Bajo lupa

"Los fármacos son hoy la tercera causa de muerte"

Claudina Navarro y Manuel Núñez

Peter C. Gøtzsche denuncia los turbios intereses de la industria farmacéutica.

Catedrático de Diseño y Análisis de Investigaciones Clínicas en la Universidad de Copenhague (Dinamarca), Peter C. Gøtzsche no pierde ocasión de denunciar la corrupción inherente al actual sistema de producción y venta de medicamentos, y lo hace en los congresos y las revistas más prestigiosas.

Es autor de un libro de título contundente: Medicamentos que matan y crimen organizado. Este libro, rechazado por grandes editoriales españolas, fue publicado por Los Libros del Lince, una pequeña editorial con un catálogo lleno de obras críticas y estimulantes.

Gøtzsche vino a presentarlo a España hace 4 años y en esa ocasión pudimos hacerle esta entrevista. La British Medical Association acababa de otorgarle el premio al mejor libro del año en la categoría de "Bases de la medicina".

Pero desde entonces han ocurrido algunos acontecimientos. En septiembre de 2018 la Cochrane Collaboration, una organización sin ánimo de lucro de reconocido prestigio (de la que él era uno de los fundadores), decidió expulsarle. Había criticado un estudio favorable a la vacuna del papiloma humano.

Cuatro miembros de la dirección se solidarizaron con Gøtzsche y dimitieron, lo que dejó entrever que el conflicto iba más allá de lo personal e involucraba a toda la organización.

Al cabo de un mes, el Rigshospitalet, el hospital nacional de Dinamarca, también despidió a Gøtzsche.

Esto es lo que nos contó en aquella entrevista de 2014.

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"Necesitamos empresas farmacéuticas públicas, sin ánimo de lucro, que trabajen para el bien común"

– ¿Cuándo consideró que las farmacéuticas se comportan como el crimen organizado y decidió denunciarlo?

–He escrito el libro por dos razones. La primera, al descubrir que el comportamiento de las grandes empresas farmacéuticas cumplía con la definición del crimen organizado en las leyes de Estados Unidos. La segunda, porque estos crímenes contribuyen a que la prescripción de fármacos sea hoy la tercera causa de muerte, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Quería que la gente despertara ante estos hechos terribles y decir qué podemos hacer como sociedad y como pacientes individuales.

"Sabemos muy poco sobre los medicamentos que tomamos."

Decidí escribir el libro después de una reunión en el Parlamento Europeo con representantes de Health Action International y otras organizaciones con las que intentábamos influir sobre la revisión de la directiva europea que regula los estudios clínicos para que se mejorara el acceso a los datos de las investigaciones realizadas por las empresas.

–Dice que a las farmacéuticas no les importan las vidas humanas. ¿Pues qué les importa entonces?

–Ya no es posible esconder que el tabaco es una de las principales causas de muerte, pero sí que los medicamentos también lo son. Las farmacéuticas han ocultado, tanto en la investigación como en la comercialización, los daños letales que causan sus productos. Y se han negado a reconocerlo cuando se les ha enfrentado a los hechos. Igual que los ejecutivos de las tabacaleras cuando testificaron ante el congreso de los Estados Unidos en 1994 que la nicotina no era adictiva, aunque sabían desde hacía décadas que sí lo era.

– ¿Qué casos le han escandalizado más?

–Los medicamentos para la artritis como Vioxx, que fue retirado en 2004 porque llevaba a sufrir ataques cardiacos. Y que las empresas farmacéuticas empujen a los niños al suicidio con pastillas antidepresivas, llamadas irónicamente "píldoras de la felicidad". Aunque se ha documentado que estos fármacos doblan el riesgo de suicidio en niños y adolescentes, y aunque el prospecto lo advierta, algunos psiquiatras y ejecutivos, incluido el CEO de Lundbeck, han asegurado que protegen frente al suicidio en niños y adolescentes. Para mí esto ilustra hasta qué punto la sanidad se ha corrompido.

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Seducir al médico

–Si es como dice, ¿por qué tantos médicos y farmacéuticos defienden el actual modelo como el más idóneo?

–La propaganda y el dinero son muy eficaces. Si una mentira se repite lo suficiente, la gente tiende a creérsela. Y las empresas compran a una cantidad extraordinaria de personas hasta llegar a los ministros de sanidad.

