Salud sexual

9 maneras de recuperar el deseo sexual en pareja

Mireia Darder y Sílvia Díez

El deseo sexual en la pareja requiere cuidados, dedicación, tiempo y espacio que a menudo no le damos. Para escapar de la rutina que lo apaga es necesario conectar con el cuerpo, las sensaciones y poner consciencia sobre lo importante que es el placer y la sexualidad en nuestra vida.

La falta de deseo es una de las cuestiones más frecuentes a las que se enfrentan las parejas que llevan tiempo juntas, y aún es más habitual y referida por parte de las mujeres. Entre un 40% y un 50% de ellas sienten esta falta de deseo sexual en algún momento de sus vidas. No obstante, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 80% de las mujeres de hasta 65 años realizan prácticas sexuales habitualmente.

Averigua que hay tras tu inapetencia sexual

Podemos enfocar el problema desde una perspectiva terapéutica intentando averiguar cuáles son las causas de esta falta de deseo y acudir a un terapeuta –solo o en pareja– que nos ayudará a encontrar una solución. La sexualidad no está separada del resto de nuestra vida y de los acontecimientos que ha vivido o está viviendo la pareja.

Hacerte algunas preguntas te puede ayudar también: ¿Desde cuándo se da esta falta de deseo? ¿Lo puedes relacionar con algún acontecimiento que haya sucedido con tu pareja: nacimiento de un hijo, búsqueda de un embarazo, una infidelidad, un cambio de rol, una discusión fuerte, la muerte de un familiar, la pérdida del empleo, un duelo en general, un cambio económico o una situación laboral…? ¿Qué causas profundas crees que pueden estar vinculadas a esta falta de deseo sexual? Las causas de la inapetencia sexual pueden ser múltiples:

  • Causas psíquicas

​Hay que tener en cuenta que la sexualidad es a menudo un espejo y está directamente relacionada con el momento vital de la pareja. Las frustraciones, el estrés, un embarazo, el parto, la crianza de los hijos, la menopausia, las crisis de la edad, etc., determinan también la subida o bajada de deseo sexual, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres, y es algo que deberíamos tener en cuenta cuando miramos nuestra sexualidad para acercarnos a ella con mimo, paciencia y sin presiones.

  • Causas físicas

Las causas de la falta de deseo también pueden estar relacionadas con la toma de ciertos fármacos (anovulatorios, antidepresivos…), la dieta, enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la fatiga crónica, el cáncer… Estos factores físicos de primer orden sería lo primero que habría que descartar consultando con un especialista.

  • Causas sociales, culturales y educacionales

Siendo la falta de deseo tan habitual entre las mujeres cabe preguntarse hasta qué punto va más allá de un problema individual y está relacionado con la cultura y la educación recibidas. Durante años no ha estado bien visto que la mujer mostrara deseo sexual y si lo hacía era tachada de ninfómana o puta fácilmente, algo que en cambio era un signo positivo en el caso de un hombre. No se hablaba tampoco de la masturbación femenina hasta que llegó el Satisfayer.

A pesar de la liberación de las costumbres y de vivir en una sociedad hipersexualizada donde el acceso al porno está abierto a casi todo el mundo, el sexo continúa siendo tabú. No hay una buena educación sexual ni tampoco se habla de la sexualidad en las familias. Esto dificulta la conexión con el deseo sexual, sobre todo cuando la pornografía y las películas en general dan una visión del sexo idealizada que genera unas exigencias que apagan la libido.

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¿Por qué quieres recuperar tu deseo sexual?

La siguiente pregunta a plantearse es: ¿Realmente queremos recuperar el deseo o lo hacemos simplemente porque se supone que “debemos” sentir deseo dentro de la pareja? ¿Lo hacemos por nosotros o por nosotras o bien por “exigencias” de la pareja? La importancia que tiene la sexualidad es distinta para cada persona y no todo el mundo debe ser alguien hipersexual.

