"Sufrí abusos y ahora temo por mis hijos"

Los abusos sexuales en la infancia son una de las experiencias más traumáticas que podemos sufrir. Y jamás se lo desearíamos a nuestros hijos.

Los abusos sexuales en niños son más numerosos de lo que quizá alcanzamos a imaginar, en parte, porque muchos de los adultos ni siquiera recuerdan haberlos sufrido, a pesar de que tener importantes consecuencias en todos los ámbitos de su vida. Al ser padres, pueden destaparse algunos de estos miedos, como el que una lectora le manifiesta a Laura Gutman en la siguiente pregunta:

De niña sufrí abusos sexuales y ahora creo que desconfío de todos los adultos que se quedan a solas con mi hija. Fue un tío mío, al que no veo desde hace años, pero mis fantasmas están a flor de piel ahora que mi hija tiene la misma edad que yo cuando empezó todo esto. ¿Es normal?

Este es un tema complicado y muy delicado. Hay tantas historias de abusos sexuales como niños y niñas hay en el mundo. Cada vivencia, cada experiencia, cada recuerdo y cada olvido son diferentes en cada caso, así que voy a tratar de contestar de forma muy genérica.

BUSCANDO AMOR EN EL LUGAR EQUIVOCADO

Un niño o una niña es abusado sexualmente, casi siempre, por un adulto cercano, porque el 99,99 % de los abusos sexuales en niños suceden intramuros. Es decir, por alguien muy conocido: papá, padrastro, el tío, el hermano mayor, el cura… Son personas con quienes los niños se vinculan.

El mayor problema que hay aquí es que, para que el abuso sexual sobre un niño o una niña acontezca -y les pido, por favor, que escuchen lo que les voy a decir- se requiere la entrega de la madre. ¿Mamá es consciente de que está entregando? No, pero muchas veces, o tiene muchísimas preocupaciones o está muy ensimismada en su propia vida o tiene un montón de problemas o está muy distante o no tiene disponibilidad para estar percibiendo qué es lo que la niña o el niño quiere o es muy autoritaria… Lo que quiero decir con esto es que, si una madre no está sintiendo a su niño o a su niña en sus íntimas necesidades, los pequeños van a estar con la puerta abierta para los depredadores. Los niños y las niñas buscan cariño y amor y, el problema es que, buscando amor, encuentran abuso.

NIÑOS VULNERABLES, ADULTOS QUE SE APROVECHAN

¿Qué es la parte más difícil? Que después, a veces, los niños permanecen en el abuso sexual de un adulto, porque ese adulto, además de destruirlos y de depredarlos psíquicamente y físicamente, también les ofrece un ambiente de cariño. Entonces, el niño o la niña, aunque no saben por qué los llama y van a la habitación de atrás, también están recibiendo un pequeño ámbito de ternura, que no están recibiendo de su madre y, al buscarlo fuera, como están tan vulnerables, lo encuentran, pero con una cuota de abuso. Ese es el verdadero desastre.

La mayoría de nosotros ni siquiera recordamos conscientemente los abusos sexuales padecidos durante nuestra infancia, a menos que se hayan perpetuado hasta la adolescencia. En este caso, sí los recordamos, y los hemos terminado diciéndole al abusador: “No, no quiero más”. En cambio, si cesaron a los ocho o a los nueve, es probable que ni siquiera los recordemos.

CON LA MIRADA FIJADA EN LOS HIJOS

En el caso de un abuso sexual perpetuado durante años, si hubiera habido una madre disponible, atenta, tierna, cariñosa, sintiendo…, es imposible que ese abuso hubiera acontecido y menos perpetuado. Quienes tenemos niños pequeños y estamos muy atentos a ellos, podemos saber por su cara cómo le ha ido el día en la escuela. Por eso, es imposible no darse cuenta de que el niño o niña está padeciendo abusos reiterados, si yo estoy mínimamente con la mirada y el corazón puesto para mi hijo.

Sé que esto es muy difícil, pero es importante que nosotros sepamos que para que el abuso sexual acontezca primero tiene que haber, consciente o inconscientemente, entrega de nuestra madre. Es decir, mamá, abrió la puerta y le dijo a la criatura de mamífero: “Vete al bosque a jugar”. La mamá dejó a la criatura con los depredadores y cerró la puerta, así que no se enteró de lo que aconteció.

TU AMOR, ESE ES EL BUENO

Los abusos sexuales son probablemente la peor situación que un niño puede vivir durante su infancia, pero lo tenemos que mirar en un marco mucho más global, más complejo, si realmente estamos dispuestos a cuidar a quienes son niños hoy. El tema no es que no la dejen sola en ningún lugar, el tema es cuánto ha percibido, ha sentido y ha intuido a su propia hija, desde que nació hasta el día de hoy. De esta manera, la niña se sabe tenida en cuenta por su madre, y si la niña cuenta con su madre, nunca será presa de los depredadores, porque no va a buscar ternura, ya que la tiene en casa. Esa es la enorme diferencia. Para que un niño esté cuidado tiene que ser milimétricamente amado, sentido y tenido en cuenta por su propia madre. Entonces, si ese niño se siente amado, no va a ir a buscar amor fuera de casa.

Tengo un libro que se llama Adicciones y violencias invisibles, donde está muy desarrollado, para quienes tengan realmente interés.

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