En Dinamarca solo somos 20.000 médicos, pero bastantes miles están en la nómina de la industria. La mayoría no realizan ningún trabajo significativo por ese dinero y lo que hacen a menudo no es en interés de sus pacientes, sino de sus benefactores. Se trata de una forma sutil de corrupción.

El capitalismo y la sanidad son muy malos compañeros de cama, porque el capitalismo consiste en hacer dinero, no importa cuáles sean los costes en términos de discapacidades o pérdidas de vida causadas, mientras que la sanidad se ocupa de cuidar a los pacientes y ayudarles a vivir mejor y a sobrevivir.

Este antagonismo es muy claro cuando comparamos los Estados Unidos con el resto del mundo. Los Estados Unidos poseen un capitalismo salvaje y sus gastos en sanidad –en proporción al producto nacional bruto– doblan los de los países europeos, pero los resultados son notablemente más pobres que en Europa.

Un informe de 2008 de la Commonwealth halló que los Estados Unidos estaban los últimos en una lista de 19 países industrializados teniendo en cuenta una serie de variables que reflejan la salud de la población. Pero la propaganda hace creer a la mitad de los americanos que poseen el mejor sistema de salud del mundo.

–Usted parece una excepción. ¿Por qué no ha caído en las redes del marketing?

–Nunca me ha motivado el dinero. Lo que de verdad mueve a las personas es hacer algo que represente un impacto positivo, especialmente contribuir a que el mundo sea mejor.

Piense en la Wikipedia y la maravillosa fuente de información que es: gratuita y producida por voluntarios que no son pagados por su trabajo. Su inventor, sir Timothy John Berners-Lee, podría haberse convertido en millonario patentando la "world wide web2, pero se la regaló al mundo. Si la hubiera patentado, ahora tendríamos muchas redes pequeñas y tendríamos que pagar por acceder a la información.

Patentar medicamentos lleva a un volumen obsceno de explotación y extorsión a causa de los monopolios que se crean. Si un coche es demasiado caro, podemos decidir no comprarlo, pero no tenemos esta libertad ante un medicamento increíblemente caro que puede salvar una vida.

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Los estudios deberían ser independientes

–Si no fuera el beneficio, ¿qué podría motivar a la industria para realizar las investigaciones necesarias?

–La mayoría de avances importantes en el tratamiento de enfermedades vienen de investigaciones financiadas con dinero público pero, cuando la industria se apropia de los hallazgos, desarrolla medicamentos y los comercializa. Entonces se hacen enormemente caros, hasta convertirse en una amenaza para las economías nacionales de los países ricos y resultar inaccesibles para los países pobres.

– ¿Los métodos que se utilizan en los estudios científicos son adecuados?

–Después de muchos años estudiando eso, he llegado a la conclusión de que no se puede confiar en los estudios publicados en las revistas médicas: no superarían ni los estándares de la Unión Europea para la publicidad de medicamentos, los cuales dicen que "ninguna persona podrá divulgar un anuncio relativo a un medicamento a menos que la publicidad fomente el uso racional de ese producto presentándolo de forma objetiva y sin exagerar sus propiedades".

Tanto el diseño como los análisis y la información sobre la financiación de los ensayos de medicamentos están manipulados de una manera u otra.

–Defiende que los gobiernos, a través de la Seguridad Social, realicen los estudios independientes que sirvan para decidir si un medicamento debe ser aprobado.

–Sería inmensamente beneficioso que lleváramos a cabo estudios independientes de nuevos medicamentos antes de decidir si los utilizamos o los pagamos.

En Holanda, una legislación de 1979 permite que el primer ministro restrinja la aplicación de ciertas tecnologías en determinados hospitales mientras se realiza una valoración sistemática de la bibliografía científica. En 1986 se destinó un presupuesto para este fin con el resultado de que la Seguridad Social solo paga por nuevas tecnologías que hayan demostrado sus efectos a través de estudios bien diseñados.

El dinero para los estudios independientes puede proceder de los impuestos. Si la industria farmacéutica obtiene enormes beneficios basándose en investigación financiada con dinero público y con la venta de los medicamentos a la administración sanitaria, sería razonable que la industria pagara unas tasas con las que financiar estudios para comparar un nuevo medicamento con el mejor tratamiento que esté disponible antes de decidir nada.

Si tasamos las prescripciones con solo un 2%, crearíamos rápidamente un gran fondo para la financiación de estas investigaciones. La agencia italiana del medicamento requiere a las farmacéuticas una contribución del 5% de sus gastos promocionales, lo cual ha creado un gran fondo que se usa en parte para la financiación de investigaciones clínicas independientes. Existen iniciativas similares en España.

