Aumento hiperelectrosensibles

Riesgos de la 5G

Cada vez hay más personas hipersensibles a los móviles

Quizás no conozcas aún a ninguna, pero los casos no dejan de crecer y los científicos advierten que aún lo harán mucho más en los próximos años.

Ana Montes

Se calcula que actualmente la hiperelectrosensibilidad tiene una incidencia de entre el 3% y el 5% en la población total (más que el sida), pero, según los científicos, en 2030 afectará al 50% de la población mundial.

Así se explicó en el curso científico "5G y salud en la sociedad de la información", celebrado en la Asociación de la Prensa de Madrid y convocado por EQSDS, la asociación de pacientes Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud.

Los médicos ya pueden diagnosticar la electrohipersensibilidad

La enfermedad se desarrolla por una sobreexposición a los campos electromagnéticos tanto de alta frecuencia –wifi, móviles, teléfonos inalámbricos, antenas de telefonía móvil, wifi rural y wimax–, como de baja frecuencia –cableado, líneas de alta tensión o transformadores–.

Ante estos datos, es necesario dibujar un horizonte y un escenario reales que permitan minimizar el impacto y sufrimiento que la electrohipersensibilidad puede generar.

Los síntomas más frecuentes

Quienes la sufren refieren dolor de cabeza, acúfenos, malestar, taquicardias y bradicardias, insomnio, fatiga, dolor y nerviosismo relacionado con la irritabilidad y el estrés.

La hiperelectrosensibilidad genera problemas en el sistema nervioso central, el digestivo, el neurológico, el circulatorio y el inmunitario, y da lugar a problemas cognitivos como la falta de memoria a corto plazo cuando se está expuesto a los campos electromagnéticos (CEM).

Además, puede provocar sensación de quemazón interna, dificultad motora, debilidad generalizada y, ante el desconocimiento de los facultativos, sufrimiento por la incomprensión.

Pero no es una enfermedad psicosomática ni psiquiátrica. Las referencias para diagnosticarla fueron detalladas por el Colegio Médico de Austria en 2013 y se encuentran también en la Guía EUROPAEM 2016 elaborada por la Academia Europea de Medicina Ambiental. Además, gracias a la investigación de científicos como Madga Havas y Dominique Belpomme, se van encontrando biomarcadores.

Parece, por ejemplo, que quienes ya sufren fibromialgia, sensibilidad química, fatiga crónica y la enfermedad de Lyme son más vulnerables a la electrohipersensibilidad. Pero hay electrohipersensibles que no presentan ninguna de estas afectaciones.

Crecen las evidencias científicas sobre los riesgos

Las múltiples alertas científicas han sido desatendidas por las autoridades y persiste un “generalizado desinterés informativo”. Los medios son más proclives aún a hablar de las bondades de la tecnología (siempre las hay) que de las evidencias científicas sobre sus riesgos. Y eso a pesar de que el 63% de los más de 25.000 estudios sobre bioelectromagnetismo delatan daños y riesgos en la salud por efecto de los CEM, explicaron en el curso.

Científicos internacionales independientes han realizado llamamientos a la ONU, la OMS y los gobiernos para pedir una moratoria al 5G y al 5G espacial. El motivo es que la exposición de las personas y el medio ambiente a los CEM aumentará de 10 a 100 veces en los próximos años, lo que generará un dramático aumento de la electrohipersensibilidad y una “crisis sanitaria”, dijeron.

Los últimos llamamientos (5G Space Appeal y The EMF Call) fueron lanzados el 1 de noviembre, cuando también se publicó el gran estudio NTP (del Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos, por sus siglas en inglés). Esta investigación encontró “evidencia clara” en el aumento de tumores de cerebro y corazón en ratas macho por la exposición a altas frecuencias y el uso del móvil.

También el Instituto Ramazzini de Italia encontró los mismos tipos de cáncer en un estudio de 2018, similares a los tumores de algunos estudios epidemiológicos de usuarios de móviles.

Existen evidencias que descubren daños en una parte de la cadena del ADN, en la fertilidad y en el corazón, así como un aumento de las enfermedades neurodegenerativas y del cáncer por el mayor estrés oxidativo que causan los CEM y que afectac al reloj biológico central del organismo.

