Entrevista a Joan-Ramon Laporte

"Es la sociedad la que nos enferma"

Silvia Díez

Catedrático de Farmacología, es una de las voces expertas más críticas con el abuso de los medicamentos y la forma en que se estudian y publicitan sus efectos.

El consumo de medicamentos en nuestro país es un 50% superior a la media de Europa. "Es difícil establecer cuál es el nivel óptimo de consumo de fármacos pero los alemanes toman diez veces menos somníferos que nosotros. ¿Tienen los alemanes menos insomnio? ¿O es que nuestros médicos recetan un somnífero más rápidamente que los alemanes? Más bien creo que es esto segundo”, señala el doctor Joan-Ramon Laporte.

Laporte es médico catedrático de Farmacología terapéutica de la Universidad Autónoma de Barcelona y director del Instituto Catalán de Farmacología. Se ha especializado en la evaluación de los efectos de los medicamentos a corto y largo plazo y conoce bien los estudios realizados en todo el mundo.

Denuncia las estrategias de la industria farmacéutica para vender medicinas que, en realidad, conllevan graves efectos secundarios y tienen como objetivo –en lugar de curar– el crear y engrosar el número de enfermos crónicos para asegurarse más beneficios.

Ha publicado más de 20 libros sobre farmacología y terapéutica y es autor de 250 investigaciones publicadas en la Web of Knowledge, una web de referencia médica y científica.

Entrevista con Joan-Ramon Laporte

España es uno de los países con mayor consumo de ansiolíticos...
Sí. La gente piensa que los medicamentos son como balas mágicas. Está convencida de que la ansiedad desaparece con tomar un medicamento. Pero no va así. No todos los medicamentos curan. Los fármacos contra el colesterol, por ejemplo, no salvan vidas.

"Hace dos años salió un trabajo que revisaba todos los estudios sobre el colesterol y concluyó que, a partir de los 70 años, cuanto más alto tienes el nivel de colesterol (incluso si el elevado es el LDL), más tiempo vives. La lucha contra el colesterol ha sido un gran engaño"

¿No son eficaces las estatinas?
En absoluto. En los años 70 los fabricantes de azúcar iniciaron una campaña en EE UU contra las grasas y el colesterol. Crearon una Comisión Nacional del Colesterol e iniciaron una serie de acciones para convencernos de que el colesterol era peligroso, algo que desde el 2002 se sabe que es falso. Es más, se sabe que al reducir su nivel puede aumentar el riesgo de sufrir otras enfermedades graves. Además, el que circula por nuestra sangre no procede de los alimentos, sino que lo fabrica nuestro organismo. Hay muchos médicos que siguen recetando medicamentos contra el colesterol sistemáticamente, lo que es una locura porque los estudios muestran que las personas a las que se les administran estatinas porque tienen un colesterol alto (pero no tienen ni hipertensión ni diabetes ni obesidad y no fuman) viven menos que si se les ha administrado un placebo.

¿Llegan este tipo de informaciones a los pacientes?
El médico no informa al paciente porque tampoco él tiene información sobre los efectos secundarios derivados, por ejemplo, de la toma de antidepresivos. Los laboratorios hacen un ensayo y encuentran una cosa pero publican otra y nadie va a la cárcel. Recientemente el prestigioso psiquiatra y psicofarmacólogo David Healy publicó en su blog un artículo en el que demostraba que no hay ni un solo ensayo clínico que demuestre la eficacia de los antidepresivos en pediatría. Es más, en muchos casos, los resultados eran peores si se administraban antidepresivos que si se administraba un placebo.

“Un 40% de los fármacos recetados en nuestro país tienen menos de cinco años de vida, cuando en el resto de Europa este porcentaje se sitúa en un 20%. Es decir: en España consumimos medicamentos menos seguros. Además, estos fármacos nuevos son más caros porque la farmacéutica que ha registrado la patente tiene 20 años de exclusividad para comercializarlo”.

