Entrevista con Danièle Flaumenbaum

"La sexualidad completa nos da un plus de energía"

Cristina Sáez

Danièle Flaumenbaum, ginecóloga desde 1972 por la Facultad de Medicina de París, integra ginecología, acupuntura y psicoanálisis.

Danièle Flaumenbaum nació durante la II Guerra Mundial en el sur de Francia. Que lo hiciera allí y no en la Polonia natal de su familia fue una cuestión de necesidad: sus padres eran judíos y tuvieron que emigrar para escapar de la barbarie nazi.

Ginecóloga, especialista en medicina tradicional china y psicoanalista transgeneracional, Flaumenbaum es autora de 'Mujer deseada, mujer deseante' (editorial Gedisa), donde defiende la sexualidad completa de la mujer como fuente de salud. La mayoría de mujeres, afirma, creen estar abiertas al amor del cuerpo del otro y del propio, pero muchas están cerradas y no lo saben, con lo que experimentan una vida sexual insatisfactoria.

Para Danièle, aquello que nuestros antepasados vivieron, lo que nuestras madres nos contaron o nos ocultaron sobre el amor, el placer y el dolor conforma la base sobre la que nos construimos como mujeres. Ese legado a menudo hace que no seamos capaces de abrirnos sexualmente al encuentro con el otro.

Una saga familiar

–Nací para salvar a mi madre.

–¿Realmente fue así?
–Soy la tercera de tres hermanas, con las que me llevo 15 y 11 años de diferencia. Mi padre, que perdió a su madre cuando solo tenía tres años, durante la II Guerra Mundial intentaba con todas sus fuerzas proteger a su mujer y a sus dos hijas. Los rumores decían que en la zona libre de Francia no deportaban a las mujeres embarazadas o con niños menores de un año. Y para allí partieron. Yo nací en pleno duelo de mi madre, que acababa de perder a la suya. Mi abuela materna había sido una mujer muy importante en la familia. Era comadrona, por lo que mi destino como ginecóloga supongo que estaba escrito de alguna manera, teniendo en cuenta que además me pusieron su nombre. Mi nacimiento trajo esperanza y un rayo de sol a la familia.

–¿Qué la llevó al psicoanálisis y a la medicina china tras ejercer durante doce años como ginecóloga?
–Llevaba ya tiempo practicando la medicina occidental y en un momento determinado comencé a sentir los límites de la profesión. Me surgió la oportunidad de descubrir otra medicina y la aproveché. Lo cierto que es no me esperaba tal apertura de mente. Tuve la suerte de descubrir una forma completamente distinta de considerar la salud y lo que supone curarse de forma individualizada. La medicina tradicional china me ayudó mucho en mi vida personal. Es muy respetuosa e intenta congeniar la forma de ser de cada uno con el formar parte de la humanidad y del cosmos. Y en relación a la ginecología, se trata de una medicina que integra y comprende muy bien el papel de la sexualidad.

–¿Cómo valora la sexualidad la medicina china?
–La considera ante todo un tipo de energía creadora, ya se trate de un nuevo ser o de la capacidad para renovar las propias fuerzas y las de la pareja. En ese sentido, la noción de creación está completamente desprendida de la moral. La sexualidad es más bien una higiene de vida que contribuye a mantener la salud. Las prohibiciones que hemos construido en torno suyo no tienen sentido. ¿Sabes por qué muchas mujeres jóvenes encuentran dificultades para hallar un compañero sexual?

–¿Por qué?
Porque a menudo su corazón no está preparado, no ha sido instruido para vivir ese encuentro, empezando porque muchos padres son los primeros en desear que eso suceda lo más tarde posible. La sexualidad adulta tiene un origen muy temprano, en la infancia. La familia es la transmisora de esa construcción sexual en función de sus costumbres y tradiciones y las de la época. Cuando la sexualidad ha sido prohibida, menospreciada e infravalorada, se convierte en un trauma que impide que la mujer viva de adulta una sexualidad completa y satisfactoria.

