Comer sano... y divertirse

La dieta del buen rollo: apúntate al Mood Food

Sintetizar oxitocina mientras planificamos, cocinamos y comemos... es un plus de felicidad. Mood Food es el anglicismo-neologismo que define esta práctica.

Salvador Nos-Barberá

mood food dieta del buen rollo

El Mood Food es original de Japón y se trata de un movimiento consistente en observar el lado más nutricional de la alimentación. Si aporta bienestar y felicidad, es esencialmente bueno, y por lo tanto tampoco es tan importante la satisfacción que lo acompañe en el momento de su ingesta.

Suena un poco duro. La comida es una recompensa o puede llegar a entenderse como tal por la repetición del hábito de comer algo que nos da placer. Así es como el cerebro aprende que comida y recompensa-satisfacción van juntos... y un trastorno del equilibrio de estas variables puede llevarnos a la obesidad.

En nuestro entorno más mediterráneo, esta aproximación se puede flexibilizar. Se trataría de comer sano para facilitar la producción de dopamina, serotonina... pero promoviendo a la vez la liberación de endorfinas, de la propia serotonina y de oxitocina (también oxitocina, sí), ya no en el momento de comer, sino en cualquier manifestación que logremos asociar, de su adquisición, su preparación y finalmente de su consumo.

Se trataría de generar felicidad alrededor del hecho de comer sano. ¡Ahí está el pleno!

La alimentación sana, nutricionalmente buena, puede ser además divertida y entonces su éxito funcional está asegurado, porque al final quien come y ordena es el cerebro.

De la misma forma que en modo “depre” el cerebro puede liberar estrés y ansiedad ordenando barbaridades desde el punto de vista de la ingesta (en las películas americanas la chica “desengañada” se come dos tabletas de chocolate o un tarro de helado viendo en la tele una peli “de las de llorar”), también es el cerebro quien puede enviar señales de “buen rollo” alrededor del hecho de comer más sano.

Los nutrientes y nuestro estado de ánimo

En los ochenta, científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) concluyeron que determinados nutrientes –ácidos grasos, vitaminas, minerales y algún hidrato de carbono– afectan directamente a procesos cerebrales relacionados tanto con la percepción como con la respuesta en forma de pensamiento elaborado, que finalmente se convierte en emoción y sensación.

La dieta sana no solo influye en lo físico, sino también en el equilibrio emocional y el rendimiento intelectual. No es nada nuevo. Lo nuevo es hacerlo divertido para que fluya la felicidad.

En la tendencia Mood Food, el triptófano, el selenio, las vitaminas A, B, C y E y los omega 3... deben ser elementos centrales.

Evitar el déficit de triptófano

Seleccionar alimentos ricos en triptófano es una prioridad. No sintetizamos este aminoácido, así que lo debemos tomar como nutriente para producir serotonina.

El déficit de este neurotransmisor básico del sistema hormonal no solo tendrá repercusión en nuestras emociones y estado de ánimo, sueño, tolerancia al dolor..., sino que puede incrementar el hambre de “carbohidratos rápidos” o de alto índice glucémico (los del efecto yoyó: azúcares refinados, harinas blancas... que sacian rápidamente el hambre, para que reaparezca a las pocas horas con sensación de cansancio).

Si incorporas a tus platos plátano, legumbres, semillas y frutos secos estarás tomando triptófano.

Selenio para la inteligencia

El selenio es un oligoelemento que también debemos incorporar. Es un antioxidante cuyo déficit nos lleva a un cierto trastorno de la memoria, mal humor, disminución de la función cognitiva...

Las nueces de Brasil proporcionan entre tres y treinta veces más selenio que otros alimentos ricos en este elemento (como el pan y otros productos de harina integral o el atún). Diez gramos de nueces molidas sobre una ensalada proporcionan el cuádruple del aporte diario necesario, más de 200 microgramos.

Vitaminas para el buen humor

  • Otros alimentos interesantes son las almendras, las semillas de calabaza y el pepino. La vitamina B6, B2 y el ácido fólico ayudarán a la transmisión sináptica neuronal.
  • La vitamina E es otro potente antioxidante que encontramos en nueces y semillas (incluidas las pipas).
  • Las naranjas aportan vitamina C y ayudan a disminuir la ansiedad y el mal humor.
  • las espinacas nos proporcionarán ácido fólico con el que salir del lado oscuro si estamos advirtiendo nuestra entrada en él.

Endorfinas, omega 3 y desarrollo cerebral

Las nueces y las semillas de lino son fuentes excelentes de omega 3 alternativas al pescado, pero también la cúrcuma, integrante del curri o de la mostaza amarilla, puede tener mayor presencia en nuestra dieta. Que el alzhéimer tiene una baja incidencia en la población hindú es un hecho. Pero no hay que olvidar “lo divertido”, lo que conlleva placer. La capsaicina del picante te hará liberar endorfinas.

El amor y los alimentos

El ajo, las avellanas, las fresas... tienen su punto. Y en absoluto hay que renunciar al chocolate, que realmente relaja.

Como en la novela de Laura Esquivel Como agua para chocolate (1989), se trata de poner amor en lo que hacemos... para que su carga se libere luego en forma de felicidad. Tita, su protagonista, hacía Mood Food sin saberlo (¡o sabiéndolo!): los pétalos de rosa de sus guarniciones, el mole con almendra y ajonjolí, los frijoles gordos con chiles a la Tezcuana o los chiles en Nogada, son claros ejemplos. Servir endorfinas en un plato es al final lo que hacía Tita en el libro.

Disfruta el proceso

Si cocinar, en su definición más convencional de preparar alimentos para ser consumidos, es una de las diferencias que mantenemos con nuestros “primos” también primates, parece fácil integrar en el acto de cocinar la pizca de ánimo positivo, un ingrediente del amor, que convierta lo que comemos en un acto de “buen rollo”.

Si el Mood Food te anima a disfrutar pensando en los alimentos que debes comprar, en la elaboración del menú y finalmente en su degustación, bienvenido sea.

Color, textura y aroma son tanto o más importantes que el sabor, e inducen lo sensorial que se transmite al cerebro y este transformará en “felicidad”, que nuevamente irradiará afuera.

A veces, valores añadidos, como pensar en la selección de colores equilibrando rojos con amarillos, matices de verde, algún toque violeta, seleccionar una música evocadora de algo que recordamos como placentero, combinar dos o más formas de cocción (en los casos en que la cocción sea necesaria) o tener la compañía de quien tú quieres a tu lado para compartir esos alimentos, sea en la cocina o en la compra “selectiva” (de elección de ingredientes; no en llenar a tope el carro para toda la semana) –y aquí vale todo el mundo, la pareja, los hijos, una amiga, un familiar...– marcarán la diferencia entre comer sano y comer sano con amor.

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