¿Entonces los antidepresivos no son la panacea?
El piloto de Germanwings que estrelló un avión que iba de Barcelona a Düsseldorf estaba tomando antidepresivos. La compañía no quiso explicar qué sustancia tomaba. Se sabe que estos fármacos elevan el riesgo de suicidio pero lo cierto es que se manipularon los resultados de los ensayos para “borrar” los casos de suicidio. Su consumo también se ha relacionado con conductas violentas hacia los demás (se puede llegar a perpetrar un homicidio) cuando se producen variaciones importantes en la concentración de este fármaco en sangre. Puede ocurrir si un paciente olvida la pastilla y, al darse cuenta del descuido, se toma dos de golpe. Estos cambios en la concentración del fármaco afectan al humor, lo que puede derivar en un comportamiento violento. Pese a todo esto, los antidepresivos se siguen recetando, incluso a niños y niñas.

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Sin saber qué efectos pueden tener exactamente en ellos...
Exacto. Se evitan los ensayos clínicos con fármacos en niños y niñas pero después se administran a la población infantil. No nos parece ético probarlos con menores pero después no tenemos problema en recetárselos. Y resulta que no son unos adultos en miniatura, su organismo está en fase de desarrollo y eso supone enfrentarse a una situación mucho más compleja. Cuando un medicamento sale al mercado, se ha probado en personas que poco tienen que ver con quienes finalmente lo tomarán. Las mujeres están bastante infrarrepresentadas en los estudios clínicos, pero no solo ellas. Los ensayos clínicos tampoco se llevan a cabo con personas de edad avanzada.

"Se recetan fármacos como si se hubiera demostrado su eficacia en todos los casos y no es así. La respuesta a un fármaco varía mucho en cada persona".

Y no todos reaccionamos de la misma manera a los fármacos...
Así es. Un ejemplo: una causa muy importante de muerte sonlas hemorragias ocasionadas por los fármacos anticoagulantes que se recetan a pacientes que han padecido un ictus o una fibrilación auricular. Son fármacos que pueden salvar vidas. Recientemente se han comercializado nuevos anticoagulantes, de precio mucho más alto. Los laboratorios los promueven con el argumento de que no requieren controles periódicos. Pero eso es muy peligroso, porque cada persona reacciona de una manera distinta porque se absorbe por vía oral de manera desigual, se metaboliza a distintas velocidades, etc… La respuesta a un fármaco varía mucho en cada persona pero con estos medicamentos el margen entre la dosis eficaz (que evita la trombosis) y la dosis tóxica (que provoca hemorragias) es muy estrecho.

¿Son habituales las muertes derivadas del uso de fármacos?
Solo por las diarreas originadas por la administración de antibióticos, que pueden ser muy graves para las personas mayores, mueren 40.000 personas cada año. Son cifras del Centro de Vigilancia Epidemiológica de la Unión Europea. Se registran asimismo muchas muertes por hipoglucemias (bajadas de azúcar) causadas por medicamentos administrados a diabéticos. También se recetan a personas de edad avanzada –sobre todo mujeres– ciertos medicamentos que conllevan un elevado riesgo de fractura del cuello del fémur (y un 30% de las personas que sufren esta fractura mueren al cabo de un año). Ocurre con los somníferos, sedantes, hipnóticos, antidepresivos, antipsicóticos y analgésicos derivados del opio (tramadol y fentanil). Los fármacos contra la hipertensión arterial también provocan caídas por la hipotensión ortostática que causan (si te levantas de golpe pierdes el equilibrio). Sin olvidar el omeprazol, el más peligroso, que es además el segundo fármaco más consumido en nuestro país. Se ha comprobado que aumenta notablemente el riesgo de fractura de fémur, porque, al cabo de un tiempo de tomarlo, disminuye la absorción de calcio de la dieta, volviendo así los huesos más frágiles.

