Chica postura alegre

Elimina las tensiones

¿Qué dice tu postura corporal sobre ti?

En tu cuerpo se reflejan las emociones que sientes: puede verse si estás triste, alegre o si estás pasando por un buen momento. Y al revés: tus emociones pueden reflejar la postura que adquieres conscientemente.

Bibiana Badenes

¿Te has dado cuenta de que cuando estás cansado tu cuerpo lo refleja? No importa si tu cansancio es físico o mental, tu cuerpo acaba actuando como un espejo de ese cansancio, aunque intentes disimularlo.

Pero no solo eso. En tu cuerpo también se reflejan las emociones que sientes, puede verse si estás triste, alegre o si estás pasando por un buen momento. Todo se refleja en él.

Los buenos actores saben cómo funciona esto y a través de sus cambios posturales y de su plasticidad corporal conectan con esas emociones para que haya una congruencia entre lo que dicen y lo que el cuerpo expresa, para que su representación sea creíble. Por eso, cuando son buenos decimos que lo que vemos nos emociona.

Cuando expresamos emociones podemos comprobar que el cuerpo actúa en función de esa emoción expresada. Por ejemplo, el llanto encoge, te cierra, repliega, la espalda se curva…

La postura corporal refleja tu actitud vital

No hablo de una postura de la espalda producto de una lesión, de desgaste óseo o de cualquier otra patología, sino de ese encogimiento físico que expresa un acobardamiento frente a la vida. Por el contrario, la risa expande, te abre.

Cuando la alegría se expresa, el gesto se amplía, la cabeza se endereza, los brazos tienden a abrirse como si quisieran abarcar más espacio vital, y verdaderamente nos sentimos más vitales, más joviales, queremos compartir, somos más sociables.

La emoción se inicia en el cuerpo como parte de una respuesta fisiológica ante una situación o estímulo interno o externo. Cada emoción determina unas acciones musculares que pueden generar un desequilibrio y modificar la postura en una dirección.

Otros músculos son capaces de parar este desequilibrio y recuperar el orden. Podemos expresarnos pasando de una actitud a otra siempre que nos adaptemos a las circunstancias.

Las emociones negativas crean tensiones

Sin embargo, cuando una emoción se instala en el tiempo, el desequilibrio muscular también se establece de forma permanente. Progresivamente, se va formando una tensión muscular que atrapa al cuerpo en una tipología postural determinada y le resta capacidad de adaptación a las circunstancias.

Esto puede provocar, por ejemplo, la aparición de dolores. De ahí la importancia de recibir un trabajo corporal –como masajes específicos o métodos como el Rolfing– para deshacer esas tensiones que condicionan nuestra postura y de ese modo favorecer también un gesto más fluido.

Como hemos dicho, la postura no es algo estático. Nuestra actitud postural se manifiesta también en nuestra forma de movernos: no caminamos igual cuando estamos tristes que cuando nos encontramos felices, cuando tenemos miedo que cuando sentimos ira.

Nuestro estado emocional influye asimismo en nuestra forma de sentarnos; podemos verlo en las escuelas: muchos niños desmotivados se sientan vencidos sobre sí mismos, y mientras mantengan esa postura será difícil captar su atención.

El factor cultural nos condiciona

Muchas de nuestras posturas se aprenden en un contexto cultural. Cada cultura posee posturas que considera correctas y otras que juzga incorrectas, de manera que lo que en una sociedad es signo de buena educación puede resultar inconveniente en otra.

Nuestros gestos cotidianos están precedidos por unos movimientos posturales imperceptibles. Estos se dan de forma inconsciente justo antes de realizar cualquier movimiento y predeterminan claramente nuestra forma de movernos.

Cualquier gesto está precedido de una adaptación a la gravedad. A su vez, nuestro lenguaje corporal es fruto de esa adaptación continua. Si tomamos conciencia de estos premovimientos, conseguiremos movernos, expresarnos y relacionarnos de una forma más armoniosa y fluida.

Reconocer las emociones y sus síntomas en el cuerpo es el primer paso para entenderlas y gestionarlas. El cuerpo es un aliado para influir en nuestro estado emocional.

Ejercicio para sentir las emociones

Piensa en todas las emociones que puedas y luego recréalas en tu cuerpo para determinar a qué posición y a qué postura te llevan.

Si tienes dificultades, trata de imaginar que tienes que representar la emoción en el escenario.

Este ejercicio te ayuda a tomar conciencia de qué hacen tus músculos y qué gestos necesitas para expresar y reconocer cada emoción, y a darte cuenta de que una tensión y una postura determinadas activan una fisiología que asociamos con una emoción.

suscribete Abril 2018

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