Convivir con el dolor

Cómo afrontar el dolor crónico

Dra. Carme Valls-Llobet

El dolor se introduce en la vida de las mujeres de una forma lenta y pertinaz. Las causas suelen ser múltiples, y para tratarlo es necesario un diagnóstico individualizado.

A cualquier edad, el primer motivo de consulta en atención primaria es el dolor en el sistema músculo-esquelético (en la columna cervical, dorsal y lumbar, en las articulaciones, en las manos y los pies...).

Aunque se pueda pensar que las enfermedades reumáticas, como la osteoartritis o la artrosis, se presentan en personas mayores de 50 años, las enfermedades autoinmunes y las del tejido conjuntivo afectan a personas jóvenes y predominantemente del sexo femenino.

Sea en la columna, en las articulaciones o en la masa muscular, el dolor está presente en la vida de un 33% de la población femenina; es dos veces más elevado entre las mujeres que entre los hombres, y su prevalencia aumenta con la edad a partir de los 45 años.

El dolor de las mujeres: silenciado e invisible

La historia de las mujeres ha sido invisible y silenciada durante siglos y, con la misma intensidad, el dolor que han sentido en su organismo ha sido silenciado e invisible.

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El dolor femenino ¿es diferente?

El dolor se ha encarnado en el propio cuerpo, capa tras capa:

  • A través de los abusos y agresiones psíquicas, físicas y sexuales en la infancia;
  • A través del “cuerpo trabajado” desde los nueve años;
  • A través de unas condiciones ergonómicas de trabajo que torturan con la monótona repetición de movimientos;
  • A través de una represión emocional que contrae la musculatura del trapecio hasta producir cambios en los discos vertebrales;
  • A través del sesgo de género en la investigación médica del dolor crónico, que ha producido una falta de ciencia en el diagnóstico diferencial de las enfermedades biológicas que pueden causar dolor.

También han contribuido la falta de escucha de los síntomas de las mujeres o el tratamiento precipitado con psicofármacos que silencia la queja y el profundo malestar.

El diagnóstico del dolor ha de ser encarado individualmente, deshaciendo las capas una a una. En cualquier caso, es fundamental que las asociaciones de mujeres y las redes de profesionales sanitarios colaboren y se potencien mutuamente para iniciar la curación del dolor capa a capa, en orden inverso a como han ido entrando en el organismo.

Las consecuencias del dolor: el ciclo del estrés físico y mental

Los doctores Marianne Frankenhaueser y Ulf Lundberg, del instituto Karolinska en Suecia, han demostrado que es el estrés mental y los trabajos con un componente emocional son precisamente los que pueden producir más alteraciones por contracturas de la musculatura.

Las situaciones de trabajo excesivo, sin periodos de descanso ni relajación, obligan a mantener constantes los niveles hormonales de adaptación: cortisol, epinefrina, norepinefrina. El nivel de estas hormonas aumenta al salir el sol, disminuye por la tarde y tiene su punto más bajo por la noche. En situaciones de estrés, los niveles nocturnos no disminuyen, lo que conduce a la rotura del equilibrio de los ritmos circadianos.

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La doble jornada de muchas mujeres, con un aumento de las tareas después de las cinco de la tarde, hora a la que las hormonas del estrés empezarían a declinar, contribuye a la alteración del ritmo de sueño y, consecuentemente, al incremento del dolor o las contracturas en los días siguientes, lo que obliga a un incremento del consumo de analgésicos. Con los años, esta situación contribuye de forma directa al dolor crónico.

Las consecuencias son. entre otras enfermedades y alteraciones:

  • En primer lugar, una alteración de las fases del sueño y de la profundidad del descanso nocturno, lo que produce la sensación de cansancio matutino, como si las horas de sueño no hubieran servido para nada.
  • Alteraciones en el ritmo de las deposiciones y del corazón: taquicardias o arritmias.
  • En ocasiones, un incremento de la sensación de ansiedad y angustia.
  • Un incremento de la contractura muscular, con aumento de dolor en las zonas cervical, dorsal y lumbar.
  • Dolor y artrosis en la columna vertebral, rodillas, pies, manos y hombros.
  • El síndrome del túnel carpiano.

Causas del dolor crónico

El dolor más agudo puede desencadenarse a raíz de una intervención quirúrgica, un accidente o la muerte o enfermedad grave de un familiar, pero anida en un cuerpo que ya había sentido dolor y lo había ocultado. Este enmascaramiento acaba provocando síntomas a distancia, ya que todo el cuerpo tiende a compensarlo.

