En casa

Las distintas germinadoras y claves para germinar

Santi Ávalos

Hacer germinados en casa es mucho más fácil de lo que parece. Solo hace falta un tarro de boca ancha, una rejilla o gasa y un poquito de paciencia.

Germinar semillas, aparte de que permite contemplar su crecimiento, nos hace partícipes de ese principio de renovación de la vida, del que se suele estar desconectados en la ciudad, y nos provee de un alimento excepcional. 

Pocos alimentos proporcionan tanta vitalidad como los brotes tiernos de los vegetales, ya que algunas vitaminas de las semillas se multiplican varias veces durante la germinación, mientras se crean sustancias como la clorofila, enzimas digestivas y ciertos aminoácidos.

La forma más simple de prepararlas es utilizando un tarro de cristal de boca ancha y lo bastante grande como para germinar dos o tres cucharadas soperas de semillas. Hay que tener presente que las semillas van a aumentar varias veces su tamaño y que necesitarán espacio para desplegar su raíz y su tallo. 

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Haz tus germinados en casa

En la fase final de crecimiento aún debería estar libre una tercera parte del tarro para evitar que los germinados se pudran por falta de ventilación. Conviene utilizar semillas ecológicas a ser posible y desechar las que se vean envejecidas o en mal estado. Las semillas que se comercializan en viveros o floristerías suelen estar fumigadas con plaguicidas que no desaparecen durante la germinación. 

Las legumbres y cereales que hayan sido precocinados, procesados o refinados han perdido su poder de germinar. 

Tipos de germinados

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1. De barro

El material natural de las germinadoras de cerámica o terracota resulta óptimo para la germinación. Su porosidad permite la transpiración, regula de forma natural la temperatura del interior y absorbe la humedad excesiva de las semillas, lo que impide la putrefacción. Son bonitas y decorativas.

 

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2. Caseras

La forma más económica de iniciarse en la germinación es reciclar un tarro cualquiera de cristal. También se necesita algo que sirva de colador, como una rejilla o una gasa, que puede sujetarse a la boca del bote mediante una goma. El tarro se deja inclinado para que escurra.

 

Las distintas germinadoras

Las semillas mucilaginosas (como las del berro, albahaca, rúcula, mostaza o lino) no pueden ser germinadas en este tipo de germinadoras, pues los mucílagos retienen mucho el agua y se pudrirían. En ese caso se emplea un germinador de bandeja, o bien se extienden sobre una malla, alejadas del contacto directo con el agua. Se mantienen húmedas con un pulverizador.

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El punto de humedad

Se empieza por introducir en el tarro las semillas seleccionadas, se cubren con agua y se tapa el frasco con una gasa o rejilla. En esta fase, esencial para despertar la semilla, es importante emplear agua de calidad, como agua mineral o una de grifo filtrada por un sistema que respete el contenido de minerales esenciales.

La duración de esta fase de remojo depende del tamaño y del tipo de semilla. Semillitas pequeñas de plantas como la alfalfa o el trébol tienen suficiente con 3 o 5 horas, mientras que las legumbres y la mayoría de los cereales, como los garbanzos, la judía mungo o la avena, necesitan como mínimo toda una noche cubiertas de agua.

Pasado ese tiempo de remojo se deja el tarro inclinado para que se elimine toda el agua sobrante. Una vez activadas las semillas con la hidratación hay que mantener las condiciones óptimas de humedad y temperatura para que se desarrollen en el menor tiempo posible.

Para eso se enjuagan los germinados, se escurren de nuevo y se dejan en un lugar templado (18-24 ºC) y al abrigo de la luz. Este enjuagado se tiene que realizar dos veces al día (mañana y noche), pero si hace mucho calor o el ambiente está muy seco es posible que haya que aumentar la frecuencia.

Lo importante es que las semillas mantengan una finísima película de agua y cuenten con aire renovado para que no se lleguen a pudrir.

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Amor y buenas intenciones

El tiempo que tardan los germinados para estar listos para su consumo es muy variable y depende de la época del año, el riego (enjuagado) y la temperatura. Cereales y legumbres se suelen comer en las fases más tempranas de la germinación, cuando apenas despunta el germen, mientras que los germinados de verduras y plantas como la remolacha o el hinojo se consumen en una fase más avanzada, en la que ya aparecen unas pequeñas hojitas.

Pueden exponerse a la luz los dos últimos días para que desarrollen clorofila. También puede emplearse alguno de los modelos de germinadora de los muchos que se pueden encontrar en comercios de alimentación natural o en internet.

Existen incluso germinadoras automáticas que generan una corriente de agua y aire constante mediante bombeo eléctrico.

Por último, tengamos presente que una semilla en germinación es un ser vivo, una planta en proceso de desarrollo, lo que significa que es muy sensible a nuestros cuidados. Con la experiencia descubriremos que, al igual que sucede con nuestras plantas, su desarrollo mejora cuando les enviamos amor y buenas intenciones.

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