Exposoma entorno salud

Una ciencia nueva

El exposoma o cómo nos enferma el entorno

La comida, el aire que respiras, el ruido ambiental, el estilo de vida y tu herencia genética interactúan entre sí y condicionan tu salud.

Silvia Díez

Podemos hacer mucho por cuidar y mejorar nuestra salud, pero esta no depende solo de cada uno, sino también de la calidad del entorno en que vivimos. «Con las medidas ambientales adecuadas podríamos prevenir casi todas las enfermedades crónicas», afirma Martine Vrijheid, epidemióloga del entorno del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro que lidera el proyecto Helix (Building the Early-Life Exposome), una de las principales investigaciones en el mundo relacionadas con el exposoma.

Dónde y cómo vives es importante

Para Christopher P. Wild, director de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, el exposoma es "el conjunto de factores de exposición a los que está sometida una persona desde el momento de su concepción hasta su muerte". Por su parte, Martine Vrijheid asegura que "el lugar en el que vivimos determina el riesgo de cáncer, de enfermedades cardiovasculares, metabólicas –como la diabetes y la obesidad– y pulmonares".

En los estudios sobre el exposoma se investiga la relación entre multitud de factores externos con el riesgo de sufrir una enfermedad, teniendo en cuenta que estos interactúan entre sí, con el patrimonio genético y con el estilo de vida. Es una ciencia que se basa en grandes y prolongados estudios epidemiológicos.

Los agentes externos estudiados varían mucho: sustancias químicas, alérgenos y tóxicos, la radiación solar, el calor o el frío, las radiaciones electromagnéticas, el estrés, la alimentación, el ejercicio, el aire, el ruido, las horas de sueño, los agentes infecciosos, la educación, la economía o las zonas verdes. Todos, combinados, configuran nuestra epigenética, el funcionamiento del metabolismo, la calidad de la flora intestinal y la agresión oxidativa.

El estudio del exposoma complementa el estudio del genoma humano, pero mientras que este ha recibido una financiación ingente por parte de gobiernos y farmacéuticas, el estudio de los factores ambientales está en sus primeros pasos.

Aún no somos conscientes

La mayoría de personas vive en ciudades donde los factores potenciadores de salud como el aire limpio y la naturaleza escasean y sin embargo abundan todo tipo de sustancias químicas (cada año se inventan 2.000 nuevas), ruido y estrés.

"Tenemos aditivos para todo. Incluso los muebles de madera suelen estar impregnados de ignífugos, sustancias que conllevan un grave perjuicio para la salud", dice Marta Schuhmacher, profesora de Ingeniería ambiental en la Universidad Rovira i Virgili, que trabaja en estudios relacionados con el exposoma. "¿Qué asumimos del progreso y qué no? Ya no se trata de evaluar el riesgo de una única sustancia, sino de conocer el impacto de la suma de todas ellas."

Los expertos denuncian la gran falta de información sobre los riesgos a los que nos estamos exponiendo cada día. "Las alergias están relacionadas con los pesticidas organofosforados y el asma, con la contaminación del aire. La obesidad puede ser consecuencia de la exposición a disruptores endocrinos como el bisfenol A y los ftalatos (presentes en plásticos y cosmética). Los trastornos neurológicos y del comportamiento pueden ser causados por acumulación de metales pesados, pesticidas organofosforados e ignífugos", explica Schuhmacher.

Un peligroso cóctel químico

Uno de los retos a los que se enfrentan los investigadores del exposoma es valorar el efecto de nuestra convivencia con miles de sustancias químicas y otros factores ambientales.

  • Las pruebas tradicionales de toxicología no consideran el efecto de exponerse a dosis bajas –aparentemente inocuas– durante años y en etapas clave, como la gestación o la infancia.
  • Habría que investigar las interacciones en el cuerpo entre diferentes sustancias contaminantes. Los efectos no solo se suman, pueden potenciarse.
  • Los genes, el microbioma y otros factores individuales pueden protegernos o hacernos más vulnerables. La sensibilidad a estas sustancias es personal.

Elegir bien los alimentos

Sin embargo, algo podemos hacer para modular la carga tóxica a la que estamos expuestos. Por ejemplo, siempre que sea posible, podemos optar por alimentos libres de pesticidas como los ecológicos. "Supone un enorme perjuicio para la salud que las madres están expuestas a los pesticidas durante el embarazo, porque afectan muy negativamente al desarrollo cerebral del bebé" explica Vrijheid,

En las grasas animales se acumulan y biomagnifican contaminantes lipofílicos como los hidrocarburos poliaromáticos, las dioxinas y el mercurio. "El pescado y la carne son la puerta de entrada más grande de químicos en el cuerpo porque los acumulan en su grasa", dice Léa Maitre, coordinadora del Proyecto Helix. El pescado graso grande contiene mercurio, y la carne de ternera o cerdo, cadmio o cromo de los tubos de escape y de las industrias.

Maitre subraya que gracias al cloro del agua no hay infecciones, pero también que "el cloro reacciona con las materias orgánicas del agua creando contaminantes químicos relacionados con el cáncer de riñón".

Un factor emergente y decisivo es el cuidado de la microbiota intestinal, cuyo desequilibrio se ha vinculado con obesidad, diabetes tipo 1, asma y celiaquía. La microbiota es sensible a los antibióticos y sufre las cesáreas, ya que su desarrollo es favorecido por las bacterias que se reciben al nacer por el canal del parto y que son fundamentales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario y del organismo en general.

Plástico que acaba en el plato

Tenemos una asignatura pendiente: reducir al mínimo el plástico en nuestras vidas. La organización ecologista Greenpeace ha realizado recientemente la campaña "DesnudaTuCarro" para que fabricantes y supermercados reduzcan los envases de plástico de un solo uso.