Entre las causas se combinan, a buen seguro, aspectos psicológicos, biológicos, sociales y medioambientales.

Existen muchas enfermedades que sufren más las mujeres que los hombres. Son trastornos que acaban causando dolor crónico, dolor que podría evitarse si se detectaran a tiempo. Entre ellas destacan:

Artritis reumatoide

  • Es la causa más común de artritis inflamatoria crónica.
  • Afecta a un 1-2% de la población.
  • Un 75% de los pacientes son mujeres.
  • El pico más alto de incidencia se produce de los 20 a los 40 años.
  • Aunque el dolor puede producir deformaciones en manos y extremidades, es posible que las molestias musculares aparezcan años antes.

Síndrome de Sjögren o Síndrome Seco

  • Se denomina así porque, además de dolor articular y muscular, existe sequedad de mucosas en boca y ojos.
  • Se estima que el 1% de la población padece esta enfermedad poco diagnosticada.

Lupus eritematoso sistémico

  • Es una enfermedad multisistémica caracterizada por la presencia de autoanticuerpos múltiples.
  • Es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, con una relación de 9 a 1.

Desplegar estrategias de prevención es vital.

Artrosis por malas condiciones ergonómicas

  • Los trabajos repetitivos y monótonos que afectan constantemente a las articulaciones o en los que hay que estar de pie muchas horas en posturas forzadas producen alteraciones en la columna vertebral, las articulaciones, las extremidades inferiores y los pies.
  • A largo plazo, puede desencadenarse una artrosis de cadera.
  • Si hay alteraciones del metabolismo de la vitamina D y del calcio, algo que puede ocurrir a partir de los 50 años, las artrosis se agrava.

Miopatías endocrinas

  • Las enfermedades endocrinológicas pueden afectar a la musculatura periférica, causando dolor y afectación muscular.
  • Dada la alta prevalencia de enfermedades de tiroides en las mujeres, debería descartarse sistemáticamente que la miopatía hipotiroidea o hipertiroidea sea la causa del dolor.

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Síndrome muscular por tóxicos

Las sustancias químicas ambientales en el trabajo o en el medio ambiente, sean pesticidas o disolventes, pueden producir:

  • Afectaciones del sistema nervioso central y la placa muscular.
  • Problemas en el sistema respiratorio y en las funciones neuropsicológicas.
  • Alteraciones hipotalámicas.
  • Incremento de enfermedades autoinmunes.
  • Exceso de estrógenos que causa alteraciones del ciclo menstrual.

Osteoporosis

  • Se han descrito casos en los que la osteoporosis va acompañada de dolor en la musculatura.
  • Esta reducción de la masa o densidad ósea se acompaña de un deterioro de la arquitectura del esqueleto, lo que aumenta el riesgo de fracturas.
  • En algunas mujeres, la densidad ósea puede disminuir bruscamente después de la menopausia, pero muchas jóvenes también la tienen por efecto del tabaco o el uso de anticonceptivos durante años.

Polimialgia reumática (artritis temporal)

  • Se caracteriza por el dolor y rigidez de la columna cervical, la parte superior de la espalda y la cadera.
  • Los pacientes tienen una rigidez matutina característica y después de estar sentados durante un tiempo.
  • La artritis va acompañada, entre otros, de dolores de cabeza, trastornos visuales, dolor de garganta y, en ocasiones, fiebre de origen desconocido.

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Fibromialgia

  • Es una enfermedad que afecta a un 3% de la población. Puede comprometer la vida personal, social y laboral del paciente.
  • ¿Cómo diagnosticar correctamente la fibromialgia? El diagnóstico es eminentemente clínico (basado en datos y síntomas); no existe una prueba específica. Pero antes de aceptarlo deberían descartarse otras enfermedades como las enumeradas, que producen dolor muscular generalizado además de otra sintomatología.
  • Algunas evidencias parecen indicar un origen genético o tóxico en la fibromialgia. En un 70% de los casos se ha comprobado la exposición laboral a sustancias tóxicas en el ambiente.
  • La investigación, en colaboración con las asociaciones de personas afectadas, debe ir encaminada a desarrollar una medicina basada en la evidencia, que tenga en cuenta los factores biológicos, psicológicos, sociales y medioambientales del dolor y se proponga identificarlos.

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