Las alcachofas se encuentran en el mercado desde principios de otoño hasta bien entrada la primavera, aunque hay variedades extranjeras, de mayor tamaño pero menos jugosas, que están presentes en casi cualquier época del año. Una vez las compramos, tenemos muchas maneras de conservarlas adecuadamente para que duren más tiempo.

cómo saber si las alcachofas no están frescas al comprarlas

Al comprarlas es mejor decantarse por los ejemplares pesados, sin manchas y que tengan las hojas cerradas, bien apretadas y brillantes.

Un truco consiste en presionar las alcachofas con las manos cerca del oído: si se escucha un ligero crujido es señal de que es fresca.

Si el tallo y las hojas son blandos, se abre con facilidad y las puntas están resecas es mejor descartarla porque indica que lleva demasiado tiempo recolectada y ha perdido buena parte de sus propiedades.

Las alcachofas de invierno, más tardías, pueden presentar manchas bronceadas, pero esto no significa que sean viejas siempre que el resto de referencias no lo indiquen.

Cómo conservar las alcachofas para que duren más

Las alcachofas pueden mantenerse en el frigorífico, dentro de una boIsa de plástico y preservando su tallo hasta el momento de prepararla.

Sin embargo es mejor no cubrirlas o envolverlas con papel de aluminio, pues al entrar en contacto con este material se oxidan.

Una vez cocida tampoco debe guardarse porque produce un hongo de color verdigrís llamado bremia, que puede resultar nocivo para la salud.

La única parte de esta verdura que admite congelación son los corazones o fondos de la alcachofa, que se deben blanquear previamente en agua hirviendo con un poco de sal y unas gotas de vinagre durante 4 minutos.

Después se enfriarán bajo el agua del grifo y se introducirán en el congelador envueltos en bolsa de plástico con cierre hermético.

CÓMO HACER CONSERVA CASERA DE ALCACHOFAS

Para prepararlos en conserva y poder disfrutar de las delicias de esta verdura fuera de temporada, se deben escoger los mejores ejemplares, bien apretados y sin mácula.

Para preparar los corazones o fondos primero se han de extraer las hojas exteriores con la ayuda de un cuchillo y cortar la alcachofa transversalmente, retirando las dos terceras partes correspondientes a la punta,

Seguidamente, se parte el tallo con la mano, doblándolo hasta que se suelte, para arrancar las fibras del fondo y, por último, se corta la base de forma que quede plana, extrayendo también la pelusilla interior si fuera necesario.

A medida que se vayan preparando se introducen en agua fría con zumo de limón, para evitar que se oxiden.

A continuación, como si se fueran a congelar, se colocan los corazones en unos tarros de cristal esterilizados, disponiéndolos de forma que no quede espacio entre ellos.

Se añade seguidamente agua muy caliente y salada (150 gramos por litro) y unas gotas de zumo de limón recién exprimido o en su defecto vinagre de vino blanco.

Por último, se cierran bien los tarros y se esterilizan al baño María durante unos 45 minutos aproximadamente. 

Cómo aprovechar los tallos de las alcachofas

Las personas a las que no les guste dejar el tallo en su preparación, pueden guardarlo dentro de la nevera para añadirlo después en sopas, cremas y menestras. 

Los tallos de las alcachofas más tempranas son tiernos una vez se han cocido. Se pueden consumir salteados, rebozados o al vapor y resultan deliciosos servidos con una salsa roquefort.

Para prepararlos, se cortan con la mano y se pela con un cuchillo pequeño la capa exterior más fibrosa. Si el tallo es grueso, pueden cortarse a lo largo por la mitad.