Entrevista a la Dra. Cristina O'Callaghan-Gordo

"La salud planetaria pasa por la producción sostenible de los alimentos"

"Si la población mundial fuera vegetariana, habría efectos positivos inmediatos sobre el cambio climático y en nuestra salud". Es una de las afirmaciones de la doctora y epidemióloga crista O'Callaghan-Gordo en esta entrevista donde propone un cambio del modelo alimentario a escala planetaria.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Periodista y terapeuta gestalt

Cristina O'Callaghan-Gordo es profesora de los estudios de Ciencias de la Salud en la UOC (Universidad Abierta de Catalunya), doctora en epidemiología e investigadora en ISGlobal. Ha estudiado en varios países los efectos de la polución, el exceso de calor y otros factores ambientales sobre la salud humana, y alerta de la necesidad urgente de un cambio de paradigma que tenga en cuenta la salud del planeta para prevenir la enfermedad en los seres humanos.

“Nuestra salud depende estrechamente de la salud del planeta y lo demuestra sólo el hecho de que la contaminación del aire causa más de 6 millones de muertes anualmente, muertes que llegan a 9 millones si añadimos las derivadas de la contaminación del agua y de los suelos”, afirma la doctora O'Callaghan-Gordo.

"Estamos llegando a un punto de no retorno. ¡Hay que actuar ya!"

–¿Cómo perjudica la contaminación atmosférica a nuestro organismo?
–Cuando hablamos de contaminación del aire hablamos de una mezcla de gases y partículas en suspensión que se originan por causas naturales o antropogénicas. Las partículas que están en suspensión las clasificamos por su dimensión. Las partículas ultrafinas son las más perjudiciales porque, después de ser inhaladas y llegar a los pulmones, pueden pasar en el torrente sanguíneo y de allí llegar a varios órganos como el cerebro. Aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, pero también afectan a nivel cognitivo y tienen importantes consecuencias en el desarrollo neurológico de los niños. A los efectos de estas nocivas partículas se añaden los de los gases, como los óxidos de nitrógeno producidos por los motores de los coches y la industria. No podemos olvidar que en el último siglo la calidad del aire ha ido empeorando habiendo aumentado también las emisiones de CO2, que tienen un efecto directo sobre el cambio climático.

"¡Tenemos que actuar! No podremos seguir gozando de salud si no cuidamos el medio natural".

–¿Por qué no actuamos?
–De manera paradójica, la sobreexplotación de los recursos del planeta que se ha producido en los últimos siglos ha aumentado nuestra esperanza de vida, se ha reducido la pobreza extrema y también la mortalidad infantil. Así que solo percibimos la mejora de nuestra calidad de vida y no nos damos cuenta de que mientras estamos hipotecando nuestro futuro y el de nuestros hijos. Mantener los mismos estándares de salud que hemos logrado a nivel global o mejorarlos no es posible si se basan en la destrucción de los recursos que los han hecho posibles. Y estamos llegando a un punto de no retorno. De hecho ya estamos viendo las consecuencias del cambio climático con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes y un aumento continuo de las temperaturas. ¡Tenemos que actuar! Porque no podremos seguir gozando de salud si no cuidamos el medio natural.

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–¿Vivimos como si fuéramos independientes de la salud del planeta?
–Sí. Salud humana y salud ambiental se han estado trabajando de manera seeparada hasta ahora. La gente que nos dedicamos a la epidemiología ambiental éramos conscientes de la estrecha relación entre entorno y salud, pero creo que no lo éramos de la importancia de que nuestro progreso en salud también fuera saludable para el planeta. Ahora es fundamental trabajar para que cuidar la salud implique también un efecto positivo sobre el entorno.

"Esta pandemia está relacionada con el daño que hacemos a la biodiversidad y diversos científicos alertaban de este peligro hace tiempo".