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¿Es necesario que tomemos todos estos fármacos tan habituales?
Nos estamos medicando para males que son pasajeros. El caso del TDAH (trastorno de déficit de atención) es ejemplificador. Hay padres que buscan este diagnóstico cuando llega el final de curso y el niño o la niña no ha aprobado. Quieren que a sus hijos se les administre la anfetamina que les ayuda a prestar atención en la escuela y por tanto a obtener mejores resultados académicos. Y esa medicación puede mejorar algunos síntomas, pero no cura. Además, en el caso del TDAH se produce un exagerado diagnóstico. Probablemente si respondemos nosotros a un cuestionario de TDAH también saldríamos con un diagnóstico positivo. La mayoría de niños y niñas con TDAH no pueden centrar la atención en la escuela pero les das un ordenador y se quedan quietos. Tal vez no tienen suficiente motivación que les ayude a mantener la concentración.

“Dicen que el TDAH afecta a un 20% de los escolares. Si realmente estos niños y niñas no pueden adaptarse a la escuela, ¿no será la escuela la que está enferma?”

¿Es entonces un problema creado por nuestra sociedad?
Vivimos en una sociedad en la que la gente mira la televisión mientras come, está con el móvil... Todo esto no fomenta la concentración, distrae. Esta sociedad nos está haciendo a todos más inatentos. Son las comunidades las que enferman y nos enferman. Las enfermedades tienen una dimensión social y la causa de las enfermedades también. En Estados Unidos toman más azúcares de absorción rápida y están más gordos, mientras que en Japón –donde se toma más proteína que azúcar– no ocurre.

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¿El abuso de la toma de antibióticos es un ejemplo de ello?
Así es. Se han prescrito demasiados antibióticos y las bacterias, como el resto de seres vivos, están sometidas a un proceso de selección natural. Tienes una colonia de millones de bacterias que puedes matar con penicilina, pero si una de ellas muta fabricando una enzima capaz de destruir esta penicilina, se vuelve resistente y después se multiplica con facilidad. En la actualidad hay numerosas bacterias que han aprendido a fabricar penilicilinasa, un enzima que la destruye. Todos los tratamientos antibióticos pueden dar lugar a gérmenes resistentes. Por eso es importante reservarlos para aquellas personas que realmente tienen una enfermedad que pueda responder a los mismos. Este abuso ha provocado la proliferación de bacterias resistentes, las especies bacterianas capaces de enfermar al ser humano.

¿Por qué ha ocurrido?
España fue durante un tiempo uno de los principales consumidores europeos de antibióticos. Los médicos los recetaban por un resfriado. El modelo capitalista no había regulado la prescripción de antibióticos, no solamente en medicina, sino en veterinaria, donde estos fármacos todavía hoy se dan a los animales aunque no estén enfermos, simplemente como medida preventiva.

Y al comer esta carne los antibióticos también llegan a nosotros…
Claro, lo que contribuye a crear bacterias resistentes. Y hemos sido ilusos al pensar que los laboratorios crearían nuevos antibióticos para luchar contra estas bacterias resistentes.

La industria no tiene interés en crear antibióticos. No desea hacer medicamentos que curen. Es la lógica del mercado.

Para curar una infección, un antibiótico se tiene que tomar durante siete a ocho días y eso no interesa. Lo que le interesa a la industria es convencer al médico de que recete a sus pacientes medicamentos que deban tomar toda la vida y no solo ocho días. ¡Eso es un buen cliente! Generar cuarenta recetas de un medicamento que se va a tomar toda la vida es rentable, pero, ¿para una semana? Por ello el visitador médico quiere convencer al médico para que recete a cada paciente medicamentos para bajar el colesterol, para disminuir la presión arterial.… Medicamentos que no curan pero se toman durante años generando enfermos crónicos. El mensaje es: si curáis a la gente, nos quedamos sin negocio.

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