Cuentos para pensar

El fuego y el clarín

Había un pueblo en el que abundaban los incendios. Gracias a sus vecinos, descubrieron que un clarín podía ayudarles, pero hubo algo que olvidaron considerar... Una historia de Jorge Bucay

Jorge Bucay

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Cuentan que había un pueblo en el que se producían incendios con alarmante frecuencia. Los habitantes decidieron un día reunir una asamblea para tratar el tema.

Después de varias propuestas infructuosas, un joven dijo:

—Al otro lado del bosque hay un pueblo muy similar al nuestro. No tienen la cantidad de incendios que tenemos aquí, o por lo menos no son nunca tan devastadores. Deberíamos saber cómo hacen allí para combatirlos.

Todos estuvieron de acuerdo, de modo que se designó al joven para que viajara hasta allí y averiguara cómo manejaban la cuestión en el otro pueblo.

En el taller del carpintero

Cuentos de Jorge Bucay

En el taller del carpintero

El joven se puso en marcha enseguida y después de unas horas de viaje a través del bosque, llegó al pueblo vecino.

No es que aquí tengamos menos incendios que vosotros –dijo uno de los ciudadanos–. Lo que ocurre es que llegamos rápidamente a ellos y los apagamos con mucha rapidez.

—Comprendo –dijo el joven–. Pero, ¿cómo hacéis para conseguirlo?

—Es bien sencillo –dijo el hombre–: tenemos un clarín. Cuando comienza un incendio, el clarín se encarga de avisar a todo el pueblo. Así conseguimos prevenir a todos y llegar antes de que el fuego se expanda.

Al joven le pareció una muy buena idea, de modo que compró un clarín y lo llevó de vuelta a su pueblo. Una vez allí, colocó el clarín en un atril en la plaza del pueblo y proclamó a viva voz que sus problemas habían terminado, pues ahora ellos también tenían clarín, igual que en el pueblo vecino.

Sin embargo, los incendios en el pueblo siguieron causando tantos problemas como antes. No solo porque la mera presencia del clarín no apagaba incendios, sino también porque en el pueblo nadie sabía cómo hacer sonar un clarín.

Asumir la responsabilidad

En las herramientas no está ni la solución ni el problema. Aprender a usarlas bien es asumir nuestra responsabilidad. Podemos hacer un paralelismo entre el clarín y muchas de las herramientas que tenemos a nuestro alcance en estos días. Y como en la historia, de nada sirven si no las sabemos usar. O mejor dicho, si no las sabemos usar bien.

Por ejemplo, el potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación. Sin duda, a través de la red podemos establecer nuevos vínculos e incluso reforzar los que teníamos. Pero para que sean una herramienta a nuestro servicio en lugar de convertirnos en esclavos tecnológicos, debemos aprovechar sus ventajas y entender sus inconvenientes.

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