El oficio de vivir bien

Desapego: evitar el deseo excesivo

Gaspar Hernández

A veces, anhelamos tanto algo que esa misma ansia nos bloquea y nos impide alcanzarlo. La alternativa no es renunciar, sino cultivar el desapego.

Creemos que si deseamos algo, lo lograremos. Y que si lo deseamos aún más, con ahínco, tenemos más posibilidades de alcanzar una meta, superar un reto o estar con una persona.

Asociamos un logro a las virtudes clásicas del trabajo duro, el empeño, la constancia, incluso la lucha. Sin embargo, esta creencia no siempre nos lleva a buen puerto. Porque, a menudo, nos pasamos de la raya.

El deseo excesivo suele ser un freno.

No sabemos por qué se nos escapa de las manos la relación que deseamos tanto, o el trabajo por el que tanto hemos sudado. Y decimos que la vida es injusta, que nos merecemos lo que deseamos.

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El psiquiatra David R. Hawkins descubrió que el deseo excesivo es un obstáculo mientras buscaba un apartamento en la Quinta Avenida de Nueva York. Cuando casi desistió –y liberó su deseo de la negatividad del apego–, el apartamento apareció en su vida casi por arte de magia.

Cuenta la anécdota en el libro Dejar ir (El grano de mostaza), en el que a partir de su experiencia personal propone usar el perdón y el "dejar ir" para mantener la paz mental y la alegría.

Hawkings explica que desear significa literalmente “yo no tengo”. En otras palabras, si decimos que deseamos algo, estamos diciendo que no es nuestro y, así, explica el psiquiatra, “ponemos una distancia psíquica entre nosotros y lo que queremos”.

Esta distancia, para empezar, se convierte en un obstáculo que consume energía. El ansia, según el doctor Hawkins, bloquea la recepción y produce el miedo a no conseguirlo.

Se recomienda un cierto desapego.

El filósofo Alan Watts afirmó: “Solo puedes conseguir algo cuando descubres que no lo necesitas. Solo puedes obtenerlo cuando no lo quieres”. Resulta una paradoja, pero así suele suceder.

Eso no quiere decir que no debamos esforzarnos por lograr lo que queremos. Pero sí hacerlo sin un deseo excesivo que nos frene y, sobre todo, sin lucha. Según Hawkins, la lucha produce un bloqueo. Para él, el secreto reside en “entregar la emoción del deseo” para poder alcanzar un estado de mayor libertad y fluidez.

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Eso tampoco significa no tener metas: “Entregamos la emoción del deseo y, a cambio, simplemente, elegimos la meta, la visualizamos amorosamente y permitimos que suceda porque vemos que ya es nuestra”.

Hemos de identificar los objetivos, incluso anotarlos, y luego soltar el deseo de conseguirlos. Se trata, de nuevo, de cultivar el desapego. No renunciamos a la intención por el logro, pero sí al interés por el resultado.

Todas las tradiciones espirituales han hecho hincapié en esta ley del desapego, que dice que para obtener cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella.

Dinero llama a dinero. En esta época de crisis quizá conocemos a alguien que ha logrado dinero cuando ya parecía haber tirado la toalla.

La Biblia dice: “Al que tiene se le dará”. La tradición zen lo resume con la siguiente frase, a modo de koan, es decir, sin sentido lógico: “Si tienes un bastón, te daré uno. Si no lo tienes, te lo quitaré”.

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