en la capaz de ozona y otras amenazas para la vida en la Tierra.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

El científico e inventor James Lovelock, creador de la hipótesis de Gaia, falleció el pasado martes 26 de julio a los 103 años, el día de su cumpleaños. Lovelock nos enseñó que el planeta Tierra es un ser vivo, o una comunidad de organismos, que se autorregula.

La hipótesis Gaia

James Lovelock ha pasado a la historia por haber desarrollado la hipótesis de Gaia, que sostiene que la Tierra es una comunidad autorregulada de organismos que interactúan entre sí y con su entorno.

En 1975 concibió la hipótesis Gaia junto con Dian Hitchcock y luego la perfeccionó en colaboración con la bióloga Lynn Margulis. Gaia sentó las bases para la ciencia del sistema terrestre y una nueva comprensión de la interacción entre la vida, los océanos, la superficie terrestre y la atmósfera.

En un primer momento, la teoría de Gaia fue ridiculizada por la ortodoxia científica. Muchos la definieron como una tontería hippy, pero hoy forma parte de la ciencia del clima.

Un pionero en la denuncia del cambio climático

Su influencia ha sido enorme. Sus ideas han dado fundamento científico e intelectual a los movimientos ecologistas y conservacionistas desde la década de 1960.

Lovelock fue uno de los primeros en llamar la atención sobre el riesgo para el clima de explotar los combustibles fósiles. Por ello abogó por abandonar el petróleo y el carbón y recurrir, incluso, a la energía nuclear como mal menor.

En 2011, con 92 años, dijo que su razón principal para no relajarse en una jubilación feliz es que estaba profundamente preocupado por la probabilidad de un cambio climático enormemente dañino y la necesidad de hacer algo al respecto ahora.

Sin embargo, aunque era una persona vital y con un gran sentido del humor, en los últimos años de su vida su visión era pesimista. No creía que hubiera esperanza de evitar los peores impactos del cambio climático sobre la vida y sobre la sociedad humana.

Denunció la contaminación y el agujero en la capa de ozono

También denunció la contaminación industrial. Entre sus inventos (trabajó como ingeniero durante décadas para la Nasa), destaca un detector ultrasensible que reveló cómo las sustancias químicas tóxicas formaban parte del aire que respiramos, el agua que bebemos o el suelo donde cultivamos los alimentos.

Su independencia le llevó a denunciar situaciones lejos de su ámbito, la física, para advertir, por ejemplo, que los derivados del petróleo están dañando el cerebro de los niños.

Fue, además, el primero en confirmar la presencia de fluorocarbonos en la estratosfera que estaban dañando la capa de ozono, que nos protege de las radiaciones solares más dañinas. Esta denuncia llevó a que años después se prohibieran los gases fluorocarbonados en muchas aplicaciones industriales y el daño sobre la capa de ozono se ha corregido significativamente.

El fin de la vida en la Tierra

Hace dos años dijo que la vida en la Tierra estaba en su última fase, en el último 1% de su vida. Si se calcula que la vida apareció hace 4.000 millones de años, significaría que le quedan unos 400 mil años.

Siempre fue un pensador independiente y no le importó decir más claro que nadie que la humanidad es un peligro para la extraordinaria red de relaciones que hacen que la Tierra sea un lugar único en el universo.

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