Trastorno femenino

¿Es tristeza o trastorno disfórico premenstrual?

Ana M. Longo

El trastorno disfórico premenstrual no es común pero puede llegar a provocar que una mujer en edad fértil se sienta muy deprimida durante la semana anterior a la menstruación. ¿Cómo diferenciarlo de la tristeza o del síndrome premenstrual?

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) puede provocar graves síntomas de depresión e irascibilidad antes del periodo en niñas y mujeres en edad fértil. Aunque no existen investigaciones concluyentes sobre el origen de este trastorno, se sospecha que tiene que ver con una alta sensibilidad de las hormonas estrógeno y progesterona.

Los investigadores del National Institutes of Health en el año 2017, obtuvieron datos en la línea del patrón genético para este trastorno. “Su sintomatología no solo incluye un bajo estado de ánimo”, asegura la psicológa general sanitaria Maria Àngels Ollers Adrover. Además de la tristeza, que se manifesta en la fase premenstrual –normalmente una semana antes de la menstruación– y desapare con el periodo o poco después, el trastorno disfórico premenstrual puede provocar estos otros síntomas:

  • Cambios de humor.
  • Irritabilidad.
  • Ansiedad.
  • Dificultades de concentración.
  • Fatiga.
  • Insomnio o aumento de las ganas de dormir.
  • Dolor o hinchazón.

El TDPM no es solo tristeza. ¿Cómo se diagnostica?

Tanto la Organización Mundial para la Salud (OMS) como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) consideran el trastorno disfórico premenstrual como un trastorno depresivo, aunque no suele ser un diagnóstico muy común.

La tristeza no puede considerarse sinónimo del trastorno disfórico premenstrual (TDPM). “Bien es cierto que la tristeza puede aparecer con el ciclo menstrual. No obstante, es una emoción básica normal en determinados momentos en cualquier persona y no se considera un trastorno psicológico”, asevera Maria Àngels Ollers Adrover.

Para el diagnóstico de este trastorno se debe cumplir que los síntomas antes mencionados interfieran negativamente en la vida de la mujer (en sus relaciones laborales, académicas o personales y sociales). Además, deben presentarse en la mayoría de ciclos menstruales durante un año y ser suficientemente graves o que creen un malestar importante a la persona que los padece, según explica la psicóloga Maria Àngels Ollers Adrover.

Diferencias con el síndrome premenstrual, la tristeza o la depresión

Según constatan los estudios, alrededor del 75% de niñas y mujeres tienen problemas no solo físicos, sino también de tipo emocional en sus menstruaciones. Entre el 2% y el 10% de las mujeres en esta clasificación padecen el TDPM, incluyendo más síntomas afectivos. Durante el síndrome premenstrual (SPM) es usual el mal humor. Sin embargo, en el trastorno disfórico premenstrual esto se agrava considerablemente.

El síndrome premenstrual es más frecuente que el trastorno disfórico premenstrual y se considera más leve.

El TDPM viene acompañado de síntomas que bajan el ánimo y la sensación de bienestar. “No obstante, la tristeza que puede sentirse con el trastorno disfórico premenstrual llega a causar un malestar clínicamente significativo provocando un descontrol en la vida cotidiana”, asegura Laura Cuadrado Ortega, psicóloga general sanitaria.

“Cuando un sujeto se encuentra triste, puede sentir desgana ante la ejecución de diversas actividades o tareas. Cuando se trata del TDPM se llega al extremo de sentir hasta incapacidad para levantarse de la cama”, refiere Cuadrado Ortega.

En el trastorno disfórico premenstrual no existe tal alcance como ocurre con la depresión y el desarrollo es cíclico. “Los síntomas aparecen cerca de la ovulación o alrededor de las dos semanas previas a la menstruación y finalizan progresivamente después su inicio”, asevera la experta en psicología Cuadrado Ortega.

Cómo prevenir el trastorno disfórico premenstrual

El autoconocimiento y autocuidado son soportes fundamentales para enfrentarse al trastorno disfórico premenstrual. “Cada persona es única. Conocerse y saber cómo y en qué momentos o situaciones interfiere este desorden, nos permite descubrir aquello que lo mitiga”, sostiene Laura Cuadrado Ortega. Esta especialista sugiere que hay algunas cosas a las que podemos prestar atención para intentar mitigar el TDPM:

  • El autocuidado. Llevar un estilo de vida más saludable, incorporar hábitos de higiene del sueño o practicar algún deporte o actividad física ayuda a generar endorfinas lo que proporciona mayor sensación de bienestar. Es muy necesario aprender a ajustar la dieta a las necesidades, integrando alimentos saludables, ingiriendo mucha agua y evitando el alcohol, los azúcares y las grasas saturadas.
  • Aprender herramientas tanto para gestionar mejor el estrés como el mundo emocional. Es esencial aprender a delegar, esto no hace a nadie peor. Hay que darse permiso para decir “no” cuando uno se encuentre desbordado o condicionado a hacer algo que no desea realmente y encontrar ejercicios que añadan espacios de relajación. Tomar consciencia de las emociones personales y permitirse gestionarlas es fundamental. La escritura también es una herramienta muy terapéutica.

Las personas que estén alrededor de esa joven o mujer que está sufriendo esta irregularidad, no pueden pedirle que lo afronte y se esfuerce por mejorar su estado emocional. El TDPM no es algo con lo que la mujer pueda lidiar, es algo “orgánico” y se produce así. “También ayudará hablar con nutricionistas con especialidad en cuestiones de salud en la mujer”, recomienda la especialista en terapia breve estratégica, Cuadrado Ortega.

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