Cuando una persona "fluye", es capaz de adaptarse a todo tipo de situaciones y toma sin esfuerzo las decisiones más acertadas en cada momento. El estrés y la fatiga dejan paso a la creatividad y el entusiasmo, y hasta parece que los acontecimientos se alíen con ella para ayudarle a alcanzar sus objetivos.

Se dice que la vida surgió en el mar, donde los seres fluían en el caldo de cultivo de un mundo primigenio. Tal vez desde entonces tenemos latente la capacidad de fluir con la existencia y el entorno.

Por desgracia, esos instantes sublimes suelen ser escasos y fugaces. En la vida cotidiana confluyen egos, conflictos y obligaciones que interrumpen ese flujo feliz y nos hacen sentir fragmentados. ¿Por qué?

Tal vez se deba al afán por analizar, diseccionar la vida, que detenemos bajo el microscopio de la razón. Pero la realidad es un río cambiante, como diría Heráclito, que no se deja encauzar y requiere un bote flexible para navegar por ella.

qué significa fluir por la vida

Quien tiene un gato en casa puede comprobarlo fácilmente, como explica Jostein Gaarder en su best-seller El mundo de Sofía (Ed. Siruela).

El autor formula el siguiente ejemplo: "Imagina un gato que está apaciblemente recostado en la alfombra. Si en aquel momento pasa por su lado una pelota rodando, ¿qué hace el gato? Naturalmente, lanzarse tras ella. Pongamos ahora que la pelota pasa ante un ser humano sentado en una silla, ¿qué hace? Antes de nada, mirar de dónde viene".

Los seres humanos vivimos en una realidad acotada por la causa y efecto, como el hombre herido por una flecha del que habla Buda en uno de sus discursos, que antes de salvar su vida prefiere saber de dónde llegó el proyectil, quién era el arquero, cuáles sus motivos...

El gato, en cambio, es ajeno a esa estructura rígida, y fluye alegremente con la pelota sin ningún tipo de interferencia.

qué tiene que ver fluir con la felicidad

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, que popularizó el término fluir en su bestseller del mismo título, dedicó 25 años a responder una pregunta que nunca se había analizado científicamente: ¿Cuándo se sienten felices las personas?

Ése fue el inicio de una investigación titánica en la que participaron miles de voluntarios, que respondían a la llamada de un buscapersonas a horas concretas del día.

En total se recogieron más de 100.000 "momentos" felices en diferentes lugares del mundo. 

Curiosamente, la mayoría de las personas que reportaron hallarse en un instante de felicidad estaban trabajando.

En los periodos de ocio, el "flujo" era menos común, aunque se daba en actividades placenteras que requieren prestar atención, como hacer surf, tocar un instrumento o cocinar un nuevo plato.

En última instancia, el flujo de la felicidad demostró depender bastante de las metas profesionales, personales o espirituales que uno va alcanzando con su propio esfuerzo, especialmente cuando se acaba de resolver un problema. El fluir va asociado a la superación personal, al movimiento hacia delante.

La conclusión de Csikszentmihalyi fue: "Cada uno de nosotros tiene una idea, aunque sea vaga, de lo que le gustaría conseguir antes de morirse. Lo cerca o lo lejos que lleguemos o estemos de ese objetivo se convierte en la medida de la calidad de nuestra vida".

El alpinista Reinhold Messner, además de ser pionero en coronar los catorce «ochomiles» sin oxígeno extra, destacó por su capacidad de fluir con los mayores obstáculos del alpinismo.

En la novela de Irene Mond sobre los sueños lúcidos El castillo de los 9 espejos (Ed. Obelisco), un terapeuta explica a su paciente cómo conseguía Messner sus éxitos:

"-Quien quiere ocuparse de todo, acaba no ocupándose de nada. Analiza los fracasos de tu vida y te darás cuenta de que tienen su origen en la dispersión (...).
-Seguiré su consejo pero, dígame profesor, ¿qué tiene que ver ese alpinista con todo esto?
-Cuando un periodista preguntó a Messner cómo había logrado coronar los catorce ochomiles, él respondió: 'Muy sencillo, siempre he hecho una sola actividad a la vez, con todas mis fuerzas y todo mi tiempo. El mío es un compromiso total'."

cómo Fluir hacia donde nos lleva el azar

La idea del flujo no es, lógicamente, un "descubrimiento" de la psicología contemporánea. Encontramos ya este concepto en los filósofos presocráticos, en el budismo y, sobre todo, en el taoísmo, que hunde sus raíces en la China ancestral.

