La clave de la felicidad

Descubre tu ikigai y no dejes de cultivarlo

Francesc Miralles

Tener plena conciencia de las razones para vivir apasionadamente es el secreto de la felicidad y de la longevidad de los habitantes de la isla de Okinawa en Japón.

Dan Buettner, periodista de National Geographic que conoce bien el país nipón, sostiene que "tener un propósito vital es tan importante en esta cultura que por eso no tienen nuestro concepto de jubilación".

En la cultura japonesa existe el concepto de Ikigai, una razón de ser o de sentido de la vida, que es tan o más importante que la saludable dieta japonesa cuando se observa la gran longevidad de sus habitantes.

Este concepto está especialmente arraigado en Okinawa, una de las llamadas "zonas azules", los lugares en el mundo donde las personas son más longevas. En esta isla hay más personas mayores de cien años por cien mil habitantes que en cualquier otra región del planeta.

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Vamos a ver ahora, de forma breve y práctica, cómo descubrir y potenciar nuestro propósito vital, nuestro ikigai. Para ello solo tenemos que responder a estas cuatro preguntas.

1. ¿Cuál es tu elemento?

En su ensayo El elemento (Debolsillo, 2017), el experto en educación Ken Robinson definía el "elemento" como "el lugar donde las cosas que amamos hacer y las cosas en las que somos buenos coinciden".

Así como el pez tiene el agua como elemento, para cada persona hay un determinado ámbito donde se siente cómoda y puede desarrollar sus capacidades. Hay quien da lo mejor de sí mediando o resolviendo conflictos, inspirando a los demás… Y hay quien encuentra su "elemento" en el trabajo solitario, como sucede a muchos artistas.

Nuestro elemento es el terreno fértil en el que podemos cultivar nuestra pasión.

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2. ¿Qué te apasionaba de niño?

A medida que suman experiencias, muchas personas pierden de vista su ikigai, que queda enterrado bajo capas de obligaciones y fatiga. Como apuntaba el profesor Randy Pausch en su conferencia "La última lección", podemos recuperar los sueños infantiles.

En lo que nos apasionaba hacer de niños –dibujar, bailar, explorar la naturaleza, resolver problemas…– se oculta a menudo nuestra verdadera naturaleza, tal vez incluso una misión vital que hemos desatendido y ahora podemos retomar.

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3. ¿Cuánto estás dispuesto a invertir?

Una vez sabes cuál es tu ikigai, debes decidir el tiempo y la energía que vas a invertir en él.

Según el periodista Malcolm Gladwell en su libro Fueras de serie, son necesarias diez mil horas de práctica para lograr la excelencia y maestría en cualquier cosa que nos propongamos. Tal vez tu propósito vital no sea consagrar todo tu tiempo libre a esta pasión, pero sí es fundamental darle prioridad en tu agenda.

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4. ¿Te gustaría vivir de tu pasión?

Cuando nuestro ikigai va creciendo y adquiere presencia, es natural que llegue el momento de plantearnos si podríamos hacer de ello nuestro medio de vida.

Tienes que evaluar las posibilidades a tu alcance –¿qué personas que ya lo han conseguido te pueden guiar?– y entregarte con paciencia al proceso de sustituir el trabajo que te da para comer por otro que, además, te dé para vivir.

En muchos casos habrá que compaginar ambos hasta lograr que tu ikigai acabe convirtiéndose en tu centro de gravedad y fuente de ingresos.

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