Nutrición protectora

La dieta vegetal funciona para prevenir el cáncer

Claudina Navarro y Manuel Núñez

Para prevenir tumores no hay nada tan sencillo como ingerir alimentos vegetales, especialmente los frescos y crudos, que aportan sustancias protectoras.

Cada año se diagnostican en España unos 200.000 nuevos casos de cáncer. La mortalidad ha disminuido en los últimos tiempos gracias al diagnóstico precoz y el tratamiento, pero todavía no se puede decir que existan tratamientos totalmente eficaces.

La prevención todavía es la mejor baza de que se dispone ante la enfermedad. Todos podemos tomar cada día decisiones que alejan el cáncer de manera más eficaz que los tratamientos sofisticados y caros.

El riesgo se reduce evitando el contacto con las sustancias que ya han sido definidas como cancerígenas o que son sospechosas de serlo. Esto incluye no solo el humo del tabaco y numerosos contaminantes, sino también las emisiones de los coches, los perfumes de los cosméticos o ciertos agentes que forman parte de la composición de los plásticos.

Por otro lado, a través de los alimentos se pueden obtener compuestos que, como los tratamientos más avanzados y prometedores, luchan contra el cáncer a través del fortalecimiento del sistema inmunitario.

Frutas y verduras ofrecen una probada eficacia para reducir la incidencia del cáncer e incluso para disminuir la mortalidad de quienes lo sufren. Vitaminas, minerales, los compuestos químicos vegetales que les confieren color o aroma y la vitalidad asociada a su frescura protegen las células del organismo contra los daños que terminan desembocando en el cáncer.

En Asia hay menos cáncer. ¿Por qué?

Que la dieta es decisiva en la prevención del cáncer es algo bien sabido. Se ha comprobado que la incidencia de diferentes tipos de cáncer varía de manera importante entre poblaciones con costumbres alimentarias diferentes.

Las mujeres asiáticas sufren cuatro veces menos cánceres que las europeas, pero las asiáticas que viven en Occidente y han cambiado sus hábitos tienen el mismo riesgo.

Los estudios indican que las mujeres asiáticas y en especial las japonesas consumen mucha menos carne, grasa saturada, productos lácteos y harinas refinadas que las europeas. En cambio, comen más verduras y soja.

Los beneficios de la soja para prevenir el cáncer en la mujer parecen ser debidos al aporte de isoflavonas –genisteína, daidzeína y gliceteína– que actúan como hormonas femeninas débiles, reduciendo la acción de las fuertes (segregadas por el cuerpo de la mujer), cuyo exceso está relacionado con los cánceres de mama, ovario y útero.

Algunos estudios sugieren que la soja solo protege si se toma habitualmente en forma de leche, tofu, tempeh, miso o germinados desde la adolescencia.

Antioxidantes contra el cáncer

A las pistas que ofrecen los estudios sobre poblaciones se suman los hallazgos que se realizan en los laboratorios. A veces resultan sorprendentes los efectos de sustancias que se encuentran en frutas y hortalizas concretas, de consumo cotidiano.

Investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Jena (Alemania) descubrieron recientemente que el extracto de manzana, rico en polifenoles, es capaz de activar los genes que ordenan la secreción de enzimas protectoras, evitando que las células vulnerables se transformen en cancerígenas debido a la acción de las toxinas en el intestino.

Por tanto, cada vez que se come una manzana, o su zumo recién elaborado, se actúa contra muchos tipos de cáncer.

Aumentar el glutatión de manera natural

Son especialmente interesantes los alimentos que aumentan el contenido de glutatión –la sustancia antioxidante más potente entre las producidas por el propio cuerpo– en las mitocondrias, los orgánulos encargados de generar la energía que necesitan las células.

El glutatión las protege frente a la amenaza de los radicales libres y los peróxidos. Estos son producto de los procesos metabólicos que tienen lugar en el cuerpo, pero cuando son excesivos o no están bajo control se comportan de manera muy agresiva y atacan las membranas e incluso el material genético de las células.

La acción del glutatión, capaz de reparar el ADN dañado, ha hecho que se investigue la eficacia de tomar suplementos por vía oral, pero se ha demostrado que no se absorbe a través del sistema digestivo y no consigue aumentar la concentración en las células.

Para incrementar este antioxidante endógeno, en primer lugar es necesario consumir alimentos ricos en los aminoácidos cisteína, glutamina y glicina, que son aportados en cantidad suficiente gracias al consumo regular y moderado de legumbres y cereales.

Pero las investigaciones demuestran que para que la cantidad de glutatión aumente de manera significativa es necesario incrementar la ingesta de frutas, verduras y plantas silvestres, preferentemente crudas, hasta las 10-12 raciones diarias.