Se trata de ser lo más honestas posible con nosotras mismas para determinar cómo está nuestro deseo sexual de manera de individual. ¿No tenemos ningún deseo? ¿Sentimos atracción por otras personas (mujeres y hombres) que no son nuestra pareja? ¿El tipo de sexualidad que tienes con tu pareja es el que despierta realmente tu pasión?

Para contestar a estas cuestiones, lo primero es conectar con nuestro placer sexual, algo que con las vidas aceleradas, demasiado mentales y desconectadas del cuerpo, no se hace de forma habitual. ¿Qué estás dispuesto o dispuesta a hacer para recuperar el gusto por el sexo?

Si tenemos una buena comunicación de pareja que nos permita expresar las dificultades en las que nos encontramos y lo que sentimos, esto nos permitirá acceder más fácilmente a nuestro deseo.

Por ejemplo, si hemos sido víctimas de una infidelidad y podemos sacar toda la rabia, hablar de nuestro dolor e inseguridades nos facilitará recuperar la relación y el deseo sexual. O si nos despierta inseguridad un problema económico.

A la hora de expresar lo que sentimos, la forma de hacerlo es determinante para que nos escuchen, nos entiendan y respondan a nuestras necesidades. Sin lanzar reproches ni juicios sobre el otro, se trata de hablar desde el “yo siento”, “a mí me pasa que…”, “yo necesito que…” Sin embargo, no hay que olvidar lo que nos cuenta Esther Perel sobre aquello que despierta el amor y aquello que genera deseo.

El deseo sexual se incrementa ante alguien desconocido e indómito, ante un espacio a conquistar más que con la seguridad que nos puede dar alguien conocido y cotidiano y con quien convivimos diariamente. Por tanto, podemos ser muy amigos de nuestra pareja, tener una buena convivencia, ternura y buena comunicación y, sin embargo, faltar el deseo sexual.

Desde esta perspectiva es recomendable que cada miembro de la pareja mantenga espacios individuales y de privacidad en los cuales no todo se cuente. Y la novedad, la aventura y la clandestinidad pueden ser unos buenos afrodisíacos. De hecho, experimentos científicos como el efecto Coolidge refieren la tendencia natural a preferir estímulos sexuales novedosos. Encontrarlos es cuestión de imaginación, dedicación, cuidado de la relación y también de uno mismo.

Conecta de nuevo con tu capacidad de sentir placer

Si no cuidamos la relación con el cuerpo –aunque también puede haber un deseo sexual que salga únicamente de la mente– y las sensaciones, es difícil recuperar la libido. Para ello te sugerimos distintas maneras: un masaje, baños relajantes, ejercicios para recuperar la tonicidad del suelo pélvico, bailar, practicar tantra, yoga, ejercicios de respiración...

Todo ello logrará conseguir un cuerpo más distendido y relajado donde el sistema parasimpático esté activado; de este modo se facilita el poder sentir la sensación de deseo. Hace falta, por tanto, reservar un espacio de tu agenda –aunque esté apretada– solo para el placer, incluso si implica modificar tus hábitos de vida. ¿Estás dispuesta a reservar este espacio para el gozo en tu vida? La salida pasa por modificar la creencia de que “el deber va siempre antes que el placer”. Es la creencia básica en nuestra cultura.

Buscar momentos para parar y hacer lo que nos gusta solo por placer y desde el encuentro con nuestro deseo, nos permitirá trasladar esta manera de funcionar a la pareja y a la sexualidad. Como decía la psicoterapeuta Esther Perel, una de las cosas que más despierta el deseo es ver al otro hacer lo que le gusta, y lo siguiente que nos genera también mucha atracción es contemplar al otro como un espacio a conquistar. Con lo que si tú te dedicas a tu placer, es más probable que a tu compañero o compañera se le despierte el deseo por ti.