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Abrirse al otro

–¿El sexo sigue siendo un tema delicado en la comunicación entre padres e hijos?
–Es muy importante empezar a educar a nuestras hijas en la sexualidad. De ese modo cuando sean adultas podrán vivir mejor su condición de mujeres. Se darán cuenta de qué tienen miedo, de qué sienten dolor, de por qué sufren problemas ginecológicos, más allá de sus razones estrictamente físicas. La mujer debe ser consciente de cuándo está escindida en dos: por un lado va su sexo y por otro, su cabeza. Se puede estar herida por el simple hecho de ser mujer y no saber serlo. Quizá nuestra madre no nos enseñó nada sobre ello, pero seguramente a ella tampoco la educaron en su sexualidad y eso le dificultó ser una mujer completa. Cuando asumimos eso podemos empezar a entender y a abrirnos para seguir aprendiendo.

–¿En qué consiste vivir una sexualidad completa?
–La sexualidad completa pasa por poderse abrir al otro y al encuentro. Abrirse significa darse, abandonarse al otro, a fin de ser capaz de recibirlo dentro de nuestro cuerpo, de acoger las fuerzas sexuales mutuas para poder nutrirnos ambos. Una sexualidad completa es aquella que nos permite sentirnos enteras, unificadas; la que nos permite comprender que se trata de aprovechar aquello de lo que en cierto modo carecemos. Una sexualidad completa es la vida que nos llega dentro, como un plus de energía. Y es un proceso, porque en el fondo nunca llegamos a sentirnos completos del todo. La medicina china considera el cuerpo un microcosmos dentro del macrocosmos. Eso significa que nuestro cuerpo está hecho a imagen del universo; la sexualidad supone entonces una exploración de nuestro universo. Comenzamos visitando una estrella, un planeta, otras galaxias... Hay muchas cosas que se pueden hacer en ese universo si estamos abiertos a la novedad.

–¿En esa exploración se tiende a vivir la sexualidad como un acto puramente físico?
–¡El sexo no es una historia de física o de mecánica sino la historia de un reencuentro! No estamos solos. Hay que tenerlo en cuenta porque a veces, por ejemplo cuando alguien no alcanza el orgasmo, se obsesiona pensando qué le pasa. Hacer el amor implica un encuentro, un intercambio, en el que nos vamos a abrir y liberar de dificultades personales. Para eso es preciso sentir curiosidad por aquello que vamos a hacer con el otro. Es maravilloso lo que dos fuerzas vitales son capaces de hacer cuando bailan juntas. La sexualidad es una danza y también un viaje introspectivo. El encuentro entre hombre y mujer es como un viaje en el que todo vale si hay respeto. Hay que viajar, descubrir la vida de adulto, dejar de ser la niñita de mamá y papá para pasar a ser hija del Cielo y de la Tierra. Entonces en algún momento conocemos a un hombre y viajamos juntos. Eso nos hace bien, nos nutre.

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De la inhibición a la enfermedad

–Algunas mujeres conocen a un hombre, se enamoran, lo aman, pero pierden el deseo sexual hacia él.
–Sí, y cuando eso ocurre es una catástrofe, un drama. Las mujeres están muy encajonadas en las mujeres de sus familias, condicionadas por las prohibiciones, los tabús y la ignorancia secular. Por eso es muy importante que aprendamos a hablar. Eso nos ayuda a conocernos y a comprender. Es una transmisión importante que debemos hacerle a nuestros hijos: enseñarles a expresarse y a hablar. Educar implica impulsar a los hijos fuera de nosotros. Las niñas van a sentir la confianza suficiente para saberse dar y abandonarse a un hombre si, en la infancia, han sido respetadas, acariciadas, abrazadas, nutridas. También hay que explicar a las niñas que de mayores van a acoger con su cuerpo, que el sexo del hombre va a entrar en su interior. De pequeña, yo no sabía eso.

–¿Hay que hablarles de sexo a las niñas pequeñas?
–Si la madre solo le explica a la niña que tiene dos orificios, uno para el pis y otro para la caca, y obvia el tercero, solo le está enseñando sobre la eliminación pero no sobre la acogida. Hay que explicarles a las pequeñas que nuestro sexo está dentro, a diferencia del sexo del hombre que está fuera, y que el encuentro entre sexos tiene lugar dentro del cuerpo de la mujer. De hecho, muchos trastornos del aparato reproductor de la mujer, como la vaginitis o la cistitis o el hecho de que esta no obtenga placer, tienen que ver de algún modo con que la mujer no ha interiorizado eso. Están favorecidos por la ignorancia acerca de lo que es la sexualidad. No nos han enseñado que nuestro sexo es una vagina, que es un órgano hueco. Eso implica que cuando en el encuentro con el otro se genera una energía sexual, si esta no sabe que debe entrar en el cuerpo entonces se queda en el vestíbulo y eso provoca vulvitis. Si entra en la vagina y no sabe que debe subir más, provoca cistitis.

