Gestación subrogada: los efectos psicológicos en la madre y el bebé

Afrontar la separación de su bebé tendrá consecuencias psicológicas para la madre que subroga. Desde el punto de vista del recién nacido es una agresión injustificable éticamente: es previsible que sufra secuelas psíquicas y dificultades con los vínculos afectivos.

gestacion subrogada
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La gestación subrogada supone que el bebé es gestado por una mujer que no lo va a criar y que, a cambio, recibe un ingreso económico. Esta práctica está de actualidad porque el Tribunal Supremo se ha pronunciado al respecto y ha considerado que los vientres de alquiler entrañan un daño y una explotación inaceptables para la madre y el bebé. Se considera así desde el Supremo que estos contratos de gestación subrogada conciben a bebés y mujeres como "simples mercancías".

En este artículo te explicamos cuáles son las secuelas psicológicas de la gestación subrogada el para bebé y madre. Más allá de los sentimientos de los padres y de la ética del "negocio", no podemos pasar por alto todo lo que implica para el recién nacido, los riesgos y los graves efectos psicológicos.

Efectos psicológicos para los bebés de la gestación subrogada

Tabula rasa. La idea de que los recién nacidos son como una tabla de cera en la que todo está por escribir es muy antigua, ya lo pensó Aristóteles. De hecho, durante siglos los científicos de la época, es decir, los filósofos, debatían al respecto de si al nacer el ser humano posee algún tipo de conocimiento o no.

El tema se zanjó definitivamente en el siglo XX con el desarrollo de la tecnología que permitió comprender el desarrollo embriológico y ver las reacciones de los bebés a diferentes estímulos desde momentos muy tempranos del embarazo.

Ahora sabemos que hay respuesta a la sensación dolorosa desde la semana 25 del embarazo, respuesta visual y preferencia por caras humanas desde la semana 26 y capacidad auditiva similar, y respuesta olfativa clara desde la semana 29.

Los bebés perciben lo que siente su madre

Los bebés en el útero perciben su ambiente y les afecta, enormemente, todo lo que vive y siente la madre.

Los estudios además han confirmado lo que se llama “teoría de programación fetal”, es decir, que durante algunos momentos del embarazo hay sistemas biológicos del bebé que quedan “programados” para dar una respuesta de por vida a un tipo de ambiente externo.

La construcción de la psique comienza en el embarazo, con el vínculo prenatal, y el neurodesarrollo del bebé está muy condicionado por el estado emocional de la madre, más aún si consume alcohol, tabaco u otros tóxicos.

Todos estos estudios e investigaciones confirman efectivamente que lo que se vive en el útero deja una huella que durará de por vida y que en muchos aspectos condicionará la salud física y emocional. Es decir, que el bebé y su cuerpo recuerdan la vida intrauterina.

Efectos de la separación bebé-madre

Lo mismo podemos decir del nacimiento: cada vez es mayor la evidencia que demuestra como ese viaje que supone salir del vientre materno queda profundamente grabado en la psique y en el cuerpo.

Toda una serie de mecanismos neurohormonales hacen que nada más nacer los bebés esperen encontrarse con su madre, reconocerla, olerla, mirarla a los ojos, e idealmente, iniciar la lactancia.

Condiciona en muchos aspectos su desarrollo cerebral lo que vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días. Deja una huella muy importante en su vida psíquica. Por todo ello, cuando hablamos de gestación subrogada, es imprescindible ponernos en la piel del bebé y hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo le afecta al bebé lo que viva y sienta la gestante?
  • ¿Cómo le afectará ser separado de su madre nada más nacer y despedirse de ella definitivamente?

El bebé gestado por subrogación, al igual que todos los de nuestra especie, espera encontrarse al nacer con la mujer que le ha gestado y que para él es su única madre. Espera ser amado y criado por ella.

La herida primal: el trauma de la separación

Ser separado de la madre nada más nacer y probablemente no volverla a ver suponen un trauma y una pérdida enormes: equivalentes a que su madre muera en el parto.

“Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”

Esta frase del neonatólogo Nils Bergman, investigador referente a nivel mundial, sintetiza muy bien toda la evidencia científica actual que demuestra lo doloroso que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer.

Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves, obviamente, cuanto más prolongada es la separación. Precisamente por toda esa evidencia, sólo situaciones de cierta gravedad médica justifican esa separación inmediata.

