Un abuso silencioso

¿Qué son los vampiros del dolor emocional y cómo actúan?

En los momentos de mayor vulnerabilidad, tenemos que protegernos de los vampiros emocionales, personas que aprovechan la debilidad y el dolor para abusar de los demás.

Ramón Soler
Ramón Soler

Psicólogo

Por mucha fortaleza mental que tengamos, todos pasamos por situaciones en la vida de extrema fragilidad emocional, como puede ser una enfermedad grave, la muerte de una persona muy querida, la pérdida del trabajo o una separación dolorosa.

Estas circunstancias de enorme vulnerabilidad son aprovechadas por personas desaprensivas, vampiros del dolor emocional, para acercarse e intentar sacar el máximo partido de la debilidad de las personas.

Qué es un vampiro del dolor emocional

Los vampiros emocionales son expertos en manipular a los demás que conocen la fragilidad de sus víctimas (soledad, tristeza, desamparo, dolor extremo...) y saben atacarlas en el momento preciso en el que se muestran incapaces de defenderse. Las engañan, las manipulan, se hacen pasar por sus amigas, por sus salvadoras, y acaban logrando que dependan emocionalmente de ellas.

A partir del momento en el que logran que confíen plenamente en ellas, las intentan aislar de amigos y familiares para abusar de ellas.

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En este artículo quiero contarte el caso de María y de cómo, a los cincuenta años, se dio cuenta del abuso al que la había sometido un amigo de la familia cuando su padre falleció, siendo ella una joven de veinte años.

María acudió a terapia presentando problemas de ansiedad y autoestima. Hacía tiempo que no se sentía bien y una amiga suya le había recomendado acudir a mi consulta para tratar su malestar.

A medida que fue avanzando en su terapia y recuperando su autoestima, María comenzó a percatarse de que muchas de sus vivencias, en realidad, tenían una interpretación muy diferente a la que ella les había dado en su momento.

Por ejemplo, siempre había pensado que su padre había sido el mejor de los padres, sin embargo, la realidad es que había sido un padre ausente que nunca se había preocupado gran cosa por ella. El sentimiento de soledad y desamparo que le había causado, en parte, el desinterés de su padre, aún lo arrastraba en la vida adulta.

Por otra parte, siempre había pensado que Tomás, un amigo de su padre que se había ocupado de ella cuando este murió, había sido una especie de salvador. Sin embargo, al ir recuperando su autoestima, poco a poco, se fue percatando de que lejos de ayudarla, él había abusado de la buena voluntad de ella.

Cuando murió su padre, ella era una joven en paro y sin estudios. La madre, que trabajaba como auxiliar administrativo, apenas ganaba para el sustento de las dos, así que ella necesitaba desesperadamente encontrar un empleo. Tomás le ofreció trabajo en una de sus tiendas. Al principio entró como ayudante, poco después, despidió a la otra dependienta y le confió todas las tareas a ella. Llegó un momento que se pasaba en la tienda más de doce horas al día.

En aquellos momentos, ella estaba tan agradecida por poder ganar un sueldo y se sentía tan en deuda con él, por haberla ayudado en sus peores momentos, que no se percató de que la hacía trabajar más de la cuenta. Claramente, se estaba aprovechando de ella.

Además, los domingos, Tomás le pedía que le ayudara a limpiar su casa, le decía que él estaba muy ocupado y que solo se fiaba de ella para esta tarea. También le pedía que le preparara comida para la semana, que la cocina de ella era mejor que la de cualquier restaurante.

María, tan joven e inexperta, no se daba cuenta de que las alabanzas de Tomás eran una trampa. Solo quería aprovecharse de ella y abusar de su agradecimiento y de su buena voluntad.

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Una forma de abuso silencioso

En sus sesiones, María fue tomando consciencia de toda la red de mentiras que había elaborado Tomás para explotarla y aislarla de su familia y amigas. María no tenía tiempo de ver a nadie, ni siquiera los domingos, trabajaba sin parar los siete días de la semana.

Además, por más que la madre, preocupada por cómo se iban desarrollando los acontecimientos, le pedía que dejara el trabajo y le decía que ya se apañarían, María pensaba que no podía hacerlo, que ella era imprescindible para Tomás, que tanto la había ayudado en sus peores momentos.

El traslado a otra ciudad fue lo único que la salvó de las garras de Tomás. La madre de María concursó en unas oposiciones y, al ganarlas, pidió el traslado a la ciudad donde vivía su familia. María se marchó con ella y de esta forma, pudo alejarse de Tomás.

Treinta años después, una vez finalizada su terapia y recuperada su autoestima, María pudo comprender el alcance del abuso al que había sido sometida en el momento de mayor dolor y precariedad de su vida.

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