“Muchas personas tendemos a cuidar más de los demás que de nosotros mismos”

Muchos conflictos en las relaciones se resuelven cuando aprendemos a expresar qué sentimos y necesitamos de forma clara y respetuosa según María González Romero, experta en comunicación no violenta.

Maria Gonzalez Romero

¿Tu forma de comunicarte te aleja de las personas que quieres? ¿Te genera tensión? ¿No sabes muchas veces cómo comunicar lo que sientes y te dejas llevar por el enfado o la ira para hacerlo? La Comunicación No Violenta puede ser una gran herramienta para ti, una forma de expresar lo que sientes de forma clara y a la vez cuidadosa, una herramienta que te servirá para todos los ámbitos de tu vida y para siempre (una vez la pongas en práctica).

Puede ayudarte el libro Debajo de las palabras. Cómo la Comunicación No Violenta puede mejorar tu vida (editorial Plataforma Actual) de María González Romero, licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, hija y coordinadora del gabinete de Felipe González durante nueve años, coach ACTP y experta en Comunicación No Violenta

Charlamos con ella para conocer más sobre este paradigma basado en la consideración mutua y en el equilibrio, y una forma de facilitar la colaboración en momentos de conflicto, promoviendo la búsqueda de soluciones productivas.

¿Qué es la Comunicación No Violenta? ¿En qué nos puede beneficiar?

–La CNV es un modelo que promueve la conexión y la comunicación efectiva entre las personas.  Es una forma también de conocerte mejor a ti mismo, en la medida en que le das espacio a analizar cómo te sientes y qué necesitas. A través de unas pautas sencillas de entender, pero que requiere práctica que te salgan de manera fluida, puedes comunicarte apoyándote en este modelo, cada vez que quieras poner un cuidado especial en conversación con alguien. Nos beneficia en la medida en que contribuye a que nos entendamos mejor a nosotros mismos y también a las personas con las que nos relacionamos. 

Marshall Rosenberg es uno de los padres de la CNV, ¿qué podemos encontrar en tu libro si ya hemos leído el suyo? 

–Marshall Rosenberg es quien desarrolló este modelo, que bebe de muchas fuentes. Si alguien quiere conocer el modelo la manera más sencilla de hacerlo es ir al libro de Rosenberg y al de Pilar de la Torre “Fundamentos y prácticas de Comunicación No Violenta”. Mi libro lo que aporta es la experiencia personal de alguien que aprende el modelo y lo pone en práctica. Lo que puedes encontrar en él es un testimonio del proceso de aprender. 

Muchos de nosotros hacemos uso de este tipo de comunicación, que a veces no tiene por qué utilizarse cuando hay enfado, tristeza… 

¿Cómo podemos detectar qué es y qué no es CNV? 

–La clave más evidente, más allá de las señales obvias de una comunicación violenta, es que la persona con la que te estés comunicando se cierre. En el momento en el que eso sucede, ya tienes la señal de que está percibiendo la conversación como “violenta”, y entendemos por violento el juicio, la comparación, el premio o el castigo, el chantaje emocional, el silencio cuando es una manera de castigar al otro o de acallar algo que querrías decir pero no sabes cómo…

–Como bien dices, la CNV requiere de conciencia y práctica. ¿Cómo son esos 4 pasos con los que podemos hacerlo? 

–Los 4 pasos son la descripción de los hechos en formato neutro, sin añadirles ni confundirlos con nuestra opinión, después expresaríamos cómo nos sentimos, a continuación, hablaríamos de la necesidad que está siendo atendida o desatendida en esa situación y, por último, haríamos una petición o bien propondríamos una acción concreta.

¿Cómo debe ser una conversación en clave no violenta? ¿Nos podrías poner un ejemplo?

 –Pues para empezar podríamos desterrar la palabra “debe”, que es una palabra que implica “obligación” y eso está alejado de esta propuesta. Una conversación en clave no violenta entre una pareja que últimamente no hace planes conjuntos podría por ejemplo desarrollarse así:

Escenario A (lo que solemos hacer): “Solo vas a lo tuyo, siempre estás con tus planes y pasas de mí, desde luego así no vamos a ninguna parte”.

