Salir del bucle

Personas que viven en la queja: ¿te afecta su negatividad?

Las personas que constantemente se están quejando esparcen su negatividad por todas partes, afectando a quienes están a su alrededor. Si no tienen intención de cambiar, la mejor solución es mantener una distancia de seguridad con ellas.

Seguro que conoces a alguna persona que constantemente se está quejando. Parece que siempre tiene algún problema o que todo lo malo le pasa a ella. Cuando llega a una reunión, incluso da la impresión de que el ambiente se enrarece y la sala se vuelve más oscura, como si una niebla invisible la acompañase. Estamos ante lo que muchos llaman una "persona tóxica".

En principio, estas personas no tienen mala intención en su proceder, tampoco son los maltratadores que hemos visto en otros artículos. Sin embargo, su negatividad acaba afectando a las personas que conviven o pasan mucho tiempo con ellas.

Son personas que aportan poco o nada, absorben tu energía y terminan arrastrándote a su forma de ver el mundo. El primer paso para evitar el efecto negativo de estas personas es detectarlas para poder poner distancia y evitar su toxicidad. Para ello, he recopilado una serie de características, basándome en la experiencia de mi consulta.

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Cómo detectar a personas que te arrastran a la negatividad

Marina me habló en una de sus sesiones en mi consulta de una amiga de toda la vida a la que comenzaba a identificar como tóxica. Le daba la impresión de que su amiga se “alimentaba de problemas”. Incluso si estaban disfrutando de unas tranquilas vacaciones, siempre se las apañaba para provocar alguna dificultad y terminar discutiendo con cualquiera. ¿Alguien a tu alrededor está ejerciendo este efecto sobre ti? A continuación te doy algunas claves para detectar a este tipo de personas.

  • Nunca están contentas

Siempre tienen algún motivo de queja. Incluso teniendo una vida acomodada y sin problemas, siempre encuentran algún detalle por el que protestar.

  • Siempre se muestran negativas

Siempre ven el lado negativo de las cosas. Incluso en las mejores situaciones detectan un lado nocivo. No son capaces de disfrutar de nada porque magnifican esa parte oscura y no pueden ver la luminosa.

  • La culpa es de los otros

Nunca se responsabilizan de lo que hacen. Echan la culpa de todo a los demás.

  • No hay diálogo posible

Si en algún momento se busca dialogar con ellas para tratar de solucionar un malentendido, esto nunca es posible. Se cierran ante cualquier intento de comunicación para solucionar el problema. La conversación acaba derivando en nuevas discusiones que vuelven a traer los reproches y las culpabilizaciones habituales.

  • Solo cuentan ellas

Para estas personas solo es válido su punto de vista. No son capaces de empatizar con las otras personas o flexibilizar su postura.

  • Les das oportunidades, pero siempre fallan

Por tu parte, intentas darles siempre una nueva oportunidad para arreglar las cosas y, aunque al principio parece que pueden mejorar, al final acaban por volver a sus mismos mecanismos de siempre y te hacen sentir mal.

  • Memoria de hechos antiguos

En cualquier discusión siempre sacan a la luz algún fallo o alguna mala palabra que les haya podido molestar, incluso aunque se la dijeras décadas atrás. En lugar de centrarse en buscar soluciones, se regodean en el pasado negativo.

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Qué hacer si esa persona no logra cambiar

Obviamente, estas personas tienen sus propios problemas personales y actúan de esta forma movidas por sus propias carencias. Siempre podemos tratar de ayudarles. Sin embargo, si ellas no reconocen su problema y no se esfuerzan por cambiar, los demás tampoco pueden hacer nada por ellas.

En esta circunstancia se encontraba Marina. Le había dado infinidad de oportunidades a su amiga y, aunque, al principio, parecía que todo iba bien, progresivamente, la situación iba degenerando y la negatividad y la toxicidad volvían a apoderarse de todo.

Tras comprobar que no había cambio posible, la única solución para Marina fue poner distancia con su amiga y marcar bien los límites de lo que quería o no quería hacer con ella. No podía obligarla a cambiar, ni tampoco podía permanecer mucho tiempo con ella, porque terminaba envuelta en sus discusiones y en los problemas que provocaba.

Al distanciarse de esta amiga tan tóxica, Marina ganó calidad de vida. Al quedar menos con ella, pudo comenzar a pasar más tiempo con otras amigas con las que cada pequeño percance no significaba el inicio de una bronca descomunal.

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