Un buen hábito

5 motivos para recuperar tu bicicleta

Frente al estrés que suponen los atascos o el creciente gasto en combustible, la bicicleta es una opción al mismo tiempo saludable, barata y ecológica.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Se calcula que en la actualidad circulan más de mil millones de vehículos a motor por las carreteras de todo el mundo, lo que implica una enorme contaminación tóxica para las personas, mucho ruido, el aumento del cambio climático y un sinfín de peligros más.

El automóvil, que parecía una máquina de enorme practicidad por su capacidad para resolver asuntos y ganar comodidad en el día a día, se está volviendo contra nosotros.

Lo que parecía un instrumento útil para facilitar los trabajos rutinarios de transporte y traslado se está convirtiendo en algo inútil y superfluo que en lugar de facilitarnos la vida nos la complica.

Lo que servía para llegar más temprano hace llegar tarde y empieza a condicionarte: tienes que buscar dónde aparcar, pagar la gasolina, el seguro, impuestos y puestas a punto... y aumenta el sedentarismo.

Por eso veo cada día más inteligente, práctico y saludable mi planteamiento de ir en bicicleta.

¿Es mejor ir en bicicleta que andando?

Los recorridos algo largos aportan beneficios que complementan el ir andando a los sitios: se consigue un ejercicio más aeróbico y se entrenan los músculos cuádriceps en las cuestas.

Y, para los delicados del corazón y los que nos apura un poco la cuesta arriba, esperemos que proliferen las bicis con motor para ponerlas en marcha en la cuesta arriba y luego disfrutar al deslizarnos, cortando el viento, en la cuesta abajo.

Contemplar el paisaje, sentir el cuerpo y el tono muscular, ejercitar el equilibrio físico y psíquico...

Ir en bicicleta es saber disfrutar de esa experiencia, de los pequeños viajes, de los momentos en los que acompañando el esfuerzo muscular nos deleitamos con el movimiento y lo reservamos en la memoria de los momentos agradables.

Cinco razones para elegir la bicicleta

  1. Ecológica. Al usarla no se emite más dióxido de carbono que el de la propia respiración y, además, se evita emitirlo con cualquier otro medio de transporte.
  2. Saludable. Pedalear mejora la fuerza, la puesta a punto, la resistencia, la capacidad cardiopulmonar y el equilibrio. Antes y después conviene trabajar la flexibilidad mediante estiramientos.
  3. Silenciosa. El 80% del ruido que constituye la contaminación acústica en las ciudades proviene del transporte a motor.
  4. Eficiente. Está comprobado que es más rápida que el coche para las distancias cortas dentro de la ciudad, y a veces es la única forma alternativa no contaminante para desplazarse por zonas rurales.
  5. Económica. Se calcula que tener coche cuesta alrededor de 250 euros mensuales en países del "primer mundo", sin contar lo que se puede gastar en combustible. Tampoco se contabiliza, por supuesto, el coste social de los accidentes y la contaminación, que se calcula (si es que puede cuantificarse en dinero... ) en alrededor de 100 euros más por mes. El coste de la bicicleta es prácticamente cero.

Ir al trabajo en bicicleta

Seguramente todo el mundo tiene un amigo, familiar o conocido que acude diariamente en bicicleta al trabajo. Hace no demasiados años, sobre todo en las grandes ciudades, eran unos pioneros que casi se jugaban la vida en un acto político de rebeldía. Hoy, la cruda realidad del petróleo, el aumento del precio del transporte público, la comodidad, o incluso la moda, han hecho que esta tendencia esté en aumento. Y es que tiene muchos beneficios:

  • Ir al trabajo en bicicleta ayuda en muchos casos a llegar antes y más satisfecho y relajado.
  • Contribuye según numerosos estudios a mejorar el estado general de forma, combate el sobrepeso, ayuda a liberar el estrés por su naturaleza de ejercicio suave, cíclico y repetitivo, y es beneficioso en el control del colesterol y la hipertensión.
  • Por si esto no fuera suficiente, mucha gente está descubriendo que los trayectos se ven distintos desde el sillín: uno parece apropiarse de las calles y avenidas, y genera una relación especial con ellas, del mismo modo que un paseante crea un vínculo único con el paisaje.

¿Cómo empezar a ir en bicicleta?

Elige la bici y recorre las calles de tu barrio. En un día de fiesta y con menos tráfico, ve hasta el lugar del trabajo para aprenderte el recorrido.

Cuando te sientas con ánimo, utilízala para ir y venir en trayectos cotidianos.

En cuanto lo hayas hecho unos días, las piernas y el cuerpo tendrán otro tono vital.

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