Entrevista a William Worden

Entrevista

"El duelo es dolor, pero también crecimiento"

William Worden, máximo referente mundial en duelo y cuidados paliativos, nos ayuda a entender y afrontar la muerte de nuestros seres queridos.

Gema Salgado

Tiene 85 años y un carácter alegre y enérgico, aunque hace 40 años que ejerce una de las profesiones más duras que existen: el acompañamiento en la muerte y los cuidados paliativos psicológicos de los enfermos terminales y de las personas en duelo.

Es William Worden, uno de los mayores expertos mundiales en asesoramiento en duelo y final de vida. Trabajó con la médico-psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, la pionera en este campo, y pudimos entrevistarle en Barcelona durante las jornadas sobre "Visión contemporánea del duelo", a las que asistió invitado por el Instituto de Psicoterapia Integrativa Relacional (IPIR).

Entrevista a William Worden

—¿Cómo podemos ayudar a quien ha perdido a un ser querido?
—En un proceso de duelo normal, un amigo o vecino puede ayudar mucho a la persona que está de duelo escuchando su historia, simplemente escuchándola, porque puede suceder que en la familia no quieran escucharle.

Lo primero en el duelo es creer que pasó, y para tener esta validación necesitas contar la historia una y otra vez; entonces está muy bien el papel del amigo o vecino que escucha, porque cuando alguien muere, incluso cuando hemos estado a su lado y le hemos visto morir, hay una parte de nosotros que no se lo cree.

Hay una parte en mí que quiere coger el teléfono y llamar a mi madre que ha muerto… No te acabas de creer que esa persona ya no está. Por eso es tan importante asistir al funeral, por ejemplo.

—¿Qué otros aspectos son importantes para superar el duelo?
—Una de las cosas más valiosas es expresar las emociones, ya que si no se gestionan se van a quedar atascadas en el cuerpo y pueden originar incluso enfermedades.

Muchas veces aparecen síntomas, los médicos miran y no encuentran nada, y el paciente acaba en el departamento de psiquiatría, porque es algo mental, aunque se manifiesta en el cuerpo como un síntoma de una emoción no expresada.

Luego es importante también que la persona se permita estar triste, no tanto llorar como sentir la tristeza por la pérdida del ser querido. Entonces, depende de la persona, de su cultura y del entorno familiar que un duelo se alargue o no en el tiempo.

—¿Qué no se debe decir nunca a una persona que ha sufrido una pérdida reciente y atraviesa un duelo?
—Si no has vivido la experiencia realmente no puedes decir: "Ya sé cómo te sientes".

Las personas que han pasado por algo similar y sí saben cómo te sientes, normalmente no dicen eso, pero sí pueden acogerte y confortarte. Como profesional, para acompañar en un duelo tienes que haber trabajado antes tus propios duelos para no proyectar sobre la otra persona.

Los duelos complicados

—¿Cuándo se necesita la intervención de un profesional?
—Cuando después de un tiempo de transitar el duelo (dos, tres, cuatro años…), la persona permanece atascada en un punto y no avanza.

En el argot profesional a eso lo llamamos "duelo complicado", y requiere una ayuda profesionalizada, más allá del amigo que da un abrazo.

—Hay duelos traumáticos: padres que pierden a un hijo en situaciones accidentales, por ejemplo. ¿Cómo se abordan esos casos?
—En accidentes o casos traumáticos cuesta mucho más creerse que la persona ha muerto.

Si un avión se estrella y los padres pierden a un hijo, por ejemplo, va a haber muchos sentimientos y emociones. Los padres se repetirán una y otra vez: "No tenía que haber pasado". Estarán cabreadísimos con el piloto… Sentirán rabia, culpa y, por supuesto, desolación.

Pueden tener dificultades para gestionar esas emociones y el profesional puede ayudarles, especialmente con el sentimiento de culpa.

—¿El sentimiento de culpa?
—Hay varios tipos de culpa.

Hay una culpa real, en la que la persona ha sido causante directa o indirecta de la muerte, y luego hay una culpa irracional, que no se fundamenta en nada, ni en ninguna acción, sino en no haberse despedido, no haberle dedicado al fallecido todo el tiempo que quisieras en vida…

Y esto hace sentirse muy, muy culpable. En estos casos, yo le pediría que me contara, por ejemplo, las cosas que sí hizo por el fallecido. Al hacerle ver todo lo que hizo se dará cuenta de que hizo cuanto pudo. Pero si el duelo es complicado y está enquistado conviene recurrir a la ayuda de un profesional.

Los niños afrontan mejor los duelos

—¿Y cuando son los hijos los que pierden a los padres?
—Al contrario que en los adultos, la culpa no es una de las cuestiones más relevantes en los niños en duelo.

A veces puede haber niños que sientan que podrían haber hecho algo por los padres antes de morir o haberles dicho algo, pero no es un sentimiento que perdure en el tiempo.

Básicamente vemos que quienes han perdido a los padres de jovencitos o de niños, a medida que van desarrollándose y llegan a momentos clave en la vida, como la graduación, su boda… revisitan la pérdida y se preguntan cómo sería su relación con el padre o la madre que no está en ese momento.

