Entrevista a María Gea Brugada

"Tu comida marca el destino de tus genes"

La permeabilidad intestinal es el origen de muchas dolencias. El estrés, la mala alimentación y la contaminación la favorecen. ¿Qué se puede hacer? Nos lo cuenta la Doctora María Gea Brugada, experta en nutrición, micronutrición y fitoterapia.

Gema Salgado
Gema Salgado

Periodista

En España se registran en la actualidad 100.000 pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, tres veces más casos que hace veinte años. María Gea Brugada, médico especialista en cirugía del aparato digestivo, micronutrición y fitoterapia, asegura que esta realidad se puede mejorar haciendo pequeños cambios en nuestros hábitos alimentarios y de vida.

La genética nos marca en un 40% pero el 60% es epigenética: la alimentación, la actividad física, el descanso, el tipo de parto, la lactancia... También influyen los fármacos y tóxicos a los que estamos expuestos y el estrés. Pero la alimentación es la que hace que nuestros genes se expresen en un sentido o en otro, marca nuestro destino genético.

¿Estamos cada día más inflamados? Según la Doctora María Geda Brugada así es.¿Y qué podemos hacer frente a esta inflamación? "Dieta, ejercicio físico moderado y actividades que mejoren nuestra salud emocional y así podamos enfrentar mejor el estrés. Sofrología, Pilates, taichí, meditación… todas ayudan a potenciar el sistema nervioso parasimpático, a disminuir marcadores de inflamación y a sentirnos mejor", nos cuenta.

—En la actualidad nos encontramos cada vez con más casos de permeabilidad intestinal. ¿Qué es exactamente?
—Es cuando una disfunción inflamatoria del intestino delgado produce que se rompan los puentes de proteínas que unen los enterocitos (las células epiteliales) en la barrera epitelial. La separación de estos enterocitos provoca el paso incontrolado de sustancias nocivas, patógenos y toxinas al torrente sanguíneo. Esto conlleva un aumento de los mediadores inflamatorios y contribuye a la hiperpermeabilidad.

—¿Qué síntomas nos pueden llevar a pensar que la padecemos?
—Son muy diversos. La mayoría de personas tienen enfermedad periodontal, dolores articulares, contracturas musculares, migrañas, cansancio extremo. Se levantan cansadas, con falta de ánimo e irritabilidad. Han pasado por el reumatólogo, el traumatólogo... no saben a qué atribuirlo.

"El dolor articular y de cabeza o el cansancio pueden ser síntomas de permeabilidad intestinal"

—¿Y si la permeabilidad avanza?
—Cuando el intestino además de inflamado está permeable, el siguiente paso son las enfermedades autoinmunes. Y el último sería el cáncer. Por medio, por supuesto, tenemos otros síntomas, como acné, dermatitis seborreica…

Las enfermedades autoinmunes más frecuentes son tiroiditis de Hashimoto, lupus eritematoso, artritis reumatoide y cualquier enfermedad neurodegenerativa (alzhéimer, esclerosis múltiple y parkinson). Y dentro de los trastornos emocionales, la depresión, por falta de serotonina, porque justamente el 70% se sintetiza en la microbiota intestinal.

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—Resulta sorprendente que uno de los síntomas sea la enfermedad periodontal…
—Así es, y además es muy importante por su alta prevalencia, porque multiplica por seis el riesgo de infarto de miocardio y aumenta el riesgo de cáncer de páncreas, entre otros. Lo estamos viendo incluso en gente joven, que se manifiesta por sangrado de las encías cuando se cepillan los dientes. Van al dentista y lo trata, pero en la actualidad la mayoría no saben que es una disfunción de la microbiota oral que está relacionada con una disfunción de la microbiota intestinal.

En realidad, es una disfunción de todo el aparato digestivo, pero en cuanto das probióticos específicos para la boca, como el Lactobacillus salivarius, se mejora muchísimo. Disminuye el sangrado de las encías y en dos meses se empieza a ver la diferencia.

—¿Por qué se da la permeabilidad? ¿Es una cuestión alimentaria?
—Se produce por muchas causas. Las digestivas son esenciales: una alimentación rica en azúcares, harinas refinadas, gliadina (la proteína que causa la intolerancia al gluten), comidas procesadas…Es decir, la alimentación que nos marca el tipo de vida que llevamos. También tenemos déficit de enzimas, como pasa en la intolerancia a la lactosa.

Otras causas son las infecciones intestinales, como el Helicobacter pylori, que cada vez es más frecuente, los parásitos intestinales, la candidiasis… Y si nos vamos a la parte extradigestiva, una de las causas de la permeabilidad es la iatrogénica: los antibióticos, la toma de AINES (antiinflamatorios no esteroideos), la quimioterapia. También los tóxicos medioambientales, como bisfenoles, ftalatos, metales pesados…

"Los tóxicos medioambientales como bisfenoles, fTalatos y metales pesados favorecen la permeabilidad".