Lao-Tse habla en el Tao Te Ching sobre la plenitud que se obtiene al entregarse al Camino (Tao), fluyendo con él en vez de oponerse al orden natural del universo.

Para nadar en el Tao no es necesario realizar nada forzado o artificial. Basta con encontrar y seguir la esencia de cada uno y despojarse de doctrinas y conocimientos superfluos. En suma: ser uno mismo en armonía con la vida.

No siempre es fácil, pero a veces sucede. Era domingo y, camino de un hospital de la zona alta de Barcelona, donde iba a visitar a un familiar, me detuve en el único café que vi abierto.

Después de desayunar copiosamente me di cuenta de que no llevaba dinero encima. Sofocado, expliqué al dueño lo que sucedía y salí en busca de un cajero automático. Al entrar en el banco, me sorprendió la presencia de tres mendigos que se habían instalado ahí; uno de ellos tosía y parecía muy enfermo.

Mientras yo marcaba la cantidad de 40 euros, tuve la convicción de que aquel cajero elitista acogía a los tres tipos más pobres de la ciudad. Sentí que no podía ignorarlos sin más, así que entregué a uno de ellos un billete de 20 euros, quedándome yo con el otro.

Cuando regresé al café para pagar la cuenta, el propietario se negó extrañamente a que le diera el dinero. Insistí y me dijo casi ofendido: "No, por favor. Nos puede pasar a todos", así que le di las gracias y me fui.

Minutos después recibí la llamada telefónica de una amiga, que había recibido un pago para mí de un antiguo trabajo que ya tenía olvidado.

Esta cadena de hechos afortunados se prolongó durante dos días. Luego volvió la calma. ¿Qué explicación dar a todo esto? ¿Era sólo suerte, un cúmulo de casualidades, o el karma diario que nos labramos paso a paso?

En su novela La música del azar (Ed. Anagrama), Paul Auster afirma que nadie tiene un control directo sobre la suerte, pero cuando se pone misteriosamente de nuestro lado, lo único que podemos hacer es dejar que suene la música del azar sin interrumpirla.

Personalmente, creo que aquellos días fluía de lleno en el tao, aunque yo no lo sabía, y tal vez precisamente porque no esperaba ninguna recompensa, recibí un generoso pago a mi modesta generosidad.

Por extraño que pueda parecer, el éxito siempre parece rehuir a aquellos que lo persiguen por encima de todo. Quizá porque al obcecarse con la meta olvidan los placeres del camino, las personas muy ambiciosas tropiezan constantemente con obstáculos y son presa fácil de la frustración.

O bien tienen problemas para amoldarse a las circunstancias imprevistas que no dependen exclusivamente de su voluntad.

Quien fluye con la vida, en cambio, es como un vagabundo despistado que recorre el sendero silbando plácidamente y encuentra un tesoro sin haberlo buscado.

De la zanahoria del deseo al camino como meta

Tal vez sea la dinámica del deseo el enemigo número uno del fluir y, por consiguiente, de la felicidad.

El deseo es insaciable y nos devuelve siempre a la casilla de salida: tras haber conseguido algo, regresa la insatisfacción y nos propulsa hacia un nuevo capricho.

La felicidad se pospone hasta la materialización de ese nuevo deseo, que es como la zanahoria que hace andar al borrico, pero no hacia donde quiere.

Al fluir con cualquier actividad podemos tocar el aquí y ahora. Quien se entrega en cuerpo y alma a aquello que está haciendo tiene la oportunidad de sacar lo mejor que lleva dentro, paso a paso, molllento a momento.

Cultivar esa capacidad innata del ser humano requiere apertura y confianza. Con ella la vida cobra más brillo, ya que dotamos de sentido a los quehaceres del día a día y nos acercamos a nuestra esencia y a la de los demás, llevando el tao a la vida cotidiana.