Todos podemos desarrollar electrohipersensibilidad

Pero tanto las alertas como las evidencias se quedan en el mismo limbo en el que viven los electrohipersensibles. Y los que no lo son se pierden en la información contradictoria, alguna de “estudios con conflicto de interés”. Pero los datos no lo son, denunciaron.

No son antitecnología sino, en muchos casos, sus primeros usuarios. Tampoco han nacido electrohipersensibles, sino que se han sensibilizado antes que otros a la radiación no ionizante ya que su efecto es acumulativo y depende de la vulnerabilidad de cada persona y de la radiación recibida. Esta es una tasa que hoy no se mide.

Por eso, todos podemos ser un día hiperelectrosensibles. Niños que llevan menos años conviviendo con los CEM, pero que los han recibido desde su gestación están viéndose afectados. Se debería alertar de ello a las embarazadas, afirmaron en el curso.

La tecnología 5G, con más antenas y nuevas frecuencias e intensidades, está a la vuelta de la esquina pero hoy día convivimos ya con ciudades y pueblos inalámbricos, igual que inalámbricos son los colegios de nuestros niños.

Se les pide que se concentren y aprendan en un entorno saturado de ondas y no se exige a los centros y la administración que se responsabilicen de los wifis que instalan, aun cuando hay evidencias de sus riesgos. Así, Francia los ha prohibido en las guarderías y escuelas.

Para abordar un problema hay que reconocer que existe

La electrohipersensibilidad sigue siendo una enfermedad no reconocida por la OMS, pero sí lo es en Suecia y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que en su resolución 1815 pide que se apliquen medidas de prevención y que se reduzcan las tasas de radiación a 0,1 mW/cm₂, radiación que la 5G superará.

“Esta información es extremadamente importante pero no llega a la sociedad, porque para abordar un problema primero hay que reconocer que existe –afirmó Minerva Palomar, presidenta de EQSDS–. Uno de los impedimentos es la poderosa industria que hay detrás”.

En su intervención, Palomar afirmó que: “No se puede hacer que las ciudades se vuelvan inalámbricas sin pensar en las consecuencias. No es fácil vivir con menos espacios a los que ir. Nuestro mundo se va limitando y reduciendo cada vez más y más rápido. Y hoy los electrohipersensibles ya nos jugamos la vida porque es imposible estar en un lugar que te produce toda esta sintomatología. Por eso necesitamos tecnología verde, segura y biocompatible. Igualmente, tenemos que recuperar espacios que nos están quitando los wifis: calles, plazas... Es absurdo luchar contra la contaminación de cualquier tipo y no impedir la contaminación electromagnética”.

Es urgente crear "zonas blancas" exentas de ondas

Hay electrohipersensibles que aún viven en ciudades, porque el grado de afectación es variado, pero también los hay que están buscando zonas poco contaminadas de ondas donde vivir o zonas blancas, exentas.

Estos paraísos donde restablecerse apenas existen y obligan a un éxodo que les priva de derechos. En Estados Unidos solo hay dos, en Francia hay uno y en España, ninguno. Debería existir alguno por una “cuestión de ética”, afirmaron. Pero con la 5G no está asegurado.

“Se están quedando en el tintero todos los derechos humanos. Se vulneran en favor de esta expansión tecnológica que no tiene en cuenta nuestra biología, porque, por naturaleza, todos somos electrosensibles. Se habla de la adicción a la tecnología pero no de los riesgos de esta radiación”, lamentó Minerva Palomar. Por ello urgió a un debate social y pidió a la prensa el compromiso de informar.

“No queremos guetos, sino una gran zona segura para todos. Queremos una ley que nos proteja y no ser invisibles para la Sanidad. Ahora no podemos entrar en los hospitales, repletos de CEM y wifis. La tecnología inalámbrica está creando barreras. Y también hay que fomentar nuevos hábitos de uso de los dispositivos en modo seguro, y que no invadan los derechos, los espacios y la salud de los demás”, concluyó la presidenta de EQSDS.

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