—¿Y también influye el estrés?
—Mucho, porque causa hipocloridia: el estómago tiene menos ácido clrohídrico y aumenta la posibilidad de tener Helicobacter pylori. También influye la actividad física intensa. Los músculos irradian más calor porque están más vascularizados, pero lo que ocurre es que están robando sangre a otro órgano del cuerpo, al intestino. Entonces se crean zonas de isquemia y zonas de permeabilidad intestinal.

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—¿Qué tipo de alimentación debemos llevar para prevenirlo?
—Sería una dieta con cinco raciones de frutas y verduras al día. Sin abusar mucho de la fruta. Y ser moderados en la ingesta de gluten, de alimentos azucarados, de zumos y de alimentación procesada. En realidad, tendría que ser una dieta con cinco raciones de fruta y verdura al día; tres raciones de legumbres a la semana, como mínimo (más si la persona es vegana); quienes lo toleren, vegetales y verdura crudas, porque alcalinizan más; y tres o cuatro raciones de pescado (las personas no vegetarianas).

—La cantidad de alimento que ingerimos importa, ¿verdad?
—Sí, claro. Está demostrado que si redujéramos en un 30% la ingesta calórica viviríamos más tiempo. Una dieta pobre en calorías hace que se expresen más los genes de la longevidad, ya que se estimulan una serie de sustancias antiinflamatorias. Yo recomiendo tomar como referencia de una ración para cada alimento lo que cabe en la palma de la mano.

—¿Podemos mejorar el problema mejorando la diversidad de la microbiota? ¿Qué cepas son más eficientes para conseguirlo?
—Por supuesto. Aumentando los lactobacilos, las bifidobacterias, y la producción de la flora mucífila, mejoramos muchísimo la salud intestinal y podemos prevenir la inflamación y, de paso, la hiperpermeabilidad. Según el paciente, daremos unas cepas u otras.

—¿Qué debemos tener en cuenta al comprar un probiótico?
—Un criterio de calidad es que tenga más de 10 millones de unidades productoras de bacterias y que nos aseguren que llega al intestino en las mismas condiciones que lo hemos ingerido; es decir, que no se degrade. Y sobre su funcionalidad: que se adhiera al mucus y a las células epiteliales del intestino y que tenga actividad antimicrobiana.

—¿Durante cuánto tiempo hemos de tomarlo?
—Depende, pero si hay un problema intestinal, recomiendo al menos dos meses. Después, o días alternos o un mes cada trimestre, según la patología. Pero deberíamos tomarlo periódicamente.

Refuerza tu pared intestinal

Lo que comemos impacta sobre el intestino. Si no cuidamos nuestra dieta, podemos ir dañándolo poco a poco hasta presentar signos de inflamación. ¿Qué alimentos y suplementos podemos incluir en nuestra dieta para favorecer la función intestinal?

  • Germinados. Las semillas germinadas de cereales y legumbres tienen un alto contenido vitamínico, además de aportar hidratos de carbono, minerales, proteínas, clorofila y enzimas. Por todo ello nutren, depuran y regeneran. Ejercen un efecto prebiótico, ya que fortalecen la microbiota y desinflaman el intestino. Se consumen crudos, en ensaladas o complementando todo tipo de platos.
  • Probióticos. Son microorganismos que se adhieren a la mucosa intestinal, intervienen en la modulación de las células inmunitarias y evitan que se implanten gérmenes patógenos. Se hallan en los alimentos fermentados como el kéfir o el miso. La dosis mínima es de 50.000 millones de microorganismos de varias cepas al día.
  • Psyllium. La cáscara de las semillas de psyllium (Plantago ovata) contiene mucílagos, un tipo de fibra soluble con propiedades antiinflamatorias y laxantes. En contacto con el agua, se hincha y estimula las contracciones rítmicas que empujan las heces por el colon. La dosis recomendada es de 1 a 3 cucharadas de psyllium molido al día en un vaso de agua, zumo o leche.
  • Alga chlorella. Es un alga unicelular de agua dulce muy rica en clorofila. Estimula la regeneración celular, activa la respuesta de los macrófagos y los linfocitos y la producción de interferón, una de las mejores defensas frente a virus y bacterias patógenas. Se toman de 3 a 6 cápsulas diarias con 300-500 mg de alga en polvo.
  • Zumo de aloe. Posee propiedades bactericidas y analgésicas. Es rico en glucomananos, unos polisacáridos inmunoestimulantes, así como en enzimas con propiedades antiinflamatorias. Mejora la absorción de nutrientes, facilita el tránsito intestinal y equilibra la flora intestinal. Lo habitual es tomar 10 ml dos veces al día, disueltos en agua o zumo de frutas.
  • Fructooligo-sacáridos (FOS). Son fibras solubles que se hallan en pequeñas cantidades en la mayoría de frutas y verduras. Constituyen un gran prebiótico que estimula el crecimiento de las bifidobacterias y proporcionan energía a las células de la mucosa intestinal. Se recomiendan de 5 a 10 g al día de FOS.

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