Las principales razones por las que no se hace efectivo todo esto son la corrupción política y la propaganda de la industria.

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Precios irreales

– ¿Los políticos pueden sustraerse al poder y la influencia de las farmacéuticas?

– ¡Me parece una broma! La industria farmacéutica es el grupo de presión más fuerte en Washington y contribuye con generosidad a las campañas políticas. También hay un grupo de presión fuerte en la Unión Europea y además hacen presión doctores aparentemente independientes que se "olvidan" de informar a los políticos de que han sido pagados y enviados por la Big Pharma.

Las organizaciones de pacientes también salen en defensa de la industria, la cual a menudo les paga. Suelen ocultarlo.

–La Seguridad Social española está a punto de aprobar el tratamiento de la hepatitis C con Sovaldi (sofosbuvir) de Gilead, que cuesta 60.000 euros por paciente. ¿Está justificado un precio así?

–Un precio tan alto constituye una extorsión y un abuso de monopolio, no puede estar justificado.

"Los precios de los medicamentos no tienen nada que ver con los costes de investigación y desarrollo, sino que reflejan cuánto están dispuestas a pagar nuestras sociedades."

Debemos introducir controles eficaces de los precios ynegarnos a aprobar nuevos medicamentos a menos que el proceso también implique el establecimiento de un precio razonable por el medicamento.

–Los médicos se fían de las revistas científicas que avalan los nuevos medicamentos. ¿No deberían hacerlo?

–No. Las revistas más prestigiosas sufren un serio conflicto de intereses cuando tratan sobre ensayos de la industria y pueden perder mucho dinero en ventas si son demasiado críticas.

El antiguo editor de British Medical Journal, Richard Smith, escribió un artículo con el informativo título "Las revistas médicas son una extensión de los departamentos de marketing de las empresas farmacéuticas" y ha explicado que a veces las compañías cuando envían un artículo dicen que comprarán equis ejemplares si se publica.

Richard Smith también dice que el negocio entero de las revistas médicas es corrupto porque los propietarios hacen dinero restringiendo el acceso a importantes investigaciones, la mayoría financiadas con dinero público.

Los pactos ocultos

– ¿Es posible que las farmacéuticas oculten o desacrediten tratamientos eficaces porque no les son rentables?

–Me parece que todo es virtualmente posible en la industria farmacéutica.

Este año, por ejemplo, las empresas suizas Roche y Novartis fueron multadas con 180.000 euros por la autoridad italiana de la competencia por ponerse de acuerdo para evitar el uso del remedio más barato entre dos para tratar la degeneración macular húmeda relacionada con la edad, que causa ceguera. En algunos países, el medicamento que fue oficialmente aprobado para tratar la enfermedad cuesta cien veces más que el otro, que no fue aprobado, cuando estudios independientes demostraron que son equivalentes.

La prevención como mero negocio

–Advierte contra los efectos de los medicamentos que se toman preventivamente, por ejemplo contra la hipertensión, el colesterol o la osteoporosis. ¿No son necesarios?

–Tomar esos medicamentos es como comprar un seguro. Pocas personas se beneficiarán, pero todas deben pagar por el seguro contra un acontecimiento desfavorable. Muchas sufrirán efectos secundarios que no creerán que guarden relación con los medicamentos que están tomando.

El movimiento crítico de ciudadanos y médicos con el objetivo de desmedicalizar nuestras sociedades está ganando un apoyo creciente en los últimos años y se realizan encuentros internacionales acerca de temas como el sobrediagnóstico y el sobretratamiento.

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Terapias naturales

–Si el que tenemos es un modelo dominado por Big Pharma, ¿cómo podría ser un modelo de salud alternativo?

–Debiéramos vivir felices una existencia con sentido. Esto es lo que más importa. Y hacer ejercicio y no preocuparnos demasiado. Hace dos años demostramos que los chequeos regulares de salud no producen beneficios y pueden causar daños en términos de más diagnósticos y más medicamentos. El estudio incluía 240.000 participantes y nuestras conclusiones fueron sólidas.

– ¿Qué opina de la medicina y las terapias naturales?

–La llamada medicina natural no me parece la solución. Normalmente es totalmente ineficaz y cuando, en pocos casos, se encuentra algo con efecto, por ejemplo, la planta artemisia contra la malaria, ya no es medicina natural, sino solo medicina que cualquier médico estaría interesado en utilizar.

