Te dejo de hablar

El silencio como castigo: una forma de maltrato infantil

Chantajear al niño con el silencio es una de las formas más dañinas que existe de maltrato. El sentimiento de desamparo que produce este castigo puede durar de por vida.

Ramón Soler
Ramón Soler

Psicólogo

Por desgracia, la lista de los tipos de malos tratos que pueden recibir los niños resulta casi interminable. Unas veces estos son más evidentes, como los golpes o los gritos, pero otras, pueden pasar desapercibidos, aunque sean igual de perjudiciales para los pequeños.

En este artículo quiero hablaros de un tipo de maltrato sutil que deja profundas huellas en la personalidad de los niños y que los psicólogos detectamos, en nuestras consultas, en personas adultas. Se trata de una estrategia de manipulación emocional muy dañina: castigar a los niños con el silencio.

Muchos padres se enorgullecen de no golpear o gritar a sus hijos, pero cuando éstos no cumplen sus expectativas o no les obedecen, utilizan un tipo de castigo que también resulta dañino y cruel: dejarles de hablar durante un tiempo y actuar como si sus hijos no existieran. El objetivo de este silencio es doblegar al niño y hacerle claudicar, abusando de la situación de superioridad que tienen los padres sobre los hijos.

No hablar al niño es un chantaje emocional

El mensaje que le llega al niño que sufre este tipo de chantaje emocional resulta devastador: “si no me obedeces, te ignoraré y actuaré como si no existieras para mí”.

Los niños saben que dependen del cuidado de sus padres para su supervivencia. Esto es algo que perciben, desde que son bebés, de forma inconsciente. De ahí que, para ellos, el sentimiento que genera el silencio de los padres es de total desamparo y peligro. Puesto que la idea que subyace a esta situación es “puedo morir si mis padres no me cuidan”, muchos niños llegan, incluso, a desarrollar síntomas de angustia y ansiedad.

Este tipo de castigo emocional juega con la necesidad de cuidado y protección para someter a los niños.

Es evidente que todos los niños quieren vivir. El silencio representa el abandono y la muerte, de modo que los pequeños sometidos a este chantaje emocional acaban cediendo para que sus padres les vuelvan a prestar atención. Cualquier cosa es mejor que sentirse solos, desamparados y en peligro de muerte.

Muchos padres pueden sentirse satisfechos al lograr su objetivo de someter y doblegar a sus hijos, sin embargo, ignoran el terrible daño que este castigo deja en la personalidad de los niños.

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Consecuencias emocionales de este tipo de maltrato

Para comprender mejor cómo afecta este tipo de castigo, podemos analizar el caso de Martina, una chica de 30 años que acudió a consulta para trabajar su baja autoestima.

Martina recordaba pasar días enteros sin que su madre le dirigiera la palabra. Después de discutir o de llevarla la contraria por algo, su madre entraba en un mutismo total y la ignoraba. Se ocupaba de su padre y de sus hermanas, pero actuaba como si ella no existiera.

Para terminar con esta situación, que le creaba tanta ansiedad y angustia, la niña tenía que acudir, mansamente, a su madre, pedirle perdón y claudicar en todo lo que le pidiera. Solo de esta forma, Martina lograba que su madre la volviera a prestar atención.

La autoestima de las personas sometidas a este tipo de castigo emocional, se ve muy dañada.

Martina, tras sufrir los silencios de su madre, se quedaba con la impresión de que su opinión y su persona no contaban para nada. Sentía que solo era válida para su madre cuando la obedecía sin protestar.

Para ella, la sensación de desamparo que sentía durante los silencios de su madre era el peor infierno que podía pensar. De hecho, recordaba haber acudido a su madre en estos momentos suplicándole que le pegara o que la castigara de cualquier forma, pero que, por favor, volviera a hablarle.

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Qué hacer si sufrimos este maltrato durante la infancia

Para trabajar en terapia este tipo de malos tratos y lograr sanar sus consecuencias, debemos centrarnos en reforzar la autoestima y la autonomía de la persona.

A medida que Martina fue haciéndose cargo de su vida, se percató de todo lo que había logrado por ella misma, sin necesidad de la atención o la ayuda de su madre. El comprender su verdadera valía, la ayudó a sentirse y ser cada vez más fuerte.

También descubrió que, en realidad, su madre nunca la había ayudado en nada; es más, había sido un lastre para ella. No le permitió salir con quien ella quería, ni estudiar Bellas Artes, la carrera que siempre había deseado.

Martina, ya como adulta, comprendió que ya no necesitaba a su madre, que ya no tenía que depender de ella.

A medida que dejó de estar pendiente de los deseos de su madre y se centró más en los propios, Martina fue sintiéndose cada vez más fuerte. Rompió con la pareja que le había impuesto su madre y volvió a contactar con el que fue su primer novio. También, retomó su interés por el dibujo y fue dando los pasos necesarios para aprender y mejorar como artista.

Aunque su madre seguía intentando utilizar sus chantajes del silencio, a ella ya no le importaba ni le afectaba. Ya no volvió a plegarse a los deseos de su madre; prefería escuchar los propios.

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