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  1. Revisar las creencias inconscientes sobre la sexualidad. Existe una larga lista de mensajes que hemos recibido a lo largo de nuestra vida sobre el sexo que habitualmente son represivos y de los cuales no somos conscientes. Sin embargo, pueden ser la raíz de nuestra falta de libido ya que nos están condicionando. En la misma línea podemos haber padecido un trauma que nos dificulte el contacto con nuestra sexualidad y también con nuestro cuerpo porque el trauma nos desconecta de nuestras sensaciones. Ejemplos de ello pueden ser haber sufrido abusos sexuales en la infancia, haber sido víctima de una violación, malos tratos, violencia de género… Para poder salir de ello, el primer paso es hacerlo consciente y expresar después el dolor dentro del marco de una relación empática que nos permita integrarlo.
  2. Mejorar tu autoestima. Distintos estudios vinculan estrechamente la valoración que hacemos de nuestro cuerpo con la actividad sexual. Cuanta más autoestima –sobre todo autoestima corporal– más frecuencia en las relaciones sexuales. Además, esto se retroalimenta porque, cuanto más disfrutamos con el sexo, más se eleva nuestra autoestima. Ama tu cuerpo y agradece todo lo que te da cada día.
  3. Jugar, experimentar, aprender. El sexo es un aprendizaje constante. Por lo tanto, no deberíamos dejar de jugar –es decir, practicar sin exigencias ni expectativas– experimentar, ser curiosos y curiosas y explorar nuevas experiencias. Todo esto nos permitirá saber lo que nos gusta, lo que no y así poder pedir lo que necesitamos.
  4. Buscar nuevos estímulos. En este juego y exploración constante podemos introducir nuevos estímulos que ayuden a mantener vivo el deseo o a despertarlo. Podemos leer novelas eróticas junto a la pareja, introducir juguetes sexuales, probar nuevas posturas, cambiar de rol, cambiar el lugar donde realizar el sexo, jugar con todo el cuerpo y no solo tener una sexualidad genital, realizar masajes en pareja, asistir a sesiones de tantra… En estos momentos hay un abanico muy amplio de posibilidades que no existían antes. Vamos a nombrar algunas como por ejemplo probar el cibersexo, los espacios swingers, el bondage y otras prácticas.
  5. Mejorar la comunicación sexual. Ayudará a mantener vivo el deseo y a recuperarlo hablar abiertamente con nuestra pareja de aquello que nos gusta más o no nos gusta, de nuestras fantasías sexuales, de lo que necesitamos en cada momento durante la relación sexual siempre sin tabúes ni limitaciones para, por ejemplo, masturbarse delante de nuestra pareja o ver series (Masters of Sex es una de ellas) y películas eróticas y respetuosas juntos. Puede ser un buen ejercicio comentar con tu pareja lo que opinas de este TED Talk de la psicoterapeuta Ester Perel: https://bit.ly/2UtQNnh
  6. Hacer actividades afrodisiacas. Hay estudios que muestran que correr eleva los niveles de testosterona. Bailar sin pautas establecidas, recibir masajes para liberar la tensión, practicar danzas orientales, africanas, hacer ejercicios de suelo pélvico o el tantra son buenos aliados para incrementar la libido. Dedícales un tiempo cada día.
  7. Investigar qué aumenta tu deseo. Independientemente de quién te atrae más, puedes investigar qué situaciones te resultan más eróticas.
  8. Por ejemplo: ¿Disfrutas más de la belleza del cuerpo desnudo y del contacto de la piel o prefieres la sofisticación de la lencería erótica? ¿Te excita estar cerca de la playa y el calor o bien la intimidad de tener una relación sexual ante una chimenea? ¿Te gusta más un ambiente lujoso o una situación cotidiana? ¿Te sientes más sexual si te hablan en susurros, que jadeen o jadear, prefieres poca luz o al revés, que callen, que sean discretos y mucha luz?
  9. Practicar la respiración y sexualidad plena. Se puede llegar a despertar el deseo sexual a través de la respiración. Para ello la respiración debe ser continuada y circular, es decir, que no haya intervalo entre la inspiración y la salida del aire. Los suspiros también pueden aumentar nuestra libido. Es importante desbloquear el diafragma, el cuello y la pelvis con ejercicios respiratorios y de flexibilidad.

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