Entrevista a Christophe André

"Una persona que está bien no piensa todo el rato en sí misma"

Los libros de Christophe André se convierten rápidamente en un best-seller en Francia. Ahora ha publicado en nuestro país tres obras en las que destaca la importancia de meditar con regularidad, de conquistar la libertad interior y de ser conscientes de nuestra interdependencia.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Periodista y terapeuta gestalt

El psiquiatra y escritor Christophe André es uno de los autores de autoayuda más leídos en Francia y su labor como divulgador de la psiquiatría y la psicología también es bien conocida en España, donde ha publicado recientemente obras como “Tiempo de meditar” (Ed. Kairós) y “Elogio de la interdepencia” (Ed. Kairós) esta última escrita con la psicóloga Rébecca Shankland.

En sus últimas obras publicadas en España, el autor reflexiona sobre la importancia de meditar con regularidad, de conquistar la libertad interior y de ser conscientes de nuestra interdependencia, algo que sin duda el contexto actual de emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto.

“La pandemia es la prueba de nuestra interdependencia a escala mundial, una prueba de la cual podríamos haber prescindido ciertamente así como de la tristeza que sentimos al vernos privados de nuestra vida social habitual. Al final nos han quitado las relaciones sociales que nos nutren y descubrimos que resultan vitales para nosotros”, nos cuenta Christophe André.

“Nos damos cuenta que quedarnos encerrados en casa, incluso estando cómodos y confortables, pudiendo teletrabajar y con distracciones, no tenemos una vida completa y plena. Es una sobredosis de estar encerrado en nosotros mismos. Necesitamos a los demás y los demás de nosotros”, nos explica André que como psiquiatra ha dedicado su vida ayudar a las personas a comprenderse mejor, aunque confiesa que soñaba más bien en ser ingeniero.

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“Cuando estaba en el instituto era bueno en mates y en física y deseaba ser ingeniero, sin embargo leí a Freud durante un curso de filosofía y todo cambió: descubrí la psicología de la cual ignoraba todo –ya que en casa no hablábamos sobre ella– y decidí ser psiquiatra como Freud. Hoy me doy cuenta de que era algo que necesitaba personalmente. Procedo de una familia en la cual había mucho sufrimiento psicológico y yo mismo era una persona enormemente ansiosa. Así que suerte que no soy ingeniero, ¡no me hubiera podido curar a mí mismo!”.

–¿Y cómo vive el hecho de ser considerado uno de los mejores autores de autoayuda en Francia ?
–El hecho de ser famoso da la impresión a las lectores y lectoras que soy alguien muy competente profesionalmente y perfecto a nivel personal. Evidentemente todo resulta mucho más complicado. Simplemente me hace feliz ver que mis libros son útiles a muchas personas. Cada carta de agradecimiento que recibo me llega directamente al corazón. Cada persona que acude para que le dedique un libro y me cuenta cómo mis consejos le han ayudado me produce un inmenso placer. Pero hablamos del éxito con mi amigo Matthieu Ricard y sabemos que todo esto pasa rápidamente, que seremos olvidados dentro pocos años y que no debemos darle demasiada importancia.

“Mi trabajo es escribir libros que expliquen, que ayuden y no vigilar las ventas o verificar que se me reconoce por la calle”.

–Una de sus tareas pioneras fue proponer la práctica del mindfulness en Servicio Hospitalario-Universitario del Hospital Santa Ana de París. ¿Qué ventajas ha tenido esta práctica dentro de un marco hospitalario?
–Sí, fuimos pioneros en Francia. Lo llevamos a cabo desde el año 2004, una época en la que la meditación aún inspiraba desconfianza o despertaba condescendencia. Al ejercer como médico en un servicio universitario de prestigio –fue en este hospital donde los primeros neurolépticos fueron descubiertos y testados en los años 1950– proponer la meditación a nuestros pacientes fue tomado muy en serio por nuestros colegas.

Pensaron: “Si ellos lo hacen, ellos que normalmente trabajan sobre la genética y la neurofarmacología, la meditación también seria”. Esta iniciativa ha ayudado mucho a la difusión de la meditación de conciencia plena en nuestro país.

–¿Cuáles son los beneficios de la meditación como un complemento de la psicología?
–La meditación no es un medicamento ni una psicoterapia, es un estilo de vida. Es un entrenamiento cotidiano de la mente que nos ayuda a tener una mirada tranquilizante y lucida sobre nosotros mismos y el mundo.

