Michel Odoul

Entrevista

"La enfermedad nos pide mirar al interior"

Michel Odoul, especialista en psicoenergética, descifra el lenguaje corporal y de los síntomas para ayudarnos a tomar conciencia de su significado.

Silvia Díez

"Mi profesor de aikido era un gran maestro de shiatsu. Mi mujer sufría un dolor en la rodilla y, a pesar de haber visitado a distintos especialistas, seguía coja. Le decían que no podían hacer nada porque no tenía nada.

Mi maestro la estiró en un tatami, trabajó sobre un punto al nivel del tobillo y, tras pegar un grito de dolor, mi mujer nunca más se quejó de la rodilla. Quedé fascinado.

El shiatsu, basado en los principios de la medicina tradicional china, aporta respuestas allí donde la medicina occidental no tiene, enseña a escuchar el cuerpo y no solo desbloquea tensiones, sino la energía.

Eso significó una revolución para mí", cuenta Michel Odoul, quien a partir de entonces se formó en shiatsu, medicina china y psicología, y años después desarrolló las bases de la psicoenergética recogidas en sus obras Dime qué te duele y te diré por qué (Ed. Robinbook) y Dis-moi quand tu as mal, je te dirai pourquoi ("Dime cuándo te duele y te diré por qué") (Ed. Albin Michel).

Asegura que no estamos ante algo mágico que funciona siempre, pero cuenta curaciones espectaculares.

"La vida no tiene como objeto hacernos tropezar, sino que el viajero llegue a su destino"

—¿Un síntoma corporal siempre tiene un significado?
—La relación que mantenemos con la vida se refleja constantemente en el cuerpo. El cuerpo y sus funciones orgánicas están en completa resonancia con nuestro psiquismo, y al revés.

Un ejemplo: el estómago es un órgano que digiere la materia y está en resonancia con aquellas partes de nosotros que en el plano psíquico gestionan la materia.

Si me preocupo mucho por las cuestiones materiales, como es el caso de los hombres de negocios, requeriré continuamente la energía del estómago, por lo que no es extraño que la úlcera de estómago sea una patología frecuente en esta profesión.

El cuerpo es un espejo del psiquismo, y el alma o psiquismo, un espejo del cuerpo. Por ello, si sufro tensión en alguna zona del cuerpo, debo preguntarme en qué planos más profundos de mí hay también tensión.

—¿Diría que la enfermedad forma parte de un proceso de crecimiento personal?
—Sí, es algo parecido a lo que les ocurre a los insectos cuando mutan. En un momento del proceso quedan atrapados en su caparazón y necesitan romperlo para salir de él y construir otro más grande.

La rotura del caparazón resulta extremadamente dolorosa e implica un esfuerzo brutal. Cuando abandonan el viejo caparazón, es decir, cuando abandonan sus antiguas costumbres, sus viejas referencias y formas de pensar, hasta que llegan a poder construir uno nuevo, atraviesan una fase de una gran vulnerabilidad, como la que sufre el enfermo.

Por ello, requiere respuestas que lo protejan y ayuden a construir su otro caparazón. En algunos casos, el sentido de la enfermedad sobrepasa las capacidades que tiene el individuo para gestionarlo. Es esencial para la curación, pero antes hay que cuidar a la persona y reparar la soledad que ha desencadenado la rotura del caparazón.

"La enfermedad nos obliga a parar y a reflexionar"

—¿Qué preguntas ayudan a encontrar el sentido de una enfermedad?
—El hecho mismo de interrogarse sobre el origen de la enfermedad ya ayuda, porque salgo del agujero negro del sufrimiento que me absorbe por completo y se restablece la reconexión con uno mismo.

Después hay dos cuestiones clave: la primera es "¿qué me obliga o qué me impide hacer este síntoma?", y la segunda: "¿por qué me pasa esto en este momento?, ¿qué ocurre en mi vida?, ¿con qué puedo relacionar esta enfermedad?".

Puedo relacionar un dolor de espalda con el hecho de haber cargado mucho peso, pero ¿es la primera vez que cargo con algo pesado? Seguro que no. Entonces, ¿por qué llevar peso me ha desencadenado dolor ahora?

La enfermedad nos obliga a parar y a reflexionar, a estar a solas con nosotros mismos y a atender a nuestro ser.

—Si tengo dolor en las rodillas, ¿qué me diría?
—Las piernas son un vector de relación con los demás y con el mundo. Me permiten avanzar y desplazarme, ya sea en el espacio relacional o en el físico.

La articulación de la rodilla me facilita doblarme o ponerme de rodillas. Es la puerta de la aceptación de lo vivido. Si me duele la rodilla estoy en una fase en la que tengo dificultades para aceptar algo que ocurre en relación con alguien o en mi entorno.

