Una forma de adicción

FOMO: cuando las redes sociales te atrapan

Cuando no estás navegando por las redes sociales ¿tienes la sensación continua de que estás perdiéndote algo importante? Puede que sufras FOMO, un tipo de ansiedad social relacionada con la tecnología y las redes sociales.

La cantidad de información a la que estamos expuestos en las redes sociales es tan inmensa y el bombardeo de inputs es tan continuo, que resulta imposible abarcar, en cada momento, todo lo que sucede en internet.

Muchas personas, cada vez más, ante esta incapacidad de poder estar al día de todo, están desarrollando FOMO (Fear of missing out), una ansiedad social relacionada con el miedo a perderse algún acontecimiento importante y quedarse atrás, frente a lo que sí están viviendo o compartiendo amigos o familiares.

Test: ¿Podrías estar sufriendo FOMO?

Antes de continuar con el artículo, quiero proponerte que realices el siguiente test

Responde con sinceridad a las siguientes preguntas:

¿Te ha ocurrido alguna vez que …

  • ... dejas a la mitad uno de mis artículos para comprobar si tienes nuevas notificaciones de Instagram o de alguno de tus grupos de Whatsapp?
  • ... abres el navegador para buscar alguna información específica, pero siempre comienzas revisando Facebook para ver las novedades de tus amigos o familiares?
  • ... te asalta la necesidad de consultar Twitter en medio de una conversación con una amiga?
  • ... consultar las redes sociales es lo primero que haces al despertar y lo último antes de dormir?
  • … aprovechas la pausa del semáforo para revisar tu correo?
  • ... sientes estrés o ansiedad cuando no puedes revisar tus redes durante un tiempo?

Si te ves identificada en 3 o más de las situaciones mencionadas anteriormente, estás siendo controlada por el FOMO, el acrónimo inglés para referirse a la necesidad constante de estar conectados para no perdernos nada importante de lo que sucede en las redes.

Por qué se produce el FOMO

En realidad, la ansiedad por estar desconectado de las redes sociales es el ejemplo actualizado de la necesidad humana de pertenencia al grupo.

Como especie, siempre hemos querido saber lo que sucede en nuestro entorno social y estar al día de los últimos chismes familiares o vecinales. Esta era nuestra forma más directa de aprender de los otros, de protegernos ante el peligro y de desarrollar comportamientos exitosos para la supervivencia.

Pertenecer al grupo siempre ha sido sinónimo de protección y supervivencia. El FOMO es un reflejo de esta necesidad humana de pertenencia, pero llevada al extremo por el bombardeo y la inmediatez de las redes sociales.

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Un síntoma de adicción a Internet

Aunque puede darse en adultos, el FOMO resulta especialmente serio cuando afecta a adolescentes y jóvenes, ya que ellos han nacido y crecido con Internet y las redes sociales. Estar conectados forma parte de su vida cotidiana, pero esto puede resultar un problema cuando se convierte en una necesidad o una adicción.

De hecho, el FOMO es uno de los síntomas de las adicciones a Internet que los psicólogos estamos presenciando, cada vez más, en nuestras consultas. En los casos más graves, cuando se prolonga durante mucho tiempo, esta necesidad de conexión constante puede provocar cuadros agudos de ansiedad o depresión.

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Cómo prevenir el FOMO

¿Qué podemos hacer frente al creciente problema del FOMO? ¿Cómo podemos usar la tecnología de manera sana y equilibrada? Veamos algunas ideas:

  • Educación en el uso de las tecnologías: Enseñar a los niños y jóvenes a aprovechar todos los beneficios de Internet y las redes sociales, pero sin dejar que la tecnología les domine.
  • Ofrecer un buen ejemplo: No es coherente pedirle a nuestros hijos que no estén continuamente conectados, si nosotros lo estamos. Tenemos que enseñarle a nuestros hijos que existe vida más allá de internet. Una buena manera puede ser compartiendo con ellos alguna de nuestra aficiones: leer, pintar, bailar, hacer deporte, cuidar plantas, ir a conciertos, etc.
  • Fomentar las habilidades sociales y la autoestima desde la infancia: Los niños que saben jugar y relacionarse con los demás, podrán encontrar el equilibrio entre las relaciones tecnológicas y las relaciones físicas.
  • Quedar con amigos: Es importante recuperar y valorar la experiencia de pasar un rato charlando o jugando en vivo. De esta forma, podremos observar que las relaciones en vivo tienen un ritmo diferente a la velocidad de todo lo que ocurre en las redes.
  • Desconexión tecnológica: Tratemos de acordar momentos sin móviles para poder charlar con tranquilidad. Los momentos de las comidas o las cenas pueden ser una estupenda ocasión para desconectar de las redes y disfrutar del momento en compañía de la familia.
  • Salidas a entornos naturales: Pasear tranquilamente, sin preocuparse por sacar fotos o selfies, por la montaña, la playa o el parque cercano a casa, ayuda mucho a la relajación, a la conexión con nosotros mismos, con la vida real, y a relativizar todo aquello que sucede en las redes.

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