Cuando los pacientes están mal, cuando están en el fondo de la depresión o son víctimas del pánico, no les proponemos meditar, sino tomar medicamentos o seguir una terapia. Es cuando empiezan a sentirse mejor que les enseñamos a meditar: es el medio de coger solidez para evitar el riesgo de recaída. La meditación debe convertirse en un hábito como caminar, como contactar regularmente con la naturaleza o seguir una dieta sobre todo rica en vegetales y por tanto antiinflamatoria.

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–¿Y a nivel personal podría explicarme que le ha aportado el hábito de meditar?
–La meditación me ha ayudado claramente a disminuir mi nivel de estrés. Tengo una tendencia ansiosa vinculada a mi perfeccionismo y a mi deseo de hacerlo todo bien, de ser perfecto y de no decepcionar jamás ni como padre, ni como marido, ni como médico, ni como autor… Meditar dejando disolver en la respiración estos pensamientos estresantes y mandatos de ser perfecto me calma y permite reconsiderar cuáles son mis prioridades: responder menos a las pseudo-urgencias impuestas por la vida y dedicarme más a lo que es importante para mí y para los demás.

–Me pregunto si, a pesar de la gran divulgación que se ha realizado de la meditación, sabemos meditar. Usted que ha escrito el libro “Tiempo de meditar” (Ed. Kairós) ¿Podría orientarnos?
–Para descubrir la meditación un buen libro acompañado de un CD o una aplicación en el teléfono puede ser la solución. Nos permite ver si nos gusta o si nos volvemos locos… Y es que hay personas a quienes la meditación y lo que supone –estar inmóvil con los ojos cerrados y observar la experiencia un instante tras otro– no les va nada bien. Entonces es mejor que se dediquen a la práctica del taichí o del yoga, donde la experiencia contemplativa se trabaja a través de las posturas o de los movimientos lentos.

Pero si el descubrimiento ha sido positivo y uno quiere profundizar conviene incorporarse a un grupo de meditación del tipo MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction). Las sesiones semanales de dos horas y media durante ocho semanas junto a 10 o 12 personas bajo la supervisión de un maestro cualificado con ejercicios para hacer en casa da un buena base.

Un pequeño consejo para descubrir el gusto de la meditación: cada vez que tengas ganas de coger tu móvil, tómate primero un momento de respirar calmadamente, para sentir cuál es el estado del cuerpo, cuáles son los pensamientos que circulan por tu mente, para observar alrededor tuyo, escuchar atentamente los sonidos que te rodean… Esta reconexión atenta con la realidad, con las sensaciones internas y las procedentes del mundo exterior, es la esencia de la meditación.

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–Algunas veces la psiquiatría actuar se cuestiona por abusar de los medicamentos. ¿Qué opina? ¿Es también un reflejo de la sociedad actual que buscar más bien soluciones fáciles?
–Los medicamentos son valiosos cuando la gente está ahogándose en el sufrimiento. Pero después, salvo excepciones o enfermedades singulares como la esquizofrenia o la bipolaridad deberíamos poder sustituirlos por una vida más sana: menos estrés, más vínculos afectivos, más paseos por la naturaleza… Nuestra sociedad –y nosotros mismos– buscamos la felicidad sobre pistas falsas: trabajar para poder comprar, acumular, tirar… Ya no tenemos tiempo para cocinar, entonces compramos alimentos procesados, no tenemos tiempo de ir a buscar los niños al colegio y pagamos canguros… Consumimos el tiempo de nuestra vida trabajado y comprando.

–Entonces, ¿cuáles diría que son los males de nuestra época?
–Sin duda el egoísmo y el materialismo. Egoísmo: cada uno piensa para sí, se nos empuja a ser cada vez más eficientes, más narcisistas y más centrados en nosotros mismos. Las redes sociales son una gran mentira, un escaparate donde cada persona muestra una imagen falsa y embellecida de sí mismo. Los estudios lo demuestran: cuanto más visitamos las redes sociales, más ansiedad sufrimos, más insatisfacción y más infelicidad.

Solo las auténticas relaciones sociales nos nutren, algo que no hacen las virtuales. Tampoco competir nos ayuda, sino colaborar. Y después está el materialismo que significa poner las posesiones y el status social por encima de todo en la escala de valores. Consumir en lugar de saborear. Esta es otra gran fuente de insatisfacción existencial y además un herramienta de destrucción del planeta…

Los estudios muestran que meditar nos hace más sensibles a los demás, nos vuelve más empáticos y altruistas y esto nos hace también más ecológicos. Al descentrarnos de nosotros mismos nos permite descubrir los vínculos de interdependencia y nuestras auténticas necesidades.

