Mascotas terapéuticas

Vivir con un perro ayuda a sanar las emociones

La experiencia de amor incondicional que ofrecen los perros puede ayudar a las personas que no se sintieron amadas durante su infancia a sanar sus bloqueos y a reparar sus profundas heridas.

Muchas personas que han vivido una infancia marcada por el abandono, desconocen lo que realmente supone recibir el apoyo y el cuidado sincero de un ser querido. Tras años de soledad, encuentran en sus perros la ayuda terapéutica necesaria para poder sentir y comprender lo que significa el verdadero amor incondicional.

Por qué tener perro ayuda a sanar las emociones

La mayoría de los problemas emocionales de la vida adulta vienen ocasionados por malas experiencias sufridas en la infancia. No haberse sentido queridos o no haber recibido el amor incondicional que todos los niños necesitan, implica que los adultos arrastren carencias y busquen formas poco saludables de reparar el daño sufrido.

Tras estas experiencias de desamparo, algunas personas pueden caer en adicciones (drogas, alcohol, compras, comida, juego, etc.), depresión, enfermedades somáticas, etc. o, incluso, engancharse a personas tóxicas que, a cambio de pequeñas muestras de cariño que nunca son sinceras, les chantajean y manipulan.

Los beneficios para la salud emocional de tener un compañero canino son cuantiosos. En concreto, la convivencia con perros puede ayudar a sanar bloqueos y a reparar profundas heridas emocionales arrastradas desde la infancia:

  • El perro nos demuestra un amor incondicional

Un perro no pretende manipular ni chantajear. El amor que ofrece a su familia es completamente incondicional, libre de otras motivaciones secundarias. Incluso cuando los humanos no son atentos con ellos, los perros no guardan rencor y siempre están dispuestos a dar su cariño.

Esta experiencia de amor incondicional es justo la que los bebés y los niños necesitan para crecer sanos y equilibrados, es la base de un apego seguro que les ayudará a prevenir futuros problemas emocionales Por ello, aunque muchos adultos no lo hayan experimentado en sus infancias y arrastren las carencias que he comentado anteriormente, vivir con un perro puede proporcionar ese modelo de amor incondicional, tan necesario para sanar.

  • El cariño del perro puede transformar el cerebro

Gracias a la plasticidad cerebral, los nuevos inputs caninos estimulan las vías de la oxitocina, la paz y el bienestar y ayudan a recablear el cerebro, haciendo madurar aquellas áreas que no pudieron hacerlo por la falta del estímulo amoroso adecuado. Sin importar la edad, cualquier persona puede beneficiarse de esta conexión terapéutica.

El mero hecho de mirar y acariciar a tu perro, al volver a casa tras una larga jornada de trabajo, reduce el estrés y aumenta la sensación de relajación.

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Tener perro puede ser de ayuda en caso de depresión

En la experiencia desde mi consulta, muchas personas me han comentado, con lágrimas en los ojos, que hasta que no convivieron con su perro, nunca antes habían sentido ni recibido amor incondicional. Este es el caso de Paula, una joven que acudió a terapia aquejada de depresión y de problemas para socializar.

Al acudir a mi consulta, Paula se sentía triste y sola. Hacía tiempo que no se hablaba con sus padres, quienes la habían pegado y maltratado de pequeña, y acababa de romper la relación con una pareja abusiva.

En el plano emocional, Paula se sentía devastada, no se valoraba ni se amaba, pensaba que era una persona que “no merecía la pena”.

Comenzamos la terapia. Dio la casualidad de que un día Paula me llamó muy azorada porque su vecina había tenido un accidente y la había pedido que la ayudara a pasear a su perrita. Conociendo los enormes beneficios que la amistad con un perro podía aportarle, la animé a hacerse cargo de ella.

Durante el tiempo que duró la convalecencia de su vecina, Paula estableció una sincera amistad con la perra.

La paseaba, la cuidaba en su casa, la mimaba y, tal y como me contó asombrada, comenzó a sentir lo que era recibir cariño “del bueno”. Me decía: "Cuando voy a recogerla, siempre está esperando feliz, meneando la colita. Nunca nadie me había dado tantos besitos en mi vida".

En terapia, además de sanar su pasado, trabajamos con las nuevas sensaciones que le aportaba el amor incondicional de su nueva amiga. De esta forma, Paula pudo reconstruir su autoestima, elaborar una autoimagen positiva y salir de su estado depresivo.

Tiempo después de finalizar su terapia, Paula me escribió feliz. Había adoptado dos perritas en la protectora y las tres habían formado una bonita familia. Además, su vecina y ella se habían hecho grandes amigas y, a diario, las cinco paseaban juntas.

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