–La ginecología trata esos problemas con fármacos.
–Porque a la medicina occidental le interesa suprimir ese síntoma, no su posible significado. Se dedica a curar una enfermedad, una parte de la persona, lo que está muy bien. Pero no logra curar la enfermedad cuando esta vuelve una y otra vez de la misma forma. Entonces el trastorno parece residir ya en la mujer, y no podemos tratarlo igual que la primera vez.

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El lastre del pasado

–Afirma en su libro que las niñas buscan a sus madres en sus parejas. ¿Qué diría Freud?
–Freud apenas estudió a niños. El amor nos reconecta al primer objeto de amor y ese objeto es la madre. El segundo es el padre. Para hacer el amor con un hombre muchas mujeres buscan a una pareja que evoque en ciertos aspectos a su padre. Pero para tener hijos o formar una familia suele buscar a una pareja que evoque a su madre.

–Es una idea cuanto menos sorprendente…
–Para poder salir de la familia necesitamos un hombre más fuerte que nuestra madre, de lo contrario es difícil. Estábamos dentro del cuerpo de ella y es ella quien nos debe permitir salir. Si la hija no es empujada fuera se queda con su madre. Y entonces empiezan todos los problemas.

–¿La historia de nuestros ancestros deja profundas huellas en nuestra sexualidad?
–Llevamos en nosotros no solo nuestra historia después de nuestra concepción, sino también la de nuestros ancestros. En materia de sexualidad nos va a influir más la vida de las mujeres de nuestra familia: madre, tía, abuela, bisabuela... La forma cómo vivieron sus vidas se transmite tanto como sus características físicas o sus dolencias.

"Hacer el amor implica un encuentro en el que nos vamos a abrir y liberar de dificultades personales."

–No será genéticamente…
–Podríamos cambiar la palabra genética por transgeneracional. El traumatismo que tiene que ver con la sexualidad y la muerte se transfiere de generación en generación, en especial si se mantiene en secreto, desconocido, negado... es entonces cuando se mantiene activo y pasa de padres a hijos. Si queremos entender nuestra sexualidad no podemos dejar de lado que, por ejemplo, nuestra bisabuela murió cuando daba a luz o los adulterios familiares que pudo haber. Pretender ignorar esos traumatismos suele acabar generando el "síndrome aniversario".

–¿El síndrome aniversario?
–Sí. Me refiero a mujeres que son operadas de miomas como lo fueron sus madres o abuelas; o mujeres que se quedan embarazadas sin desearlo a la misma edad que sus madres. Todos los episodios de la sexualidad son reflejo de una memoria que está inscrita en la célula. Esa memoria celular se puede borrar y disolver si conseguimos encontrarle un sentido a ese traumatismo. Es la manera de deshacerse de él y librar de ese lastre a las generaciones futuras. Muchas madres dicen: "Ojalá no le haya transmitido mis mismas dificultades a mis hijas". Pero está claro que sí, pues ellas están construidas como nosotras. Por fortuna ellas también pueden comenzar a realizar un trabajo consigo mismas, para darle un sentido a su trayectoria.

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Voluntad de saber

–¿Qué ocurre cuando tiene lugar un encuentro sexual entre dos mujeres?
–El amor entre dos mujeres es apertura de corazón. La homosexualidad es una búsqueda de la energía que nos falta. El homosexual reivindica ser sexuado, ya sea hombre o mujer, para sentirse más completo. Y esa energía que le falta o que la madre no le ha transmitido la va a encontrar en su mismo sexo.

–¿Cómo podemos llevar una vida sexual más completa?
–Hay que tomar consciencia de que no sabemos nada, una realidad que nos duele. Pero es el primer paso hacia una apertura, para comenzar un proceso que nunca se acaba. Aceptar que somos sexualmente ignorantes ya cambia muchas cosas y nos va a permitir abrirnos a la novedad, ser curiosos. Es una transformación interior. Un trabajo energético que nos remodela y en el que tu sexo vuelve a ser tuyo. Solo así podremos incorporar la sexualidad a nuestra vida y comenzar a vivir una vida de mujer o de hombre.

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