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–Ha escrito un libro con sus amigos el monje budista Matthieu Ricard y el filósofo Alexandre Jollien un segundo libro “¡Viva la libertad!” (Ed. Arpa). ¿Cultivar la amistad es uno de los secretos del bienestar?
–Una gran parte de nuestros placeres cotidianos procede de la relación con los demás. Cuando estamos con nuestros iguales, nos sentimos bien. Cuando estamos en el resentimiento, la crítica, el conflicto, los celos, el rencor, nos encontramos mal.

Nuestras emociones nos muestran siempre el camino.

El apoyo social –poder contar con los demás para que nos ayuden, nos aconsejen, nos den afecto y estima– es algo muy importante para encontrar el bienestar y disfrutar de una buena autoestima. Es por eso que los egoístas y narcisistas, que no cuentan más que consigo mismos, sufren tan altos niveles de estrés. Matthieu y Alexandre me aportan muchísimo por su bondad y por su sabiduría primero, por su humor y creatividad después; y por su amistad.

–¿Podemos sentirnos felices y libres en un contexto de enfermedad y de tantas limitaciones como el actual?
–No es el momento ideal, es verdad. Pero justamente porque los tiempos son difíciles y complicados tenemos que centrarnos en saborear los pequeños placeres que nos quedan y están a nuestro alcance. Es para esto que sirve la felicidad.

El escritor francés Claudel escribió: “la felicidad no es la fin es el medio de la vida”. Lo que quería decir es que sin la felicidad, sin los pequeños placeres que sentimos regularmente, no encontraríamos la fuerza para afrontar todas las adversidades que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.

–¿La libertad interior implica sentirse bien a pesar de las circunstancias externas?
–En estos tiempos de confinamiento, de toque de queda, de restricción de nuestras libertades de encuentro y movimiento, la libertad interior es bienvenida. Consiste en no dejar que las emociones dolorosas tomen el control de la mente. Cada vez que estamos ansiosos, tristes o enfadados es importante comprender por qué y después calmar la emoción dolorosa para enfocarnos en las buenas soluciones, que no forzosamente son las perfectas e ideales (que la pandemia termine), sino aquellas que dependen de nosotros y que están en nuestra mano como qué puedo hacer que sea agradable y placentero durante estas restricciones.

La meditación nos ayuda a pacificar nuestras emociones sin anularlas y a comprender donde se sitúa lo que los budistas llaman "la acción justa": ¿qué puedo hacer aquí y ahora que representa el principio de la solución del problema?

–¿Qué nos impide dejar atrás el ego, el yo?
–Hay dos esfuerzos a realizar. Primero no estar siempre centrado en uno mismo, nuestros intereses y nuestra imagen. Sabemos que cuando un ser humano está bien no piensa en él constantemente. La medicina define la salud como “el silencio de los órganos”. Pues bien, la salud mental es el silencio del ego. El ego es como el motor de la nevera de la cocina: debe funcionar sin ruido.

No obstante, hay que ocuparse de uno mismo y ser compasivo con uno mismo, no descuidarse, no maltratarse exigiéndose excesivamente o con autocríticas feroces después de nuestros fracasos. Si me ocupo correctamente de mí, podré olvidarme y dirigirme fácilmente hacia lo que es verdaderamente interesante: los demás y el mundo. Si mi ego sufre, entonces será ruidoso y acaparará toda mi atención: el sufrimiento nos repliega sobre nosotros mismos mientras que la felicidad nos abre al mundo.

–¿Qué consejos nos daría para liberarnos de nuestros infiernos interiores? ¿Tal vez dejar de perseguir la felicidad constantemente?
–Sí, la obsesión por la felicidad es contraproducente. Se trata de vivir mejor, en conciencia plena, estar presente en nuestras acciones, saborear los pequeños momentos agradables, enfocarse hacia aquello que tiene sentido para nosotros. Dar, compartir, hacer lo mejor que podamos, cultivar nuestros valores, aceptar la vida, aunque sea complicado a veces, aceptar que la vida es complicada, difícil… Pero atravesar todo esto sonriendo, y la felicidad vendrá regularmente a visitarnos.

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