Es lo que llamamos la herida primal. Muchos de los niños que han sido adoptados sufrieron esas separaciones tempranas y traumáticas de la madre lo que a veces favorece trastornos del vínculo o alteraciones muy graves de la conducta en la infancia o adolescencia que pueden ser muy difíciles de tratar: suelen ser precisos años de terapias.

La herida psíquica de perder una madre

La gestación subrogada supone infringir una herida psíquica enorme a un recién nacido: separarle de la madre que lo gestó, y mantener la separación.

Además, se programa el parto o se realiza una cesárea en la mayoría de los casos, para favorecer que estén presentes los padres que han “contratado” la subrogación.

El bebé no se va a beneficiar de un parto espontáneo, no va a tener piel con piel con la madre, no va ser a amamantado…Supone toda una suma de pérdidas con muchos riesgos y posibles efectos adversos en la salud a muy largo plazo.

La memoria corporal no se podrá borrar, las sensaciones del embarazo y la ausencia de esa madre que le gestó perdurará de por vida

Desde el punto de vista del recién nacido la subrogación no solo es una agresión injustificable éticamente, además, es arriesgado y previsible que algunos de estos bebés puedan sufrir secuelas psíquicas y dificultades para los vínculos afectivos el resto de sus vidas.

Efectos psicológicos de la gestación subrogada en la madre

Cada embarazo conlleva una profunda transformación cerebral que es, además, irreversible, durará toda la vida de la mujer. La neuroplasticidad es máxima durante la gestación: se crean nuevas neuronas, otras se eliminan y otras migran.

Las madres tenemos en nuestro cerebro células de todos los hijos que hemos gestado

Suceden cosas todavía incomprensibles para los científicos, como lo que se llama microquimerismos: células madre del feto que pasan a la sangre de la madre y, algunas de ellas, se instalan en su cerebro de por vida.

El embarazo cambia el cerebro de la madre

Durante la gestación se modifica para siempre la estructura cerebral de la madre, cambian especialmente las regiones implicadas en las relaciones sociales.

El cerebro se vuelve más y más emocional conforme avanza el embarazo: las gestantes van afinando su capacidad de discriminar estados emocionales en otras personas, van agudizando su intuición.

Ese estado de hipersensibilidad emocional e hipervigilancia se caracteriza por el “ensimismamiento‏ transitorio” que se incrementa en las últimas semanas del embarazo y que cede semanas después del nacimiento.

El psiquiatra Donald Winnicott (1896-1971), pionero en el estudio de la psique maternal, ya describió como esa alta sensibilidad emocional era necesaria para que la madre pudiera ponerse en el lugar del bebé y ocuparse de sus cuidados.

Todos estos cambios suceden por esa importantísima razón:

  • Garantizar que las mujeres puedan desarrollar la conducta maternal tras el parto
  • Asegurar que puedan cuidar a su bebé con placer y disfrute durante, al menos, los primeros años de vida
  • Permitir que establezcan un vínculo sano y duradero con sus hijos

El cerebro maternal es un sistema perfeccionado a lo largo de millones de años de evolución que ha permitido el desarrollo de la inteligencia de nuestra especie.

Todos estos cambios también suponen una vulnerabilidad, y la realidad de los trastornos mentales perinatales que sufren muchas mujeres en embarazo y posparto está ahí.

Más allá de las motivaciones y el contexto social (probablemente situaciones de pobreza que hagan que la subrogación sea casi la única manera de garantizar unos ingresos para sostener la crianza de los hijos previos, por ejemplo), hay que comprender todo lo que gestar un hijo para otros puede conllevar a corto y largo plazo.

Los riesgos para la salud de la madre

Hay que nombrar todas las posibles complicaciones del embarazo desde el punto de vista físico:

  • Las pérdidas tempranas o tardías
  • La prematuridad
  • Los riesgos para la salud de la madre: gestar un hijo que genéticamente no es propio supone un mayor riesgo de complicaciones graves como la preeclampsia

Y en el parto, en el caso de la gestación subrogada, muchos veces se va a programar o realizar una cesárea programada sin causa médica, sólo para hacer coincidir el nacimiento del bebé con la presencia de los que han contratado la subrogación y que viajan de lejos.