Escenario B (la propuesta con CNV): a lo largo de este curso, cada fin de semana has elegido hacer planes con otras personas. Me entristece y también me enfada y me da miedo, porque necesito más cercanía, compartir, charlar sin las prisas de la semana, y me gustaría saber cómo estás con esto que te digo.

¿Qué pasa si en ese caso hay enfado o ira? 

–Pues que son un excelente indicador de que hay alguna necesidad no atendida y que, además, son una manera natural de poner límites ante algo que no nos satisface. El problema no es que haya enfado o ira, sino qué eliges hacer con eso. Cómo lo expresas. Si lo haces con violencia o si eliges hacerlo de un modo cuidadoso contigo y con el otro. No metiendo el enfado bajo la alfombra para hacer como si no estuviera, sino entendiendo de dónde viene, imaginando maneras de hacerte cargo de tu necesidad desatendida que activó ese enfado, para que no dependa sólo de una persona haciendo una cosa concreta, y una vez has hecho eso,  y estás seguro de que puedes cuidar de tu necesidad de muchas formas, entonces vas a hablar “ligero de equipaje”, sin la exigencia de que sea el otro quien atienda eso de una forma determinada, sino abierto a explorar otras formas. 

En el libro introduces un concepto que es el de “irse a la cueva”. ¿Nos podrías explicar más? ¿Por qué nos puede beneficiar? 

–Esa es una idea de mi maestra Pilar de la Torre. Irse a la cueva es un proceso reflexivo que haces para entender y generar opciones. Es como el análisis a toro pasado, de algo que has vivido y no has gestionado como querrías o se ha quedado sin resolver. Entonces, te das un rato de intimidad, para hacer el proceso de los 4 pasos, y evalúas lo que has vivido e imaginas lo que puede haber vivido el otro. Eso te prepara para abordar el asunto después, con más recursos para que la conversación sea fructífera en términos de conexión.

En la CNV es muy importante atender a las necesidades. ¿Cómo saber qué necesitamos y poderlo transmitir? 

–Es una muy buena pregunta porque muchas veces hay dificultad para entender qué necesitamos. Al principio ayuda mucho tener a mano los listados de necesidades que encuentras en cada libro de CNV o en la web de la asociación española de CNV. Tener la lista de necesidades lo hace mucho más sencillo porque al leer las necesidades, la que sea que está activa para ti en ese momento, salta a la vista.

Después de una necesidad viene una petición. ¿Nos cuesta mucho saber pedir (bien)? 

–A muchas personas nos cuesta pedir. Y es muy curioso, porque a casi todo el que le preguntes si le gusta sentirse útil o de ayuda para otro, te dirá que sí. De modo que nos gusta ayudar, pero no pedir. Y al no pedir, en realidad, privamos a los demás del gusto de ayudar… Las peticiones tejen redes de confianza y te ayudan a abordar retos mayores, a recibir ayuda y a que las cosas sean más sencillas.

Poner límites, autocuidarse… son pasos en el camino hacia una Comunicación No Violenta. ¿Por qué? 

–Porque es violento no ofrecerte lo que le das a los demás. Muchas personas tendemos a cuidar más de los demás que de nosotros mismos. Y a veces confundimos los límites o el autocuidado con el egoísmo. Creo que nos toca revisar algunas creencias limitantes con respecto a esas cosas. Hay una metáfora muy gráfica con la máscara de oxígeno del avión que te indican que te pongas en caso de despresurización de la cabina. El autocuidado es parecido. Te tienes que poner esa mascarilla para luego poder ayudar a otros. Si no aprendes a hacerlo es probable que acabes exhausto y con la sensación de que no recibes lo que tú ofreces y que hay desequilibrio.

Dedicas el final del libro al dolor y al duelo. ¿Cómo podemos acompañarlos con ayuda de la CNV? 

–Pues con empatía y escucha y validación de los sentimientos y de las necesidades de la persona a quien acompañas. Lo habitual es querer “hacer algo” para sacar al otro de donde está. Y lo que propone la CNV es ponerse a su lado, estar para él o para ella en la manera en que le venga bien que estés. En silencio, abrazando, en la distancia o sencillamente dejando que exprese cómo se siente. Es difícil encontrar a alguien con el que poder llorar sin que se incomode. Acompañar el dolor, tal y como yo lo veo, va de dejar que el otro experimente y transite lo que está viviendo. Estar allí presente y disponible. 

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