El poder del azufre orgánico contra el cáncer

Los alimentos vegetales ricos en azufre tienen efecto antioxidante y estimulan la síntesis de glutatión, que además favorece que otros agentes antirradicales libres obtenidos a través de los alimentos, como las vitaminas C y E, permanezcan en sus formas activas, potenciando su efecto beneficioso.

La cebolla, el ajo, los puerros y las coles son los alimentos más abundantes en compuestos azufrados que previenen una amplia variedad de tipos de cáncer, en especial los de colon, mama, pulmón, riñón y próstata, así como la leucemia.

El sulforafano y los indo-3-carbinoles que se encuentran en el brécol y otras coles (de Bruselas, berza, coliflor...) favorecen la eliminación de agentes cancerígenos en el sistema digestivo e impiden que las células precancerosas se conviertan en tumores malignos.

Según estudios de la Universidad de Heidelberg y del Centro de Investigación Oncológica Alemán, las coles también son capaces de prevenir el cáncer de páncreas, uno de los más agresivos y mortales, ya que suele ser asintomático hasta que resulta demasiado tarde.

Para aprovechar las propiedades de las coles hay que tomarlas crudas o preparadas brevemente al vapor, pues en agua hirviendo se destruyen parte de sus agentes activos.

Contra el cáncer, mejor alimentos crudos

En general conviene comer los alimentos vegetales crudos, siempre que sea posible, o poco cocidos. Las ventajas de los alimentos sin cocinar ya fueron defendidas por el doctor Max Gerson (1881- 1959) desde la década de 1940, cuando apenas se conocían las propiedades de los miles de compuestos químicos beneficiosos presentes en los vegetales.

Cuando Gerson propuso una terapia anticáncer a base de zumos frescos de frutas y verduras en una dieta sin sal fue atacado duramente. Todavía hoy, en la enciclopedia virtual Wikipedia se puede leer que se trata de un "tratamiento sin demostración científica y potencialmente peligroso". Pero actualmente se sabe que no andaba tan desencaminado.

Los cirujanos austríacos Peter Lechner y Leo Kronberger se han tomado la molestia de realizar un estudio sobre la eficacia de la dieta propuesta por Gerson en pacientes oncológicos. Llegaron a la conclusión de que los que siguieron una terapia alimenticia similar a la de Gerson se hallaban generalmente en mejores condiciones, tenían un menor riesgo de complicaciones y soportaban mejor tanto la radio como la quimioterapia que aquellos que no la empleaban.

Ralph Moss, médico y escritor, reconocido experto en tratamientos oncológicos, ha escrito también que "los ensayos clínicos han demostrado que una dieta baja en proteínas y calorías como la propuesta por Gerson ejerce una acción protectora frente al cáncer y aumenta drásticamente la esperanza de vida".

Gerson pensaba que los efectos beneficiosos de su dieta se debían al aporte de potasio y a la eliminación de la sal, pero actualmente se sabe que los alimentos vegetales contienen miles de sustancias activas beneficiosas.

Propiedades de los vegetales para una dieta anticáncer

Por ejemplo, los carotenoides –luteína, licopeno, fitoeno y cantaxantina– presentes en frutas y hortalizas amarillas, anaranjadas y rojas apoyan al sistema inmunitario y reducen el riesgo de sufrir cáncer de pulmón, próstata y boca, mientras que las antocianinas que dan color a las moras les confieren gran capacidad para prevenir la aparición de tumores en el esófago y el intestino, según un estudio realizado en la Universidad del Estado de Ohio (Estados Unidos).

Otros alimentos muy eficaces contra los radicales libres son la granada, que reduce sustancialmente el desarrollo del cáncer de próstata, y la uva negra, rica en un polifenol llamado resveratrol, que potencia la acción de las sirtuinas, unas enzimas que evitan la alteración prematura de las células. Aunque hay bastante resveratrol en un zumo de uva recién exprimido, la concentración es todavía mayor en el vino tinto, especialmente en el procedente de tierras húmedas. Sin embargo, debido al contenido de alcohol, no se recomienda consumir más de un vaso diario.

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Sin pertenecer a la categoría de las frutas y las hortalizas, también se han señalado las setas como alimentos interesantes en la lucha contra el cáncer. Muchas variedades contienen lentinano y polisacáridos que estimulan el funcionamiento del sistema inmunitario. Se cree que esta es una de las razones por las que los campesinos japoneses que consumen habitualmente setas como el shitake, el maitake, la kawaratake y la enokitake sufren la mitad de casos de cáncer de estómago que otras poblaciones.

En orden de eficacia, las setas más recomendables para prevenir el cáncer son la seta de cardo, la oreja blanca, la enokitake, la cremini, el shitake, la portobello y el champiñón.

Además de las mencionadas, existen otras sustancias químicas con propiedades anticancerígenas en los vegetales, como el ácido elágico de las fresas, las cerezas, las avellanas y las nueces pecanas.