Estos plásticos liberan sustancias tóxicas en los alimentos y buena parte –solo se recicla el 35%– llega finalmente al mar: hasta 12 millones de toneladas se vierten en los océanos cada año. Además de ocasionar daños en los ecosistemas, el plástico acaba en la cadena alimentaria y vuelve a la mesa con la sal, el pescado o el agua potabilizada.

La contaminación causa más víctimas que la malaria o el VIH

En el mundo, más de doce millones y medio de muertes anuales se deben a la contaminación. El Hospital Vall d'Hebron de Barcelona ha comprobado que los días de mayor contaminación se registra un mayor número de infartos de miocardio y que tienen peor pronóstico.

Las partículas que salen por los tubos de escape están relacionadas con el riesgo de infarto. En la investigación realizada por Jordi Bañeras, cardiólogo del Hospital Vall d'Hebron y publicada en Journal of Cardiology, se llega a la conclusión de que reducir a la mitad las partículas más finas (de 20 a 10 mcg por metro cúbico de aire) en una ciudad como Barcelona evitaría una de cada 13 muertes por infarto en las primeras 24 horas.

"Las partículas más finas son las más peligrosas, sobre todo para los niños, porque pueden llegar a los alveolos de los pulmones y suponen más estrés oxidativo. Imagina a un niño de menos de un metro de altura respirando el humo que echan los coches. Nosotros somos los responsables y no estamos haciendo nada para cambiar nuestro modo de desplazarnos", dice Marta Schuhmacher.

El efecto de estas partículas ultrafinas puede contrarrestarse en parte con una dieta rica en antioxidantes, pero para reducir la contaminación todos deberíamos desplazarnos mucho más a pie, utilizar medios de transporte más ecológicos, como la bicicleta, o transporte público. Así se reducirían las partículas relacionadas con los infartos, y también con las alergias y el asma en niños y en adultos.

El ruido no solo provoca sordera

El ruido desencadena en nuestro organismo la producción de hormonas que aumentan la tensión arterial y, por tanto, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. El ruido también afecta al cerebro y provoca alteraciones del sueño y metabólicas que pueden llevar a la obesidad y la diabetes.

La Organizacón Mundial de la Salud (OMS) clasifica el ruido del tráfico como el segundo factor medioambiental en Europa más perjudicial para la salud después de la contaminación atmosférica. En España, una de cada cuatro personas está expuesta cotidianamente a un nivel de ruido por encima de los 55 decibelios, cuando las recomendaciones de la OMS son que no se superen los 55 dB durante el día y los 40 dB por la noche.

La Unión Europea quiere reducir la contaminación acústica en el 2020 hasta los límites recomendados por la OMS. Si deseas conocer a qué dosis de ruido estás expuesto, existen aplicaciones gratuitas para teléfonos móviles que te ayudarán (puedes informarte en contaminacionacustica.net).

¿Queremos ciudades que nos alegren o que nos enfermen?

Uno de los objetivos del proyecto Helix, que descubre los factores de riesgo en el exposoma, es ayudar a que se diseñen ciudades más saludables.

  • ¿Qué ciudad quieres? El diseño urbano –con más o menos espacios verdes, separación, altura y diseño de los edificios– nos lleva a exponernos y reaccionar de forma muy distinta a agentes como el ruido, la contaminación o la temperatura. También influye sobre la cantidad de actividad física que realizamos o la manera en que nos desplazamos.
  • Necesidad de verde. Disfrutar de paisajes naturales produce un mejor estado de ánimo y mayor resistencia a la enfermedad. Una buena arquitectura paisajística de las ciudades reduce el estrés y favorece la salud mental.
  • Psicogeografía. En cambio, los edificios aburridos, el cemento y los espacios sin alma aumentan la ansiedad, explica Colin Ellard, neurocientífico, director del laboratorio Urban Realities Laboratory en la Universidad de Waterloo (Bélgica) y autor del libro Psicogeografía (Ariel, 2016).

Las radiaciones electromagnéticas y las pantallas: los grandes riesgos ignorados

¿Los campos y las radiaciones electromagnéticas de las nuevas tecnologías de la comunicación también se incluyen en el exposoma? Es una de las preguntas que está sobre la mesa. El Instituto de Salud Global participa en el proyecto Accedera, que medirá el impacto de estas radiaciones sobre el cuerpo. Está aumentando el número de personas que reaccionan a las microondas de la telefonía móvil, con síntomas como dolores de cabeza, confusión, lapsus de la memoria de corto plazo y fatiga, entre otros.

Por otra parte, el proyecto Helix ya ha comprobado que existe una relación entre el uso frecuente de nuevas tecnologías y el diagnóstico de trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH). "El problema es que no sabemos qué va primero: si el TDAH lleva a un uso más frecuente de las nuevas tecnologías o si el uso frecuente de estos dispositivos electrónicos puede causar TDAH. Sí sabemos que muchos adolescentes dejan el teléfono en la habitación mientras duermen, lo que merma la calidad de su sueño porque reciben mensajes en medio de la noche y llegan a contestarlos en muchos casos", señala Martine Vrijheid.

"No hay que estar expuesto a las pantallas desde dos horas antes de ir a dormir, porque los dispositivos electrónicos deterioran enormemente la calidad del sueño, que a su vez determina tanto la cognición como el riesgo de obesidad. Si tenemos nuevas generaciones que no duermen bien a causa de los dispositivos electrónicos tenemos un problema importante de salud", advierte Vrijheid.

Artículos relacionados

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Cuerpomente?