HeatherAsh Amara, autora de La diosa guerrera

Empoderamiento femenino

"Cualquiera de nosotras puede ser una diosa guerrera"

Convertirse en diosa guerrera no es perseguir un ideal concreto, sino ser una misma de forma completa. Es lo que propone HeatherAsh Amara, que invita a cada mujer a descubrirse a sí misma en un camino que implica aceptación, compasión y honestidad.

Silvia Díez

La autora del bestseller Tu Diosa Guerrera interior viaja por todo el mundo realizando talleres con el objetivo de ayudar a las mujeres a iniciar su revolución interior para empoderarse y aceptarse plenamente a sí mismas.

Acaba de publicar El camino de la Diosa Guerrera (Ed. Urano) y hemos podido hablar con ella sobre cómo emprender este camino y el que ella misma ha seguido.

En su caso, esta revolución interior le ha llevado a ayudar a mujeres de todo el mundo a través de sus libros y talleres. "Es mi misión de vida ayudar a las mujeres a que confíen más en sí mismas, se sientan seguras, alegres y audaces" sostiene.

Le puso en este camino su mentor, Don Miguel Ruiz, quien también le transmitió las enseñanzas de la cultura tolteca. "Lo que más me atrajo de Don Miguel Ruiz fue su enorme amor incondicional, así como su forma de combinar dedicación y juego –cuenta HeatherAsh–. Sintiendo su amor incondicional aprendí a amar".

HeatherArsh Amara: de diosa guerrera a diosa guerrera

Según esta experta en empoderamiento femenino, hemos sido educadas y domesticadas para compararnos y criticarnos constantemente. "De nuestros padres, maestros, colegas y de la religión hemos aprendido que no somos suficiente, que deberíamos ser más perfectas, delgadas y bonitas para poder gustar a los demás", afirma.

"Las mujeres se juzgan en exceso y se sienten más insatisfechas con la vida que los hombres. Les da miedo equivocarse, mientras que ellos exploran y experimentan más para aprender de ello".

—¿Qué diría que le ha enseñado la cultura tolteca?
—Me ha enseñado a tener más conciencia de mis pensamientos en cada momento, a estar presente, calmada y centrada. Me ha enseñado a no creer lo que mi mente me dice y a transformar mis creencias limitantes.

Conviene estar atentas a nuestros pensamientos para ver si crean historias que nos hacen sentir mal con nosotras mismas y nos hacen perder energía. Básicamente, la cultura tolteca me mostró cómo ser feliz y disfrutar de mi vida.

—Pensamientos como los de culpabilidad... ¿Por qué nos sentimos fácilmente culpables las mujeres?
—El sentimiento de culpabilidad resulta de no sentirnos valiosas ni suficientemente buenas. Si creemos que debemos ser perfectas y sentimos que no lo somos, comenzamos a sentirnos culpables no ya por una acción concreta, sino por ser quienes somos.

"Si creemos que debemos ser perfectas y sentimos que no lo somos, comenzamos a sentirnos culpables."

Yo solía pensar que debía ser perfecta y me sentía culpable por hacer algo mal o por herir a alguien. Pero empecé a prestar atención a cuando me asaltaba el sentimiento de culpa y me di cuenta de que, en realidad, me sentía culpable por cualquier cosa. Tanto por cometer un error como por hacer algo bien, porque entonces significaba que le estaba quitando algo a otra persona.

Al darme cuenta, pude cambiar el patrón y reconocer que no era culpa mía.

—Ha conocido a muchas mujeres de diferentes culturas en los talleres que da en todo el mundo, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?
—Para mí, una de la mayores sorpresas fue, cuando estuve enseñando en Colombia, la obsesión que pueden llegar a tener las mujeres por tener determinada apariencia física. En algunas partes del país, a niñas de 15 años se les regala una operación de cirugía estética por su cumpleaños. La presión para que se comporten como se espera de ellas y tengan una determinada imagen es enorme.

Y es que en general la sociedad respeta poco a las mujeres, y creo que es porque somos increíblemente poderosas. Somos quienes creamos y sostenemos la vida.