Ese parto inducido o cesárea programada pone en mayor peligro la vida de las madres. Alguno de esos partos se complicará por culpa de esas intervenciones innecesarias: habrá hemorragias, histerectomías o, incluso, muertes maternas.

Los riesgos psicológicos para la madre

Por otra parte, desde el punto de vista psíquico la situación puede ser especialmente compleja. Por más que una mujer decida o pretenda no vincularse con el bebé que gesta para prevenir el duelo posterior, la biología va a seguir su curso y los cambios cerebrales no se pueden evitar. Es decir, la vinculación es inevitable.

Aunque es probable que, ante el horizonte de tener que separarse de su bebé tras el parto, se haga un esfuerzo psíquico por no vincularse con él, es posible que se tenga un ánimo bajo o incluso depresión durante el embarazo, algo que sabemos afecta profundamente al bebé en gestación.

Todo ello puede, además, favorecer un consumo de alcohol u otros tóxicos por parte de la gestante, algo que puede ser indetectable pero que dañará igualmente al desarrollo del bebé.

El tener que afrontar la separación del bebe nada más nacer sitúa el cerebro de la madre gestante en una situación muy estudiada en las mamíferas:

La máxima agresividad se da si nada más nacer las madres son separadas del recién nacido

Es difícil imaginar cómo tiene que ser ese posparto, sin bebé y con el cerebro “puérpero”.

Afrontar la pérdida: depresión y estrés postraumático

Un duelo por la pérdida del bebé gestado es tremendamente difícil por más que la mujer intente prepararse para el mismo, ya que por contrato no cabe echarse atrás.

Es seguro que un porcentaje importante de madres sufrirán depresiones posparto que, en estos casos, afectarán sí o sí a sus otros hijos. Depresiones en las que también influirá desde el punto de vista biológico y psicológico el no poder amamantar y tener que tomar medicación para suprimir la lactancia.

Otras tendrán un trastorno de estrés postraumático tras el parto que sin tratamiento puede durar años y afectar a toda su vida sexual, a la relación con los profesionales sanitarios, etc.

Un pequeño porcentaje de madre tendrá la complicación más grave de todas: la psicosis puerperal.

Si en países como el Reino Unido una de las causas más frecuentes de muerte materna en el año que sigue al parto es el suicidio, ¿qué sucederá en estos países más pobres con las madres que gestan por subrogación?

¿Cómo será para ellas el año que sigue al parto? ¿Y el resto de sus vidas? ¿Y cuáles las consecuencias para sus otros hijos?

Si la salud mental perinatal recibe una atención tan insuficiente en nuestro entorno es fácil suponer que en países como Ucrania (destino favorito en la actualidad para las familias españolas que se plantean la subrogación) será nula.

Es poco o nada probable que las mujeres que opten por gestar un bebé de otros en esos entornos sean informadas de los riesgos a los que se enfrentan, especialmente desde el punto de vista psíquico.

Su salud mental estará en juego de por vida, pero probablemente no lo sepan ni nadie se lo diga.

Adopción vs subrogación

Hay una mayoría de niños adoptados que crecen saludablemente y sin secuelas del abandono inicial, pero también hay una minoría que sí tiene dificultades muy severas y graves trastornos de conducta, independientemente de cuánto les quieran y cuiden sus familias adoptivas.

Pero la adopción y la subrogación son dos situaciones muy diferentes. El abandono o rechazo que precede al proceso de adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) abandonen o no se hagan cargo de su bebé, es algo que, al hijo-a “le pasa”. Por el contrario, que alguien decida gestar un bebé en el vientre de una madre de la que le separarán nada más nacer es algo que “le hacen”.

En el primer caso, adopción, la familia adoptiva repara ese daño aceptando y queriendo al bebé.

En el segundo, subrogación, es la propia familia la que decide hacer pasar al bebé por ese embarazo y parto con separación posterior negando el daño que todo eso puede causar, poniendo por encima su presunto derecho a ser padres.

Al bebé le afectará enormemente cómo viva psicológicamente la gestante el embarazo. Es difícil imaginar lo que pueda vivir un bebé gestado por una mujer que lo hace por su situación de pobreza.

Incluso en los casos de gestación “altruista” como Canadá hay gestantes que expresan “disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal”. ¿Quién puede pensar que eso no afecta al desarrollo del bebé?

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