"El escepticismo hacia los medicamentos no debería llevarnos al extremo opuesto y aceptar remedios sin analizarlos."

– ¿Debería enfocarse de otra manera la comprobación de las propiedades de las plantas medicinales?

–No. La aproximación más digna de confianza para probar cualquier intervención es el ensayo aleatorio. Es preferible que estos estudios sean a ciegas (ni los médicos ni los pacientes saben cuándo administran o toman medicamentos o placebo), pero no es un requisito para hacerlos (por ejemplo, los estudios para comparar medicamentos con cirugía no se pueden realizar a ciegas).

No existe ninguna controversia al respecto: es una falsa controversia que los medios y algunos practicantes alternativos han creado para proteger sus negocios. Los buenos científicos interesados en la medicina alternativa saben perfectamente que sus remedios deben ser estudiados en ensayos aleatorios.

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Las vacunas a examen

– ¿Qué piensa de las vacunas? ¿Debemos ponernos todas las que nos dicen?

–Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla. Algunas vacunas resultan tan beneficiosas, comparando los daños que pueden causar con los daños causados por las enfermedades que evitan, que no hay duda de que es preferible ser vacunado. Es el caso de las vacunas para el tétanos, las paperas, la rubéola y el sarampión.

La idea de que la vacuna triple vírica pueda causar autismo –basada en una investigación fraudulenta de Andrew Wakefield, publicada en The Lancet– ha sido rechazada convincentemente.

Otras vacunas tienen efectos menores, como la de la gripe, y los riesgos asociados a la enfermedad son muy bajos, razón por la cual muchas personas, incluyendo profesionales de la medicina, no se vacunan.

Otras son controvertidas, como la del virus del papiloma humano, pues la vacuna puede causar daños terribles e irreversibles. Esto es rechazado por las empresas y algunos doctores, pero no estoy seguro. Algunos de los placebos utilizados en los estudios aleatorios contenían aluminio, que es neurotóxico, y esto ha podido enmascarar algunos de los daños causados por la vacuna, pues tanto las personas vacunadas como las no vacunades recibieron el agente neurotóxico.

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Seis consejos

–Afirma que el consumo del 95% de los fármacos no está justificado. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos?

–Todos los medicamentos vienen con una larga lista de advertencias, contraindicaciones y precauciones. Lo mejor que un paciente puede hacer es leer el prospecto con mucha atención incluso antes de acudir a la farmacia.

Los prospectos oficiales aprobados para los medicamentos se pueden encontrar en internet, por ejemplo, en la web de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos y en la de la Agencia Española del Medicamento.

Los prospectos son a menudo largos y difíciles de leer y comprender, pero hay información abundante. Cuando el paciente lo ha leído es probable que sepa más sobre el medicamento que el médico. Esto puede ayudar a los pacientes a tener confianza suficiente para negarse a tomar ese medicamento.

Los pacientes deben comprender que los doctores saben poco, muy poco, sobre los medicamentos que no haya sido cuidadosamente urdido y disfrazado por la industria. Deben saber también que sus médicos pueden tener motivos egoístas para elegir determinados medicamentos: el soborno es común para inducir que los médicos prefieran ciertos medicamentos caros que no son mejores que otros que cuestan mucho menos.

"Deberíamos tomar muchos menos medicamentos de los que tomamos actualmente."

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Dejar de ser pacientes y tomar las riendas de nuestra salud

En mi libro doy los siguientes consejos:

  • Deja de formar parte de cualquier asociación de pacientes que acepte favores de la industria.
  • Pregunta a tu médico si recibe dinero u otros favores de la industria, si tiene acciones o si es visitado por comerciales de las farmacéuticas. De ser así, busca otro médico.
  • No tomes medicamentos si no es absolutamente necesario, y raramente lo es. Pregunta si hay otras opciones y si te encontrarás bien también sin tomar el medicamento. Recuerda que muy pocos pacientes se benefician de los medicamentos que toman.
  • Pregunta si hay un medicamento más barato que el que te sugiere el médico.
  • Evita tomar un nuevo medicamento durante los primeros siete años que esté en el mercado, a menos que sea uno de los muy escasos medicamentos que ofrecen ventajas terapéuticas documentadas sobre los ya existentes. La mayoría de medicamentos que son retirados del mercado por razones de seguridad lo son en los primeros siete años.
  • Recuerda que no se puede creer ni una palabra de lo que las empresas farmacéuticas nos dicen, ni en las investigaciones ni en la publicidad ni en la información que ofrecen a los pacientes.

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