A lo largo de la historia, los hombres se han sentido amenazados por el poder de la mujer y han ido socavado nuestra confianza en nosotras mismas. Nos han menospreciado hasta hacernos creer que somos inferiores. Pero hombres y mujeres somos iguales y debemos recibir el mismo trato.

"En general la sociedad respeta poco a las mujeres, y creo que es porque somos increíblemente poderosas."

—Aceptarse en cualquier situación parece el secreto. ¿Se puede?
—Sí, claro, aunque lleva tiempo, porque aprendemos justo lo contrario. Se necesita una inmensa paciencia y dedicación para conocerse. Convertirse en Diosa Guerrera significa sentir amor hacia ti misma y ganar intimidad en tu relación contigo misma.

Con compasión hacia nosotras mismas podemos aceptarnos, incluso aunque hayamos cometido un gran error. Y el poder de celebrar errores y contratiempos se aprende. Cuando hacemos algo incorrecto, en lugar de avergonzarnos, podemos celebrar ese momento manteniendo una actitud de curiosidad y apertura. Así será más fácil avanzar.

"He vivido grandes problemas y desafíos; al principio puedo enojarme, pero me recuerdo a mí misma que debo buscar la bendición o lección que esconden; así puedo incluso llegar a sentir gratitud por lo que me está ocurriendo."

Cuando nos abrimos ante las dificultades –y no estoy diciendo que nos las merezcamos ni tampoco que tengan que gustarnos–; cuando, a pesar de ellas, mantenemos abierto el corazón y mantenemos la intuición y la creatividad, podemos ver más claramente cuál es el próximo paso.

—Hay mujeres que sienten que la vida nunca les ha sonreído…
—Les invitaría a dar pequeños pasos para nombrar aquello por lo que podrían sentirse agradecidas cada día.

Si contemplamos el mundo con los ojos de la negatividad, solo vemos lo que va mal. Cuando le damos la vuelta a nuestra mirada, empezamos a contemplar lo positivo y nuestra vida mejora.

—¿Cómo fue en tu caso el proceso de convertirse en una diosa guerrera?
—Uno de los factores que más me ayudó a encontrar mi poder fue un complicado divorcio. Me tomé el tiempo de curarme y de recuperar mi poder a través de la compasión. Aprendí a no abandonarme a mí misma y a darme apoyo incondicional.

Estas enseñanzas son las que comparto en mi libro Tu Diosa Guerra Interior. Mi viaje ha sido el de una diosa guerrera que ha encontrado apoyo en maestros maravillosos, y mi mayor maestra ha sido la vida misma.

Nuestras historias pasadas no tienen por qué definirnos. Podemos contemplar nuestra vida con otros ojos y escribir una nueva historia que nos empodere en vez de desanimarnos. ¿Y si todas las luchas que has protagonizado forman parte de tu viaje heroico para convertirte en lo que eres ahora? Mírate a ti misma como la poderosa mujer que ha aprendido y crecido, en vez de como una víctima, y de repente tu historia cambiará.

"¿Y si todas las luchas que has protagonizado forman parte de tu viaje heroico para convertirte en lo que eres ahora?"

—¿Cualquiera de nosotras puede convertirse en Diosa Guerrera?
—¡Desde luego! Ser una diosa guerrera no significa ser de una determinada manera. Se trata de honrar plenamente aquello que somos. La energía de una guerrera procede de enfocarse, de la claridad y la dedicación, de la creatividad y la entrega, del hecho de abrirse a todas las posibilidades.

No queremos ser mitad guerreras y mitad diosas, sino descubrir cuál es nuestra particular mezcla de esas dos energías, para utilizarlas según necesitemos. Ser una diosa guerrera significa ser quien eres de manera completa. Ser auténtica, quererte a ti misma y aprender sobre la marcha.

Criar a una hija para que pueda convertirse en diosa guerrera es enseñarle a amarse a sí misma, y para ello nada mejor que tú te ames y le sirvas de ejemplo. Recuérdale que es fuerte, que tiene voz propia y que no necesita ir de pequeña.

"Ser una diosa guerrera no significa ser de una determinada manera. Se trata de honrar plenamente aquello que somos."

