Entrevista a Juan Carlos del Olmo

"Nos estamos quedando solos en el planeta"

El último informe Planeta Vivo de WWF lo deja claro: si queremos sobrevivir, preservar la biodiversidad debe ser una prioridad. La reciente pandemia del COVID-19 es una muestra de ello.

Montse Cano
Montse Cano

Periodista

Cada cierto tiempo World Wild Fund (WWF), organización conservacionista con presencia en más de cien países, actualiza el índice Planeta Vivo: un indicador numérico de la biodiversidad del planeta estudiando la tendencia de miles de especies de vertebrados. En las últimas décadas ha caído en picado.

Este año es decisivo para la biodiversidad del planeta. El Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica ha marcado un ambicioso objetivo para 2030: revertir el declive de como mínimo el 30% de la biodiversidad en la tierra y el océano.

A su vez, la pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia la urgencia de preservar nuestros ecosistemas, pues no hacerlo tiene graves consecuencias para todos.

Para WWF ese ha sido un objetivo desde su fundación. En 1998 publicó por primera vez el Informe Planeta Vivo sobre el estado mundial de la biodiversidad y los recursos naturales, de los que dependemos para sobrevivir.

El último informe Planeta Vivo de WWF, publicado en septiembre, revela cifras alarmantes.

"Nos estamos quedando solos en el planeta. Estamos ejerciendo una presión grandísima sobre la naturaleza y estamos perdiendo la biodiversidad, que es la base de nuestra economía y nuestra salud", nos dice Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España desde 1998.

Hablamos con él para conocer más de cerca la situación actual.

Pandemia y biodiversidad, ¿cuál es la relación?

—A partir del último informe Planeta Vivo, ¿podemos cuantificar la naturaleza que estamos perdiendo?
—El informe aporta datos muy preocupantes. Hemos hecho un estudio exhaustivo a escala mundial y las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces han disminuido un 68% como promedio en menos de medio siglo. Las especies de agua dulce se han reducido en un 84%, según el informe Planeta Vivo. La pérdida de biodiversidad no solo afecta a los animales vertebrados, también a insectos y plantas.

Además, detrás de esta cifra, están las mismas causas que hay tras la aparición de enfermedades de origen animal, como la COVID-19: nuestro sistema de alimentación es insostenible, los bosques desaparecen y la vida salvaje cae víctima del tráfico ilegal.

—¿La pandemia actual está directamente relacionada con el maltrato que damos a la naturaleza?
—Se pueden sacar muchas lecciones de estos meses que hemos vivido. Una es que este tipo de pandemias tienen su origen en la destrucción del medio ambiente y el maltrato a los animales. En concreto la actual pandemia viene por el consumo de animales salvajes en mercados asiáticos. Pero otras anteriores tienen que ver con la destrucción de los bosques tropicales. Cuando los virus están repartidos en muchas especies se diluye su impacto, pero si simplificas ese tipo de bosques entran en contacto con el ser humano.

"Un 75% de las enfermedades que surgen con carácter pandémico son zoonóticas, es decir, vienen del contacto con animales.Cuanto más ahondemos en la destrucción de la naturaleza, más riesgo tendremos de exponernos a ellas."

—¿Hay algún aspecto que anime a ser optimista de cara al futuro?
—Todos los indicadores de biodiversidad mundial van en muy mala dirección, pero también está demostrado que cuando el ser humano se pone manos a la obra a cuidar o restaurar la naturaleza, esta responde muy rápido. La gran esperanza está en la sociedad organizada. Eso no pasaba antes, cuando solo la defendíamos los grupos ecologistas y éramos cuatro. Ahora es el mundo entero: asociaciones de padres, comunidades de vecinos, asociaciones de mujeres, grupos ecologistas, gobiernos, jóvenes, ayuntamientos...

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—¿La esperanza es la gente?
—Ese gran giro global, esa especie de malla colaborativa que se está conectando es como los anticuerpos que el propio planeta está creando para defenderse. En el propio ser humano, que es donde está el problema, está también la solución.

—La naturaleza nos da bienes y servicios vitales que infravaloramos...
—No podemos tener alimentos si no tenemos un suelo rico, humus, agua limpia, pero damos por sentado que lo vamos a tener siempre ahí y no le damos valor. Pero lo que ha demostrado la pandemia es que la naturaleza nos da otros bienes que son vitales para nuestra estabilidad emocional. La diferencia ha sido clara entre quienes han podido pasar el confinamiento con jardín y los que no. Lo primero que hizo la gente fue salir a los entornos naturales, ir con sus niños a embarrarse y buscar hormigas y a correr por ahí.

"Somos parte de la naturaleza, pero en nuestra arrogancia nos consideramos separados."

—Desde WWF siempre nos recordáis a los ciudadanos que activemos nuestro poder como consumidores.
—Es un poder brutal. Hay que transformar dos aspectos clave para cambiar de rumbo: el modelo energético, hacia un modelo más limpio, colaborativo, abierto... y el modelo alimentario, que está detrás de la pérdida de biodiversidad. Ahora llevamos una potente campaña en Europa por la soja importada.

—¿En qué consiste esa campaña?
—Los incendios del Amazonas tiene su origen en la producción de soja para luego engordar cerdos en Burgos, en Lérida o Zaragoza y para la industria de la carne. Tenemos que cambiar a un modelo alimentario que sea sano para la naturaleza y para las personas.

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