Entonces vuelven a vivir su pérdida, pero no es algo patológico.

—Y en un primer momento, ¿cómo se trata la pérdida?
—Lo más importante para los niños es mantener las horas de irse a dormir y de las comidas, porque esas rutinas les darán cierta estabilidad ante todo lo que está aconteciendo.

Cuando no se han mantenido vemos más brotes de otros problemas. Esto sería lo primero.

Las tres preguntas básicas que este niño puede tener en su cabeza son: ¿fui yo el causante?, ¿me va a pasar a mí?, y ahora, ¿quién me va a cuidar? Son las preguntas básicas que este niño va a hacerse. Aunque no las exprese, están latentes. El padre o la madre tienen que saberlo, lo exprese el niño o no, y hablarlo con su hijo, si es posible.

Los niños son capaces de superarlo.

Encontrar sentido a la pérdida de un ser querido no es fácil para ningún niño, pero William Worden considera que son capaces de hallarlo.

Las emociones y las nuevas experiencias son clave para ello. Tienen que aprender a gestionarlas y no ocultarlas.

El recuerdo no debe ser evitado, porque es la base de la nueva conexión con los fallecidos.

Los niños son capaces de buscar significado a la experiencia de la muerte, y por tanto de darle uno nuevo a la vida.

—Usted codirige una investigación en Harvard con 125 niños que han sufrido la muerte de uno de sus padres. ¿Qué características tienen los que han conseguido desarrollar su resiliencia más fácilmente?
—La primera diferencia de los niños más resilientes con respecto a los otros es que son niños con mayor autoestima.

La segunda sería la autoeficacia, que sería la capacidad que tiene el niño de aceptar aquello que le pasa.

La tercera es el apoyo social que estos niños han tenido. Es un estudio del que todavía están contrastándose los datos, pero es posible que estos niños hayan tenido un apoyo social fuera de la familia que tal vez los otros niños no han tenido.

—Un resultado interesante…
—El departamento de Psiquiatría de Harvard y el estudio en sí tienen como objetivo la prevención. Este estudio nos da la información necesaria para anticipar y prevenir.

Se desarrollan las herramientas que se necesitan ahora para evitar que estos niños sufran más. En la investigación, enseguida que los padres mueren, a los niños se les hace una batería de preguntas y con esas preguntas se pueden predecir los resultados de cómo estará ese niño a dos años vista, y gracias a esas preguntas se puede saber qué tipo de ayuda necesitan y ofrecérsela desde el primer momento.

Aprender del dolor

—El duelo es dolor, pero también ofrece una oportunidad de crecimiento y de reencuentro con cuestiones esenciales…
—Sí, enfrentarse a la pérdida de un ser querido hace normalmente que la persona toque fondo y que pueda conectar con una visión más profunda de la vida.

Lo que ha sucedido puede llevarle a desarrollar una mayor empatía con las demás personas, una mayor sensibilidad con el dolor en el mundo, y puede conectar con su nueva identidad: ¿quién soy?, ¿qué voy a hacer a partir de ahora?

Una de mis pacientes me explicaba que le cuesta aceptar que su marido ya no está con ella, pero que gracias a eso se reconcilió con su hija. Está muy bien acogerse a la parte positiva que le ha dado esa pérdida dolorosa.

—A usted, que se dedica a dar apoyo a los demás ante el dolor, ¿qué enseñanzas le brinda su profesión?
—Uno de los grandes aprendizajes que me han servido de mucho en mi vida personal ha sido saberme igual que mis pacientes.

Saber que no hay diferencia entre ellos y yo y que lo único que nos separa es el tiempo. Eso me ha ayudado mucho porque hay veces en que el profesional mantiene una distancia, una separación.

Además, aprendí de Elisabeth Kübler-Ross a reconocer mis límites a la hora de acompañar…

—Tratar a menudo con un tema tan sensible, ¿le hace a uno vivir más intensamente la vida?
—Una de las cosas a las que me ha ayudado esta profesión es a no dar nada por hecho.

A veces pienso que voy a vivir más años y otras me vuelvo más realista, pero me ha servido para vivir más intensamente el hoy y no dejar para mañana lo que pueda hacer ahora, sobre todo lo que tiene que ver con expresar un agradecimiento.

Ayer pensaba: estoy en Barcelona y he tenido la oportunidad de tocar el órgano en la iglesia de Santa María del Mar, ¡qué maravilla! No sé cuándo voy a volver, lo más probable es que esta sea mi última visita, y lo asumo, no como algo malo, sino como una toma de realidad. Es extraer lo mejor que tiene cada vivencia, siendo muy consciente.

William Worden es experto en duelo y final de vida, es investigador del Estudio de Harvard sobre Duelo Infantil en el Hospital General de Massachusetts, y fundador de la asociación Educación y Asesoramiento sobre la Muerte y del grupo internacional de trabajo sobre la Muerte, el Morir y el Duelo.

Autor de El tratamiento del duelo (Paidós, 2013), el doctor Worden mantiene su práctica clínica en Laguna Niguel, en California.

Etiquetas:  Emociones Entrevista

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Cuerpomente?