El arte de fluir enseña a abrirse a las experiencias, a escuchar la intuición y desarrollar el potencial creativo. Cuando se afronta la realidad de esta manera, las dificultades se diluyen y las oportunidades se multiplican.

Así como los luchadores de judo aprovechan la fuerza del oponente en beneficio propio, al fluir asumimos cada nueva circunstancia como una ocasión de poner a prueba nuestros recursos y perfeccionarnos.

Podrían distinguirse dos tipos de actitudes respecto a la capacidad de fluir: la de las personas que culpan de sus calamidades a todo lo que les rodea, como si vivieran en un campo minado, y las que sacan partido de ese mismo tejido con el que está hecha la realidad, que tanto sirve para hacer una escalera como una cuerda para ahorcarse.

Las primeras no saldrán de su postración hasta que no se gradúen las gafas (las de detrás de los ojos, que son las que cuentan), ya que en última instancia la felicidad depende de cómo la mente interpreta las experiencias cotidianas.

Antes de lanzarse a fluir es aconsejable, como los nadadores antes de entrar en la piscina, tomar una buena ducha que haga caer todos los prejuicios, ideas preconcebidas y autolimitaciones que vamos cargando por el mundo.

Sólo así, ligeros de equipaje, será posible navegar sin crisparse por los rápidos de la vida. La energía infinita que anida en el presente todo lo puede, como el agua que moldea la piedra, y quien la captura perpetúa la dicha instante a instante. Es un torrente milagroso que está al alcance de todo aquel que esté dispuesto a entregarse a él.

Hace más de dos milenios, Aristóteles ya llegó a la conclusión de que todos los seres humanos buscan a la felicidad, y que cualquier otro objetivo más tangible (poder, dinero, salud, belleza...) es sólo un medio para conseguirla.

Ahora sabemos además que la felicidad, más que una meta, es un modo fluido de caminar.

Técnicas para aprender a fluir y armonizar la conciencia

Diversas técnicas orientales favorecen un estado de fluidez que diluye los límites entre el observador y lo observado, el objeto y el sujeto, fuera y adentro.

En prácticamente todas las ciudades españolas y en ciertas poblaciones menores empiezan a existir centros donde se imparten estas disciplinas, tanto en días laborables como en talleres de fin de semana.

MEDITACIÓN

Sentarse en silencio, con la atención centrada en un objeto fijo, por ejemplo la propia respiración, es probablemente el método más poderoso y sencillo para fluir

con lo que nos rodea y gozar de la calma mental.

Med-11

LECTURA RECOMENDADA

21 MEDITACIONES PARA LA CALMA

YOGA, TAICHI, CHIKUNG

Las posturas y ejercicios del yoga, así como las artes marciales suaves, son ideales para trabajar la elasticidad física y mental, cultivar la atención y deshacer bloqueos energéticos.

ARTES MARCIALES

Las disciplinas más vigorosas como el judo y el aikido fomentan el equilibrio personal y la neutralización de impulsos negativos externos. Se aprende a reconducir la energía hostil de modo que se vuelva contra el atacante.

PINTURA, CALIGRAFÍA, POESÍA

En general, todas las artes favorecen la conexión con el flujo universal. En Japón se han practicado tradicionalmente con este fin la acuarela, la caligrafía y el haiku: una forma poética muy breve que plasma un instante de comunicación con el universo.

MASAJES ORIENTALES

Los clásicos de Oriente (ayurvédico de la India, tailandés, tibetano, chino o tuina y el shiatsu japonés) armonizan el cuerpo a múltiples niveles, incluyendo el energético y el psíquico, y permiten relacionarse con el mundo de una forma abierta y libre de resentimientos.

JARDINES ZEN, ARREGLO FLORAL (ikebana), laberintos, ceremonia del té ...

Más allá del efecto estético, estas artes buscan la comunión del sujeto con el objeto, crear un continuo de belleza que ayude a fluir en la vida cotidiana.

Libros para aprender a fluir

  • Mihaly Csikszentmihalyi: Fluir (flow); Ed. Kairós
  • Lao-Tse: Tao Te Ching; Ed. RBA-lntegral
  • C. Alexander y A. Simpkins: El zen simple; Ed. Océano-Ambar