Dieta alcalina: ¿por qué evitar la acidificación?

Otra forma que losalimentos vegetales tienen de alejar el cáncer es a través de su poder para reducir la acidificación del organismo. Un entorno ácido no solo favorece el crecimiento de células dañinas, sino que dificulta los mecanismos de reparación con que cuenta el cuerpo. Por ejemplo, las células inmunitarias que se "comen" bacterias, virus y células precancerígenas se frenan en un medio anormalmente acidificado.

Para actuar contra la acidificación se deben consumir sobre todo alimentos básicos o alcalinos –lo contrario de ácidos–, como frutas y verduras. La relación entre acidificación y cáncer ya fue expuesta por Otto Warburg, premio Nobel de Medicina en 1931 por sus descubrimientos sobre el metabolismo de las células cancerígenas.

Las tesis de Warburg –que la acidificación y la deficiencia de oxígeno son las causas principales del cáncer– fueron tan bien acogidas por la medicina naturista como combatidas por la medicina convencional durante décadas. Tomado en sus tiempos por un excéntrico, actualmente sus ideas reviven a la luz de nuevos hallazgos, como la relación entre la acidificación de la sangre, debida a ácido láctico, y el desarrollo de tumores.

Warburg fue también un gran defensor de los alimentos ecológicos, pues achacaba a los plaguicidas y a la contaminación la responsabilidad de muchas enfermedades.

Una vez más, la dieta alcalina conduce a los alimentos vegetales. Entre los más alcalinizantes se encuentran el melón, la sandía, la manzana, la nectarina, la naranja, la piña, las pasas, el dátil el brécol, la zanahoria, la calabaza, las coles y la berenjena.

Además conviene mantener controlados los niveles de glucosa, por lo que se recomienda moderar el consumo de harinas refinadas y optar por los cereales integrales. Puede ser conveniente que los enfermos de cáncer extremen esta medida, ya que las células tumorales consumen más azúcar que las sanas.

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La protección de la flora intestinal

El intestino es un ecosistema que se está empezando a conocer. El estado de su flora determina tanto la asimilación de nutrientes como la eliminación de toxinas. Actualmente se investiga cuáles son las bacterias que están relacionadas con la salud y la enfermedad, y cómo se pueden modificar sus poblaciones.

Algunos alimentos que aportan bacterias vivas producen efectos positivos. El yogur previene el cáncer de colon y favorece la eliminación de tóxicos. También se hallan bacterias beneficiosas en el kéfir, la chucrut, el miso y el tempeh de soja. Por otra parte, los alimentos ricos en fructooligosacáridos, como el ajo, la cebolla, el espárrago, la alcachofa o el plátano, favorecen la multiplicación de las bacterias beneficiosas en el intestino.

Cuatro mejor que uno

No existe un medicamento capaz de prevenir todos los tipos de cáncer. Tampoco puede conseguirlo ninguna sustancia natural o alimento milagroso.

Sin embargo, los estudios indican que nutrientes y compuestos vegetales combinan sus efectos de tal manera que reducen drásticamente el riesgo de sufrir la enfermedad.

El investigador Isaiah J. Fidler, que trabaja en una de las instituciones oncológicas más prestigiosas, el Centro MD Aderson de la Universidad de Texas (Estados Unidos) ha comprobado que si se administra a ratones de laboratorio un agente nutricional protector –como la vitamina C– las probabilidades de enfermar al exponerlos a agentes cancerígenos se reducen a la mitad. Si se suministran dos agentes –vitamina C y selenio–, disminuyen un 70 por ciento y si son 4, un 90 por ciento.

Es decir, se da un efecto sinérgico muy potente y beneficioso que en la dieta humana se puede reproducir consumiendo una amplia variedad de alimentos con propiedades anticancerígenas.

Un estilo de vida sano

Cada vez más expertos coinciden en superar la recomendación de las cinco piezas de frutas y hortalizas diarias para llegar hasta las 10 o 12, la mitad de ellas crudas.

Las manos son la única ayuda que se necesita para calcular las cantidades recomendables: constituyen una ración las piezas que tienen el tamaño de un puño, mientras que dos manos llenas indican la ración necesaria de lechuga o brécol. Por tanto no es tan difícil llegar a las 10 raciones, lo que asegura una concentración importante de agentes antioxidantes en la sangre y los tejidos durante todo el día.

Pero la dieta no es la única manera de prevenir la enfermedad. Es importante seguir un estilo de vida sano, manteniéndose lejos de agentes tóxicos, cerca de la naturaleza y dedicando tiempo al descanso, sin olvidar el cuidado de las relaciones personales y el equilibrio anímico.

Todos estos factores influyen sobre la resistencia del organismo al cáncer y a las enfermedades en general.

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