Mandalas

Qué son los mandalas y por qué pintarlos equilibra las emociones

Sílvia Díez

Descubre el "colorido" poder curativo de los dibujos que el psicólogo Carl Gustav Jung empezó a utilizar como herramienta terapéutica.

Los mandalas son círculos bellos, hipnóticos y mágicos, pero también simbolizan lo espiritual. La palabra Mandala proviene del Sánscrito y significa “círculo sagrado”. Fue el psicólogo Carl Gustav Jung quien, atraído por ellos, los empezó a utilizar como una herramienta terapéutica para favorecer el autoconocimiento. “El mandala es una forma de abrir las puertas hacia el interior de ti mismo y tu sabiduría interior, te proporciona un refugio donde sentirte a salvo del mundo externo lleno de estrés y confusión y te aporta una sensación de paz y calma”, escribió Jung.

“En esta sociedad en la que se vive con exigencias y donde se intentan llenar los vacíos con el consumismo, pararse a pintar, dar forma y color a un mandala, ayuda a canalizar el estrés. Y cuando el estrés sale de ti pierde fuerza. El simple hecho de pintar o modelar un mandala lleva la mente a un estado neutro en el que la persona queda absorta en un vacío en el que todo es posible. En algún momento nos dimos cuenta de que pintar mandalas nos hacía sentir mejor, tanto a los adultos como a los más pequeños de la casa”, afirma Anna Freijomil, arteterapeuta dedicada durante años a la Mandalaterapia.

Concentrar la atención y llevar nuestra mente a un estado parecido al que nos conduce la meditación es la primera forma de sanación del manda, un estado en el que los pensamientos se aquietan y con ello también las emociones, lo que repercute en el cuerpo.

Favorece la auto-observación personal y ayuda a combatir de una manera natural la ansiedad y el miedo.

“Nuestra mente en general tiende a ir de un pensamiento a otro. Tendemos a mantener un constante diálogo interno que no suele dejar espacio para el silencio, tan necesario para calmarnos, reflexionar y tomar buenas decisiones. Por eso pintar el “silencio mental” que aparece mientras coloreamos el mandala es sanador. Si, además, realizas esta tarea con la ayuda de un arte-terapeuta, eso te puede ayudar a entender cuál es el origen del estrés y de tu falta de paz y a comprender cosas de ti mismo”, señala Anna Freijomil.

“Yo empecé a utilizarlo como terapia psicológica en los años setenta al darme cuenta que por el mero hecho de delimitar al paciente un espacio en blanco y circular en el que depositara todas las palabras o dibujos que les vinieran a la mente me facilitaba interpretar sus estados de ánimo y problemas emocionales y físicos. De un modo sencillo y creativo podía ver lo que estaba en su inconsciente”, cuenta Ahimsalara Ribera, autora del libro La Sanación con los Mandalas (Ed. Edaf).

En su libro La Sanación con los Mandalas ofrece distintas técnicas y ejercicios para profundizar en el conocimiento de uno mismo a través de los mandalas. Una de ellas es la de realizar un mandala a partir de una pregunta relacionada con el tema personal que se desea resolver o ver más claramente. “Considero que centrar la atención en una pregunta concreta y reflexionar sobre ella mientras se realiza un mandala ya nos hace delimitar el espacio de dónde y cómo se va a dar la respuesta”, nos explica.

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La forma de rellenar un mandala y los tonos que se usan para colorearlos hablan del estado anímico de cada persona.

A la hora de colorear mandalas existen dos maneras de hacerlo: de dentro hacia fuera, lo que significa que es necesario exteriorizar las emociones, y al revés, que quiere decir que buscamos el equilibrio y profundizar en nuestro interior. También se relaciona la elección de dibujos más geométricos con las personas que necesitan mayor orden. Por otra parte, los colores que se usan hablan del estado anímico de cada persona.

Los mandalas tibetanos, hindúes, celtas o americanos ayudan a relajarnos, pero después están los que cada uno diseña con la idea de profundizar en el conocimiento de uno mismo”, precisa Ahimsalara Ribera, autora de La sanción con los Mandalas. Ribera propone escoger los colores con los ojos cerrados y que una vez hayamos finalizado el mandala se dedique un tiempo a observarlo con una mirada introspectiva, qué nos evoca, qué formas predominan, qué colores se repiten… Ponlo en práctica en los mandalas que te proponemos a continuación. 8 ¿Qué puedes aprender con ello?

Algunas terapeutas atribuyen un significado a cada color que se utiliza en el mandala. “Desde mi metodología no sólo cada color tiene una función específica, sino que también el lugar donde se coloca en el mandala ese color posee un significado. Así; en algunos casos –según lo que busquemos modificar– es más recomendable usar tonos primarios (rojo, amarillo y azul); en otros casos, los colores secundarios (naranja verde y violeta); o bien los terciarios, que son la suma de dos colores más un tercero”, asegura Ribera. Algunos de los posibles significados asociados a cada color, aunque este varía en función de sus experiencias y de su imaginario:

  • BLANCO: Símbolo de vacío, de pureza y de iluminación
  • NEGRO: Misterio, limitación y bloqueo.
  • GRIS: Renovación, neutralidad y sabiduría.
  • ROJO: Vitalidad, pasión, sensualidad y fertilidad.
  • AZUL: Ayuda a relajar y e induce a la calma, espiritual, satisfacción y alegría.
  • VERDE: Se asocia a la sanación, de efecto tranquilizante. Se relaciona con lo sensorial, la naturaleza , el equilibrio y la esperanza.
  • AMARILLO: Sol, luz y receptividad. Se relaciona con el intelecto y por eso dicen que es útil para ambientes de trabajo, pues estimula la creatividad.
  • NARANJA: Aporta vitalidad y energía. Expresa ternura, valor, calidez y alegría.
  • MORADO: Amor al prójimo, idealismo y sabiduría. • ROSA: Feminidad, altruismo y dulzura

El origen de los mandalas

“En Egipto y en China se colocaban mandalas dentro de ciertos lugares para cambiar la energía de los mismos, así llega a nuestros días la idea de que el mandala es un elemento sanador, meditativo y equilibrante”, cuenta Ahimsalara Ribera , autora del libro La Sanación con los Mandalas (Ed. Edaf).

Este tipo de estructura circular que son los mandalas, de composición repetitiva y fractal, también está estrechamente vinculada a las ceremonias de la región del Tíbet como ritual de sanación e instrumento de contemplación mística. “Y es que todo lo que está y se representa dentro de este círculo se sacraliza, queda protegido y se potencia”, añade Anna Freijomil, arteterapeuta dedicada durante años a la Mandalaterapia.

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