Un arma de doble filo

Psicología inversa: cómo funciona y cuáles son sus riesgos

La psicología inversa busca que las personas actúen del modo contrario al que se les pide. Aunque puede ser útil en situaciones muy concretas, es un arma de doble filo.

María José Muñoz

Psicoterapeuta

El psicólogo Jack Brehm acuñó el término reactancia, que no es sino la tendencia de los humanos a reaccionar haciendo lo contrario de lo que se nos pide, sobre todo cuando sentimos cuestionada nuestra libertad, independencia o capacidad.

Utilizar estas reacciones al servicio de un determinado objetivo es lo que se llama la psicología inversa.

Cuándo se suele utilizar la psicología inversa

La psicología inversa es un método que, intuitivamente, muchos padres utilizan en algún momento con niños y adolescentes en épocas en que el negativismo y la autoafirmación están por encima de cualquier lógica o necesidad. Se les dice que no serán capaces de recoger la habitación antes de que lleguen sus amigos o familiares; o que no podrán superar una nota porque es demasiado difícil... Contrariados, ellos hacen lo que se les ha dicho que no podrían hacer. Así sienten que son ellos quienes dominan la situación, algo que los tranquilizaba en sus tareas.

En el deporte se utiliza para lograr la superación y en el marketing para despertar el deseo por lo prohibido

Pero no solo los niños son arrastrados por esta forma de actuar. Los adultos, en mayor o menor grado y con resultados más o menos positivos, siguen moviéndose dentro de esos parámetros de oposición sistemática.

  • Este tipo de psicología se utiliza con frecuencia en el mundo del deporte para estimular la superación de metas. Frases como "no creo que puedas superar tu propio record" o "creo que ese ejercicio es demasiado difícil para ti" pueden activar una reactancia que ayude al deportista a intentarlo y comprobar que sí puede conseguirlo.

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  • Un ámbito donde este método se pone al servicio de los intereses mercantiles es el del marketing. Los publicistas utilizan slogans que promueven la reactancia con rótulos como "no compre este disco", "este coche no es para usted" o "nunca lea este libro". Con ellos se pretende persuadir a través de potenciar el deseo por lo prohibido y su transgresión, haciendo sentir a la persona que es alguien especial y que no depende de la masa, cuando en realidad no es sino un truco para que compre.

Psicología inversa en las relaciones personales

Uno de los campos en el que se ve más explotada esta psicología inversa es en el del amor o las relaciones con los otros.

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Internet está lleno de vídeos y frases en los que se explica cómo conseguir seducir a alguien que nos gusta, hacer que vuelva quien nos abandonó o crear un interés especial sobre nuestra persona. Las fórmulas más comunes consisten en comportarnos de forma contraria a lo que desearíamos en ese momento. De este modo, se induce en el otro un halo de misterio, dudas o interrogaciones que lo mantienen pendiente de nosotros.

  • No contestar a las llamadas o mensajes, aunque estemos deseando hacerlo. Decir que tenemos la agenda llena y que no podemos quedar, cuando eso es falso. O también relatar que hay otras personas que nos solicitan porque les resultamos atractivos, pero que no es verdad. En síntesis sería ponérselo muy difícil para que haya deseo, o pensar que sólo se desea lo que no se tiene.

Pero ¿es esto seguro? Lo que sí es innegable es que son estrategias que han estado presentes a lo largo de la historia con distintos matices, y que ahora se ofrecen como servicio de ayuda psicológica o, supuestamente, terapéutica. Aunque, como veremos, quizá no sea una estrategia deseable.

Puede ser contraproducente

Lo cierto es que, en general, aunque puede ser una técnica útil para momentos o tareas muy concretas, no deja de ser un arma de doble filo por varias razones:

  • La principal es que la persona a la que va dirigida se lo tome al pie de la letra, es decir, que realmente crea que es incapaz, que no sabe o no puede y que, entonces, como hijo, persona, profesional o pareja, no vale nada.
  • En esta misma línea, si utilizamos de forma muy seguida esta psicología, la persona se puede acostumbrar a funcionar siempre desde la oposición, lo cual eliminaría la eficacia pretendida en la consecución de determinados objetivos.
  • Por último, y sobre todo en el amor, estaremos construyendo las bases de una nueva relación o de reconstruyendo una relación anterior con estratagemas que dejan de lado los valores de honestidad y confianza que deberían darse. Necesariamente se plantea la cuestión de si podemos sentirnos seguros de lo construido o reconstruido así, y si no nos obligamos a continuar con todo tipo de artificios para mantenerlo. Y es que no se debería confundir la seducción con la manipulación. Lo misterioso de otra persona está en todas las cualidades singulares por descubrir y no en crear situaciones de intriga con ficciones que promoverán reacciones típicas y tópicas de las telenovelas.

Formas de relacionarnos más respetuosas

El mecanismo de reactancia y, por tanto, la psicología inversa, sólo recoge una de las vertientes que se encuentran en el ser humano: aquella de sentirse libre y no depender de nadie, contra la sujeción a determinadas reglas o dificultades. Pero no olvidemos que esa es solo una de las oposiciones posibles que se dan internamente.

Algunas personas se pueden sentir humilladas cuando se utiliza con ellas la psicología inversa

Encontramos muchas otras en las cuales se soportan otras dualidades que pueden ser utilizadas positivamente. Frente a la necesidad de autonomía, también encontramos la búsqueda de reconocimiento de nuestras cualidades y peculiaridades. Apoyarse en ella nos puede dar un mejor resultado y un mayor respeto a la sensibilidad de los demás.

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Si un adulto, por su propia historia o carácter, se siente humillado cuando otro le marca qué, cómo y cuándo tiene que hacer algo, utilizar la reactancia puede ser contraproducente. Sin embargo, dejar que decida él mismo puede convertirse en una vía de reconocimiento de su verdad y, a la vez, que con nuestro gesto estaremos abriendo la posibilidad de otra forma relacional no impositiva ni manipuladora. El silencio, en estos casos, puede ser nuestro gran aliado.

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