—¿Y una tensión en los hombros?
—Los hombros constituyen la expresión de mi capacidad de acción. La energía no puede pasar a los brazos y se queda estancada en los hombros.

A los hombros llega desde la nuca –una zona en la que se sitúan mis creencias sobre lo que me prohíbo o no me siento capaz–, la sensación de no poder actuar, aquello que siento que los otros me impiden llevar a cabo. La tensión en los hombros suele significar que me siento "impedido de…".

—¿Una afección en la garganta con qué puede relacionarse?
—Por la garganta pasa cualquier elemento relacionado con la expresión de uno mismo, no solo la capacidad de hablar, sino la expresión a través del gesto, del dibujo…

De la garganta nacen las clavículas, palabra que viene del latín y significa "pequeñas llaves". Estas continúan hacia los hombros, que como hemos dicho resuenan con la capacidad de actuar. Por eso, una afección en la garganta está relacionada con una dificultad para expresarse, pero también para actuar y encarnar nuestros deseos.

Unas anginas frecuentes en el niño representan su dificultad para solidificar su capacidad de decir "no", de decir "yo".

En la garganta también reside la tiroides, que tiene forma de mariposa y es la parte de nosotros mismos que nos permite volar, es decir, que nos facilita la liberación a través de la capacidad de expresión. Pero el terapeuta no es quien dice lo que se esconde detrás de una enfermedad, sino quien guía al paciente para escribir su historia.

"Somos responsables de nuestra vida"

—¿Diría que somos responsables de nuestra enfermedad?
—Somos responsables de nuestra vida, aun cuando nos lleva hacia donde no queremos ir, porque el auténtico dueño de nuestra vida es nuestro ser interior.

El "yo" se cree al mando, pero no es así. Soy responsable de mi vida y de mi enfermedad, pero no he hecho nada malo ni debo sentirme culpable por ello...

La vida no tiene como objetivo hacernos tropezar, sino que el viajero llegue a su destino. La incomodidad del viaje está más relacionada con la manera que tiene el viajero de conducir. Cada comportamiento y cada gesto repercuten tanto sobre nuestra salud como sobre la humanidad.

—Es difícil mantener el equilibrio que requiere el bienestar en un mundo tan desequilibrado…
—¡Sí, sobre todo cuando se nos hace creer que es sencillo! Es difícil alimentarse bien, por ejemplo. Resulta cuando menos necesario tomarse el tiempo de leer las etiquetas.

Pasa lo mismo en el plano psíquico. Hay que esforzarse para encontrar lo que realmente pacifica el alma en una sociedad donde no hay espacio para el silencio y siempre andamos ocupados. Pero si no hacemos este esfuerzo, la vida nos va a llevar hasta lo más profundo de nosotros mismos en algún momento, obligándonos a atender lo que sucede en nuestro interior.

—¿Qué podemos hacer?
—En Oriente se da importancia al hecho de nutrirse poniendo conciencia, comer con los cinco sentidos, en lugar de hacerlo mientras miramos la tele.

Comer así significa ingerir materia inerte. Antes, el momento de comer era un tiempo de meditación, en el cual se bendecía la mesa. Sería bueno volver a convertir la comida en un reencuentro con los demás, una reunión en el plano físico que se produce también en lo sutil.

En Oriente, el secreto de la salud depende de la capacidad de la persona de vivir en la unidad. Para recuperar esa unidad no podemos esperar que la respuesta nos venga de fuera. Es lo que nos pide la enfermedad, que dirijamos la mirada hacia el interior.

—¿Cómo saber si estamos en el camino de la salud?
—¡Si nos sentimos bien! La salud se construye día a día e, igual que nos cepillamos los dientes a diario, hay que permanecer atentos a nuestro interior.

Unos decidirán meditar, otros rezar o realizar asanas de yoga. También es recomendable instaurar rituales, como al llegar a casa darse una ducha física y simbólica que nos limpie y aleje de lo que viene del exterior, ayudándonos a crear un espacio de reconexión.

Jung decía que el crecimiento del ser pasa por iluminar nuestras zonas oscuras, y todos las tenemos. La vida nos envía guiños para que las iluminemos. Solo hay que estar atentos.

Michel Odoul trabajó como ejecutivo durante años, pero decidió dar un giro radical a su vida para dedicarse a estudiar la relación entre el cuerpo, la mente y el espíritu. En 1996 fundó el Institut Français de Shiatsu y Psicología Corporal Aplicada de París, que sigue dirigiendo en la actualidad.

Después de años de experiencia en consulta recogió sus conocimientos en el libro Dime qué te duele, y te diré por qué (publicado en español por la editorial Robinbook), del que lleva vendidos más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.

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