Cómo preparar y conservar la leche vegetal

Nutrientes para beber

Leches vegetales: guía completa de preparación y conservación

Son muy nutritivas y fáciles de hacer: basta con agua, frutos secos y una batidora. Además, puedes personalizarlas y beberlas a tu gusto.

Javier Medvedovsky

Probablemente en más de una ocasión habrás disfrutado de una tradicional horchata de chufa. En realidad, es una leche vegetal, una bebida que se puede preparar en casa de forma fácil y rápida. Solo se necesita agua y unos cuantos frutos secos o semillas.

Hoy es fácil encontrar en el mercado diferentes tipos de leches vegetales, en especial de soja. Sin embargo, esta leche, como la de vaca, puede ser poco apta para nuestro organismo.

Las leches comerciales suponen un avance positivo, pero no alcanzan la calidad ni tienen los nutrientes de las leches vegetales que podemos preparar en casa. Hay que tener en cuenta que las leches que se venden generalmente están sometidas a un proceso de pasteurización para su conservación a largo plazo. Esto significa que se someten a temperaturas altas y luego muy bajas, lo que elimina parte de sus nutrientes. Por otro lado, suelen contener aditivos espesantes como el carragenano, que tiene un efecto inflamatorio y altera la flora intestinal.

Cómo preparar bebidas vegetales

  1. Para comenzar ponemos el fruto seco o la semilla en remojo con agua limpia con el fin de que se hidrate y active. Dependiendo del tamaño y características del fruto seco o semilla, necesitará más o menos tiempo. De hecho, los frutos secos blandos no necesitan remojo (anacardos, piñones, nueces de macadamia, pistachos…). El tiempo para los demás oscila entre tres y doce horas.
  2. Después del remojo, colamos los frutos secos o semillas, los lavamos y los trituramos con agua nueva.
  3. Esta preparación la filtramos y así finalmente obtenemos nuestra leche.

Es sencillo, ¿verdad? Pues esta es la técnica empleada para elaborar la horchata tradicional de chufa que tanto nos deleita cuando llega el calor.

Podemos beber la leche que hemos elaborado tal cual, o podemos condimentarla con lo que más nos guste, realizar batidos, emplearla con el café o el té, hacer con ella salsas, sopas, condimentos, cremas… Una vez elaboradas tienen mil posibilidades, todas nutritivas, que podemos explorar.

La calidad del agua empleada es importante para asegurar la calidad de la leche y su duración, al igual que la temperatura de la nevera. Cuanto más fría, más tiempo se conservará.

Al no someter las semillas a temperaturas elevadas para elaborar la leche vegetal, se mantienen vivos todos sus nutrientes. Se obtiene así una bebida energética, fresca y muy nutritiva. Desde mi punto de vista, es una muy buena manera de consumir frutos secos o semillas en forma líquida. Las leches vegetales elaboradas de esta manera entran, por tanto, dentro del concepto raw food.

Cómo conservarlas

Son leches frescas y, por tanto, no se conservan durante mucho tiempo. Lo ideal es preparar lo que vamos a tomar en el momento para beneficiarnos de todos sus nutrientes.

Si nos sobra, debemos conservarla en la nevera. Es probable que al rato surjan como unas capas. Es algo normal y natural. Bastará con agitar la bebida de vez en cuando.

Como habrás observado, en muchos bares tienen máquinas que mantienen la horchata en movimiento. Pues eso sería también lo ideal para nuestras leches.

Algunas de estas leches duran, sin embargo, un poco más que otras, desde uno o dos días hasta una semana, dependiendo del fruto seco o semilla que hayamos utilizado.

La leche de almendras se mantiene un día y medio, más o menos. La de cáñamo, en cambio, puede durar hasta tres días. Si se usa una semilla o un fruto seco viejos, habrá más oxidación y la leche perecerá antes.

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