Mediante cosas o acciones muy sencillas se puede obtener un gran bienestar. La cuestión, por supuesto, es experimentarlo, y no conformarse solo con pensarlo o decirlo. Cada ser humano posee su caja personal de tesoros, con los que consigue mucho de la vida a cambio de poco. Algunos de esos recursos van más allá del entretenimiento o la diversión y permiten restablecer una armonía interior que andaba perdida o por debajo de sus posibilidades. Esa es una de las características que comparten, por ejemplo, las terapias naturales: restituir la salud o el equilibrio anímico a través de procedimientos suaves. Sentirse bien no tiene por qué implicar un derroche de esfuerzos y energías. A veces basta con medidas muy simples. La naturaleza nos ofrece hermosas lecciones. La planta cuyas raíces se hunden en la tierra no frunce el ceño ni aprieta los dientes: solo crece despacio y en silencio. Un gato se estira antes y después de cada ejercicio, evitando tensiones y movimientos inútiles. Muchas enfermedades se curan simplemente con descanso o renovando la perspectiva vital. Se trata de una verdad tan elemental como a menudo olvidada, en un mundo cautivado por la aceleración y la complejidad. Pero hay que recordarla. La vida puede resultar muy grata si la liberamos de ciertos lastres alimenticios, corporales, mentales... y recuperamos esa vieja sabiduría que combina alegría, amor y sencillez. La emoción que se materializa en torno a un recién nacido tiene que ver quizá con esos dones, comunes a los seres humanos. Confiamos en que buena parte de los artículos de este mes (La dieta y el ánimo, Salud y placer en el agua, Correr para sentirse bien, Cómo ganar concentración, El humor en la pareja, El valor de aceptar...) impulsen el reencuentro con esa vieja caja de tesoros. |
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