—¿Qué ejercicio o meditación recomendaría como práctica diaria?
—Medito casi cada día, pero sobre todo intento aportar quietud a lo que yo llamo los «vacíos». Es lo que invito a hacer a todos mis estudiantes...

Empieza por buscar vacíos en tu vida, es decir, tiempos muertos; por ejemplo, el tiempo que esperas a que te traigan un café, en un semáforo, en el metro o cuando vas por un pasillo para ir al baño… ¿Cómo los llenas? ¿Los llenas de ruido pensando en el pasado, en el futuro, preocupándote, mirando el móvil?

Podemos transformar nuestras vidas si optamos por aportar quietud a esos vacíos. En lugar de apresurarnos, podemos disminuir la velocidad, aprovechar para conectar con nuestro cuerpo y avanzar hacia la quietud. Es una hermosa manera de intercalar una práctica de conciencia en el día a día.

—¿Cómo nos ayudan los rituales?
—Los rituales son una manera de marcar las transiciones en nuestra vida. En el mundo moderno tenemos muy pocos. Solo celebramos cumpleaños, bodas y poco más.

Sin embargo, un ritual marca físicamente un final de etapa o lo que está a punto de nacer. Nos saca de la cabeza y ayuda a dar sentido; nos permite acceder a la sabiduría profunda que reside en el interior de nuestro cuerpo.

Imagina cómo te sentirías si crearas un ritual para señalar las transiciones de tu vida, como dejar un trabajo o una relación, crear una familia o iniciar un proyecto. Con el ritual lo cotidiano se convierte en algo sagrado y eso nos ayuda a tomar conciencia de hacia dónde se está dirigiendo nuestra energía.

—La mujeres tenemos a menudo una complicada relación con nuestro cuerpo...
—Sí, la mayoría de mujeres que conozco son muy críticas con su cuerpo. Tenemos expectativas muy poco realistas de cómo debería ser. Una forma de mejorar esto es concentrarse en agradecer las cosas increíbles que nuestro cuerpo hace por nosotras. ¡Basta ya de compararse con otras mujeres!

En lugar de prestar atención a cómo se ve tu cuerpo, presta atención a qué siente. Entra en contacto con él a través de las sensaciones, en lugar de mantenerte fuera y contemplarlo solo desde la mente. Pregúntate qué sensaciones te resultan más placenteras. Date permiso para disfrutar de estar cogiendo fruta en el mercado, de pasear con el pelo al viento, de coger de la mano a un amigo… Enumera aquello que te da placer y haz más estas cosas.

"En lugar de prestar atención a cómo se ve tu cuerpo, presta atención a qué siente. "

—¿Y podemos disfrutar más de nuestra sexualidad?
—¡Desde luego! Las mujeres tienen una capacidad increíble para sentir placer y disfrutar de su sexualidad. Contempla tu cuerpo como un templo construido para sentir placer. Experimenta el mundo a través de los sentidos: saborea, toca, huele, escucha música, contempla los colores… Así descubrirás lo que te gusta, cómo te gusta que te toquen, qué te excita, qué te hace sentir sexi…

Y es importante no prestar atención a lo que el afuera espera de nosotras, para enfocarse en lo que le gusta a nuestro cuerpo aquí y ahora. Debes ser valiente para decirle a tu pareja qué es lo que te gusta y enseñarle a que te dé placer. Pero antes tienes que saber tú lo que te gusta para ser una buena guía.

—¿Puede explicarnos la historia de alguna mujer cuya revolución la haya impresionado?
—Harriet Tubman es la mujer que aún me inspira. Nació en el siglo XIX en América y era esclava. Escapó y empezó a trabajar para un tren subterráneo con el que ayudó a escapar a otros esclavos. No tenía miedo y era incansable en su misión de liberar a tantas personas como pudiera.

También las mujeres que acuden a mis talleres y eventos online me inspiran. Llegan sintiéndose rotas y temerosas, y con coraje y dedicación encuentran su fuerza y resiliencia. He visto cómo muchas comparten sus historias y se dan cuenta de que no están solas. La transformación es muy inspiradora.

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