–¿La pandemia COVID-19 se deriva del maltrato que hemos dado al planeta?
–Totalmente. Esta pandemia está relacionada con el daño que hacemos a la biodiversidad y diversos científicos alertaban de este peligro hace tiempo. La aparición de nuevos virus es muy frecuente: desde los años 60 hasta el 2004 se han identificado más de 300 nuevas enfermedades infecciosas, aunque no todas afectan a los humanos ni tienen una transmisión tan rápida ni unos efectos clínicos tan marcados como los del coronavirus. Pero un entorno biodiverso, es decir, un ecosistema que alberga especies diferentes en un mismo lugar, controla los virus y evita que estas infecciones lleguen a los humanos. Cuando una de las especies presenta una enfermedad nueva, las otras especies del mismo entorno controlan que esta población no domine el ecosistema y con ello el progreso de la enfermedad queda también limitado. En cambio, al perder biodiversidad, esta especie huésped de la enfermedad puede acabar dominando en el ecosistema, con lo que aumenta su propagación. Los ecosistemas más diversos son los bosques primarios, que han ido evolucionando durante miles de años, ofrecen una gran diversidad de especies animales y vegetales y, si están en un buen estado de salud, controlan y equilibran la proliferación de las especies y las enfermedades que estas hospedan. Pero la deforestación masiva que estamos practicando se está cargando estos ecosistemas y además pone cerca asentamientos humanos. Esto está ocurriendo en la Amazonia, que se está degradando de manera que se propician los brotes de agentes infecciosos y que estos pasen y afecten al hombre.

–¿Está estudiando los efectos del estrés térmico sobre la salud?
–Sí, el estrés térmico tiene diversos efectos negativos para la salud. Yo estoy estudiando si puede incrementar las enfermedades renales en personas que trabajan bajo altas temperaturas, como los agricultores en ciertas zonas de España. Además, el hecho de que haya más fenómenos climáticos extremos también empeora la calidad del agua que bebemos, lo que incrementa el riesgo de sufrir enfermedades infecciosas. Las temperaturas más altas registradas en los últimos años ha favorecido la llegada de enfermedades transmitidas por insectos como el dengue, el virus del Nilo o la chikunguña, enfermedades que se han extendido hasta áreas donde no estaban presentes. Por si fuera poco, el incremento de temperatura en el planeta provocará una desertización que obligará a las personas a desplazarse y estas migraciones de población forzadas porque la tierra ha dejado de ser cultivable comportarán conflictos sociales y guerras que tendrán una enorme repercusión en la salud física y mental de las personas.

–¿También ha investigado los efectos de la extracción de petróleo sobre la población?
–Sí, hemos visto que en la selva amazónica la extracción de petróleo ha comportado un elevado nivel de la contaminación ambiental que tiene efectos muy nocivos sobre la población. La supervivencia de la población indígena de la zona depende estrechamente de su entorno, por ejemplo del agua del río, que no puede ser sustituida por ninguna otra y está siendo contaminada. Así, desde que empezó la explotación del petróleo en la zona, los niveles de metales pesados como el plomo se han incrementado en su organismo muy por encima de lo que sería recomendable, lo que puede afectar el neurodesarrollo e incrementar el riesgo de cáncer y de problemas renales.

"El alto consumo de carne es ahora mismo una de las primera causa de deforestación: se talan árboles para instalar campos de cultivo que alimenten al ganado".

–¿La salud planetaria debe abarcar la forma en la que producimos los alimentos?
–Uno de los ejes principales de la salud planetaria pasa efectivamente por implementar un modelo de producción sostenible de los alimentos. Los grandes cultivos implican la deforestación masiva y el uso de pesticidas a gran escala. Por otra parte, el alto consumo de carne es ahora mismo una de las primera causa de deforestación: se talan árboles para instalar campos de cultivo que alimenten al ganado. Si la población mundial dejara de comer carne y fuera vegetariana, no solo habría efectos positivos inmediatos sobre el cambio climático, sino también en nuestra salud, ya que el consumo de carne incrementa el riesgo de enfermedades degenerativas y cardiacas estrechamente vinculadas a dietas con un nivel alto de grasa animal. La dieta vegana aún protegería mejor la salud del planeta y la nuestra.

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–¿También habría que abandonar la extracción de combustibles fósiles?
–Los extracción de combustibles fósiles tiene muchos efectos negativos sobre la salud. Ocasiona graves problemas de salud para la población que vive cerca de las zonas de extracción por la elevación de metales pesados en el organismo, pero también su transporte es muy peligroso para el medio ambiente, como hemos visto que ha pasado recientemente en las islas Mauricio o vivimos aquí, en nuestro país, con el Prestige. Además sabemos la quema de combustibles fósiles es la principal causa del cambio climático. Sus efectos son devastadores porque empeora la calidad del aire y produce un efecto de calentamiento global. Pero el mundo actual se mueve gracias a la explotación y quema de combustibles fósiles. Es urgente encontrar un nuevo modelo energético. Es urgente un cambio de paradigma que implique el uso de energías limpias y reutilizables, que cuestione el modelo actual de consumo y el crecimiento económico como único indicador de progreso.

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