Desperdiciar comida

Stop al despilfarro alimentario

Cuánta comida tiramos a la basura (y por qué debería preocuparnos)

La mayor parte de la comida que se desperdicia proviene de los hogares y las cifras son apabullantes. Descubre las consecuencias de este despilfarro alimentario, contra el que todos podríamos aportar nuestro granito de arena.

Gema Salgado

Mientras casi mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a una nutrición suficiente, un tercio de la producción de alimentos se desperdicia y acaba en la basura. ¡Un tercio!

Esto no solo nos sitúa ante un problema ético. Además tiene un gran impacto medioambiental: sí, el despilfarro alimentario también contribuye al calentamiento global.

Conocer algunas cifras quizá nos ayude a reaccionar...

7,7 millones de toneladas de alimentos desperdiciados al año

Hablamos de la cantidad de alimentos que acaban en el cubo de la basura solo en España. En otros países de nuestro entorno tampoco se quedan cortos.

De hecho, nuestro país es el séptimo en el ranking europeo tras el Reino Unido (14,4 millones de toneladas), Alemania (10,3), Holanda (9,4), Francia (9), Polonia, (8,9) e Italia (8,8).

Los hogares, donde más comida se tira a la basura

Quienes más alimentos derrochamos somos cada uno de nosotros en su casa. Lo dicen las estadísticas: el 42% de todo lo que se tira procede de las casas y se trata, en su mayoría, de frutas, verduras, pan, cereales, pastelería, leche, yogures, quesos, pasta, arroces y legumbres.

Según datos de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (HISPACOOP), el desperdicio medio es de 1,3 kg a la semana o 76 kg al año por hogar.

¿Y cómo es que tiramos tanta comida? ¿Tan sobrados vamos? Pues resulta que no: en una encuesta publicada en enero de 2017 por el Ministerio de Agricultura y Pesca Alimentación y Medio Ambiente, el 72% de los consumidores reconoce tirar alimentos ¡por no organizar bien las compras!

De hecho, el 50% adujo que se olvida de congelar ciertos productos que permanecen en la nevera hasta que se echan a perder y un 37% tira sobras, ya sea directamente del plato o tras haber pasado por el frigorífico.

Los fabricantes y los restaurantes también despilfarran

Pero el problema no es solo de particulares: tiene que ver también con cómo nos organizamos como sociedad. Y es que, si el 42% de lo que se tira viene de los hogares, ¿quién está tirando todo lo demás?

Pues bien, el 39% de la comida que acaba en los vertederos son alimentos, trozos de alimentos o descartes que se acaban perdiendo en el proceso de fabricación, y el 5% se pierde durante la distribución.

Aún queda otro colador: el sector de la restauración, que es el responsable del 14% de todo lo que se tira.

Un desperdicio que daña el clima

Como decíamos, aparte de las cuestiones éticas que plantea el hecho de tirar la comida cuando con ella se podría alimentar a personas que pasan hambre, el desperdicio de alimentos ejerce un gran impacto sobre el medio ambiente.

Tirar alimentos comporta una enorme pérdida de recursos naturales: agua, superficie agrícola y energía, aparte de tiempo, dinero y mano de obra.

Así, para producir todos los alimentos que no se acaban consumiendo en el mundo, en un año se habrá necesitado y desperdiciado:

  • 250.000 millones de m3 de agua al año, que equivale al agua necesaria para llenar 100 millones de piscinas olímpicas.
  • 1.400 millones de hectáreas de cultivo, es decir, el 30% de la superficie agrícola mundial.
  • La correspondiente dosis de pesticidas vertidos a esos campos de cultivo en las explotaciones no ecológicas.

Todo ello para producir alimentos que luego son desechados... Y todo este derroche de recursos, además, tiene un coste económico de producción: según se calcula, unos 577.000 millones de euros al año.

Por otro lado, muchos de los alimentos que se desechan acaban en los vertederos, donde su descomposición produce gases, como el metano, que contribuyen al calentamiento global.

De hecho, si la comida no consumida fuese un país, sería el tercer productor mundial de gas de efecto invernadero tras EE.UU. y China, una cifra que no puede dejarnos impasibles.

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