Guía de terapias naturales
Análisis bioenergético
Esta técnica ayuda a conocerse mejor a través de la expresión verbal y corporal.
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Sociedad Madrileña de Análisis Bioenergético Mª Ángeles Gorgas, tel. 91 313 44 85
Associació Catalana d´Anàlisi Bioenergètica Dolors Boada, tel. 93 210 11 97
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Euskal Erriko Analisi Bioenergetikako Elkartea Maite Zumalde, tel. 94 329 04 56
Sociedad Andaluza de Análisis Bioenergético Luis Naranjo, tel. 95 458 00 11
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Creado por Alexander Lowen en los años 50 como continuación del trabajo iniciado por Wilhelm Reich (discípulo de Freud), el análisis bioenergético es un método terapéutico que permite entender los conflictos emocionales inconscientes a través de las tensiones musculares y los bloqueos energéticos corporales que obstaculizan la salud. Dolors Boada, presidenta de la Asociación Catalana de Análisis Bioenergético, explica que nuestro cuerpo encierra conflictos generados desde la infancia en forma de corazas musculares, tensiones o bloqueos crónicos que inhiben a la persona en diferentes facetas de su vida: en el ámbito relacional, amoroso... Esta terapia puede ayudar a tomar conciencia de esos conflictos y a que la persona se abra a una nueva forma de vivir su cuerpo y sus emociones. En las primeras entrevistas el terapeuta puede observar a través de la expresión verbal y corporal de qué manera se manifiesta el conflicto. Anna Brossa, especialista en análisis bioenergético, comenta que además de la lectura corporal tiene una especial relevancia la respiración y el movimiento para desbloquear las tensiones corporales y ayudar a la persona a restablecer el contacto con las emociones. En cuanto a las indicaciones de la terapia, puede resultar útil en problemas de depresión, angustia, momentos de crisis o de cambio, trastornos psicosomáticos y como una poderosa herramienta para el autoconocimiento.
Una vía para crecer Nuri descubrió el análisis bioenergético hace tres años, a través de la grata experiencia de una amiga con esta terapia. «Siempre que me hablaba de ello me parecía muy interesante, era algo que me atraía como fuente de conocimiento personal, pero al mismo tiempo me daba cierto miedo, pensaba que era muy arriesgado iniciarlo y descubrir, con toda probabilidad, algo de mí misma o de mi historia que me sorprendiera y no me gustara», comenta Nuria recordando ese temor pasado. «En julio de 2001 me decidí a probar, pues vivía un momento de cambios y no sabía cómo encauzarlos. Me sentía confusa, tenía miedo a equivocarme tanto en el análisis de la situación como en las decisiones que tomara. Así pues, sumamente abierta y confiada inicié mi terapia. »El método combinaba la expresión a través de la palabra con el trabajo corporal y el uso de la voz. Recuerdo cómo los ejercicios propuestos por Dolors, que al principio me parecían cuanto menos extraños, en ocasiones me ayudaban a contener emociones y a encontrar cierta paz; a veces agitaban emociones profundamente escondidas para facilitar su exteriorización; y en algunas sesiones me hacían ser consciente de mi fuerza y de mis posibilidades. En todos los casos, me ayudaban a conectar con mis emociones, fueran las que fueran, a no reprimirlas ni obviarlas... al contrario, a dejármelas sentir y ver hacia dónde me llevaban.»
Nuri explica que en una primera fase consiguió expresar su desasosiego, dudas y miedos, el sentimiento de culpa e incomprensión por su situación y sus propias decisiones, aparentemente sin motivo. La segunda fase se inició cuando el torbellino de emociones se fue calmando y empezó a afrontar una revisión más profunda de sí misma, a través de su historia personal. «Fui tomando conciencia de aquello que me había producido dolor –de mi forma de ser y de actuar ante ello– y de cómo había influido en mi personalidad y condicionaba aún mi forma de vivir. Es un proceso de deconstrucción primero y de construcción, pieza por pieza y desde los cimientos, después», asegura. Nuri comenta que las mejoras se notaron desde el inicio de la terapia, aunque de formas y en niveles distintos. «Primero la paz que me proporcionaba la contención de la terapeuta; después, aprendí a detectar la relación íntima entre el cuerpo y las emociones, empecé a reconocer señales físicas que, también hoy, me alertan cuando algo no va del todo bien. Por experiencia sé que, cuando eso ocurre, debo escucharlo y averiguar qué me está sucediendo. Paralelamente empecé a cobrar, de forma consciente, sentido de identidad propia; y finalmente, empecé a modificar actitudes que me limitaban y me dañaban». «Mi nueva forma de actuar –sin repetir una y otra vez patrones antiguos–, por no contar con referentes, me generó cierta inseguridad, pero poco a poco fui afianzándome en el ejercicio de tenerme en cuenta, en detectar si no lo hacía, en rectificar y en arriesgarme con lo nuevo y aprender del resultado.»Hace ya más de un año que Nuri finalizó la terapia y que le ha ayudado a ser más honesta y clara consigo misma y con los demás y a tomar las riendas de su vida.
Gema Salgado
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