Un nutritivo regalo

7 bayas del bosque muy vitamínicas

Cuando el verano llega a su fin, bosques y jardines ofrecen sus bayas como un postrer regalo. Sabrosas y resplandecientes, son un placer para los sentidos.

Santi Ávalos, cocinero vegetariano
Santiago Ávalos

Cocinero vegetariano

Con la llegada del otoño, un paseo por el bosque puede ofrecer no solo una experiencia de reconexión con la naturaleza sino también una deliciosa merienda.

Disfrutar de las bayas que brotan en los arbustos en esta época del año es además una forma excepcional de reforzar nuestras defensas ante las próximas infecciones estacionales, como los típicos cuadros catarrales, ya que se trata de frutos muy ricos en vitaminas.

7 frutos del bosque: descubre su potencial nutricional

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Alquequenje

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Alquequenje o Physalis

La singular belleza de esta baya tropical no tiene parangón.

Su fruto globuloso, protegido por unos delicados pétalos secos, posee un efecto decorativo al que se recurre con frecuencia en postres sofisticados; por eso a veces se le denomina también "linterna china".

Desprende un sabor dulce con un ligero regusto ácido que hace de él un ingrediente ideal de salsas y mermeladas o para degustar, tal cual, en macedonias y ensaladas.

Es muy rico en vitaminas A y C, tiene propiedades antibacterianas y puede contribuir a regular el colesterol.

Para conservarlo se recomienda no sacarlo de la vejiga membranosa hasta el momento de consumirlo.

Foto: Anna García
ARANDANOS. Arándanos

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Arándanos

Se identifican fácilmente por su bonito color negro azulado, que alcanza su mayor esplendor al final del verano.

Su aromática pulpa contiene abundante pectina, y al poseer un sabor acidulado es muy adecuada para la elaboración de confituras y mermeladas.

Los arándanos también constituyen un ingrediente de lujo en algunos platos salados y pueden adornar un postre o bocadito.

Contienen vitaminas A y C en proporciones considerables, pero es su riqueza en taninos lo que convierte a los mirtilos en un poderoso antiinflamatorio y antiséptico, muy eficaz contra la diarrea y las infecciones de orina.

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Foto: Anna García
Grosella negra

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Grosella negra

Crecen silvestres en buena parte de Europa y tienen notables propiedades terapéuticas, sobre todo por su extraordinario contenido vitamínico: las grosellas contienen el triple de vitamina C que la naranja.

La medicina tradicional prepara con ellas un eficaz jarabe para la garganta y remedios contra el resfriado. Cuando son muy dulces despiertan el apetito.

En la cocina pueden incluirse crudas en macedonias o en aperitivos y postres, acompañadas de queso fresco. Su riqueza en pectina las hace idóneas para jaleas y mermeladas.

Se conservan pocos días en la nevera, por lo que cuesta obtenerlas frescas.

Foto: Anna García
Fresa silvestre

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Fresa silvestre

Las aromáticas fresas silvestres, de tamaño menor que las cultivadas, poseen un sabor más intenso y una textura que las hace muy apreciadas.

Hay variedades de color blanco o amarillo, menos atractivas pero de un sabor delicioso que recuerda la vainilla.

Son muy digestivas, ricas en vitamina C (100 g de fresas cubren toda la cantidad que se necesita al día), contienen pocas calorías y ejercen una acción depurativa sobre el organismo por su efecto laxante y diurético. Al natural resultan aperitivas.

Como son bayas muy frágiles, es preferible limpiarlas en seco.

Foto: Anna García
Zarzamora

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Zarzamora

Aunque las de la morera también se consumen, en nuestro país tienen más éxito las de la zarzamora.

Las moras crecen silvestres en casi todo el mundo, y por su agradable sabor dulce y sus cualidades culinarias se cultivan extensamente.

Son ricas en vitamina C (100 g aportan el 17% de la necesaria al día) y ácido fólico, y sirven para preparar jarabes medicinales.

Por su textura jugosa se aconseja consumirlas tal cual, recién recolectadas, especialmente acompañadas de helado, yogur o los cereales del desayuno.

Como se estropean rápidamente, conviene comerlas cuanto antes.

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Foto: Anna García
Frambuesa

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Frambuesa

El frambueso pertenece a la familia de las rosas y su nombre científico (Rubus idaeus) hace referencia al monte Ida de Creta, donde se cree que se encontró por primera vez.

Suelen tener un color rojo oscuro, como el rubí, pero también las hay amarillas.

Su penetrante aroma, su textura sedosa y su intenso sabor dulce, con un dejo de acidez, la convierten en una de las bayas más apreciadas para consumir crudas.

Se pueden saborear en ensaladas y postres o combinadas con lácteos.

Es una baya rica en ácidos orgánicos, vitamina C y potasio.

Foto: Anna García
Uva espina

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Uva espina

Se trata de un pariente de la grosella que crece en arbustos repletos de espinas.

Sus bayas, muy populares en Inglaterra y Centroeuropa, pueden ser rojas y velludas, o con una piel tersa de color verdoso.

Muchas resultan tan dulces y agradables de sabor que suelen tomarse crudas, tal cual, sobre todo si se recogen maduras.

Muy rica en vitamina C, B1 y hierro, es a menudo prescrita para la anemia.

Puede guardarse en la nevera durante una semana.

Foto: Anna García

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